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¿Fue Borneo una colonia española? El mito que acabó en los tribunales

Un contrato firmado en 1878 sobre un territorio de Borneo terminó en los tribunales españoles más de un siglo después. Detrás del litigio se esconde una controvertida cuestión histórica: ¿formó realmente Sabah parte de la colonia española de Filipinas?

Creado: 24.08.2026

Actualizado: 20.08.2026

En 2019, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid se declaró competente para resolver un conflicto internacional entre los herederos del sultán de Joló y el Estado de Malasia. La disputa tenía su origen en un contrato de arrendamiento firmado en 1878 sobre Sabah, un territorio situado en el norte de la isla de Borneo y rico en recursos petrolíferos. El arbitraje concluyó con un laudo que condenó a Malasia al pago de 14.920 millones de dólares en concepto de indemnización, aunque posteriormente el Estado malasio logró que fuera anulado.

El caso planteaba una pregunta sorprendente: ¿por qué intervino la justicia española en un litigio sobre un territorio situado en Borneo?

La respuesta residía en una premisa asumida por los jueces españoles: que, cuando se firmó el contrato de 1878, Sabah formaba parte de la colonia española de Filipinas. Pero ¿era realmente así?

Borneo antes de Sandokán

Para varias generaciones de españoles, pronunciar el nombre de Borneo significa pensar inmediatamente en Sandokán, el legendario «Tigre de Malasia» creado por el escritor italiano Emilio Salgari a finales del siglo XIX. Sus novelas popularizaron una imagen romántica del sudeste asiático, poblada por aventureros, piratas y selvas impenetrables.

Salgari, E. (2009). Sandokan (Historias Selección). Zeta Bolsillo.

Sin embargo, mucho antes de que Salgari convirtiera Borneo en un escenario literario, la isla ya ocupaba un lugar destacado en el imaginario colonial español. Situada al sur del archipiélago filipino, los gobernadores generales de Manila la consideraban parte de su esfera de influencia.

Tras la conquista de Filipinas en la segunda mitad del siglo XVI, España consolidó su dominio sobre Luzón, donde se encontraba Manila, y sobre las islas Bisayas. Más al sur, el mar de Joló se convirtió en la frontera meridional del Imperio, una región marcada por la inestabilidad y por los continuos enfrentamientos con los denominados «moros», cuyas actividades marítimas eran calificadas por las autoridades españolas como piratería.

El sultanato de Joló dominaba este espacio y mantenía vínculos políticos con el norte de Borneo. Durante buena parte de la Edad Moderna, España fue incapaz de someterlo militarmente. En consecuencia, recurrió con frecuencia a la negociación diplomática y firmó tratados de paz y amistad en los que el sultán era reconocido como un gobernante con capacidad para negociar en pie de igualdad.

Murillo, P. Carta Hydrographica y Chorographica de las Yslas Filipinas (1734). Fuente: Biblioteca Nacional de España

Solo en el siglo XIX, aprovechando el debilitamiento del sultanato y el nuevo contexto de expansión colonial europea, Madrid trató de reforzar su influencia y presentar a Joló como una entidad políticamente dependiente.

Sin embargo, ese cambio de estrategia no supuso automáticamente la incorporación de todos los territorios vinculados al sultanato al Imperio español. Por un lado, el sultán nunca aceptó plenamente la subordinación que España pretendía imponer tras sus campañas militares. Por otro, la creciente presencia de las potencias europeas en Borneo limitó considerablemente las aspiraciones españolas.

El Archipiélago filipino y las islas Marianas, Carolinas y Palaos. Su Historia, Geografía y Estadística. Fuente: Montero Vidal. Madrid, Imprenta de Manuel Tello (1886).

La carrera colonial por Borneo

La apertura comercial de China y Japón cambió por completo el equilibrio de poder en Asia. Reino Unido, Francia y los Países Bajos aceleraron su expansión colonial, mientras España luchaba por mantener unas Filipinas cada vez más difíciles de defender.

Aprovechando esa debilidad, empresarios británicos comenzaron a instalarse en el norte de Borneo y a desarrollar allí sus actividades comerciales. Durante la segunda mitad del siglo XIX, su presencia se fue consolidando en Sarawak y Sabah, territorios que quedaron progresivamente vinculados a los intereses británicos. Fue precisamente en Sabah donde, en 1878, empresarios británicos suscribieron con el sultán de Joló un contrato de arrendamiento que, más de un siglo después, acabaría desencadenando el arbitraje internacional entre los herederos del sultán de Joló y el Estado de Malasia.

La creciente presencia británica no pasó inadvertida para España. Protestó porque consideraba que el norte de Borneo se encontraba bajo su soberanía y veía la expansión británica como una amenaza para la seguridad de Filipinas.

Pero una cosa era reivindicar la soberanía sobre el territorio y otra muy distinta ejercerla de manera efectiva. El norte de Borneo nunca fue administrado como una colonia española: no hubo gobernadores, ni instituciones, ni una organización política similar a la existente en Filipinas. Prueba de ello es que el Gobierno español ni siquiera respaldó el proyecto del misionero Carlos Cuarteroni para establecer misiones en el norte de Borneo. Cuando este solicitó apoyo oficial, Madrid prefirió no comprometerse para evitar un conflicto diplomático con el Reino Unido.

Esa contradicción define bien la política española. Mientras desde Madrid se defendían unos supuestos derechos sobre el norte de Borneo, las autoridades coloniales evitaban cualquier actuación que pudiera provocar un enfrentamiento con las grandes potencias. La prioridad era clara: proteger Filipinas, no abrir un nuevo frente por un territorio considerado periférico.

Esa realidad quedó reflejada en el Tratado de Madrid de 1885, firmado por España, el Reino Unido y Alemania. En él, España aceptó no presentar reclamaciones sobre el norte de Borneo, mientras las otras potencias reconocían a las islas al norte de Borneo dentro de las Filipinas españolas.

Más que renunciar a un territorio propio, el tratado confirmó una situación que llevaba años siendo evidente: para el Gobierno español, Borneo nunca fue una prioridad.

España y Portugal para uso de las escuelas. Fuente: José P. Morales. Madrid (1877).

Cuando un estereotipo llega a los tribunales

Pese a que España jamás ejerció una soberanía efectiva sobre el norte de Borneo, la estrecha relación entre España y el sultanato de Joló acabó interpretándose como una prueba de soberanía sobre todos los dominios del sultán. Esa idea fue repitiéndose durante generaciones y acabó convirtiéndose en una verdad asumida.

Sorprendentemente, esa interpretación también alcanzó el ámbito judicial.

La decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de declararse competente partía de la existencia de un vínculo histórico entre España y el norte de Borneo. Sin embargo, esa interpretación no coincide con la documentación de la época. El análisis de las fuentes primarias revela que los propios tribunales españoles del siglo XIX rechazaron conocer asuntos relativos al norte de Borneo al entender que escapaban a la jurisdicción española.

Repensar el Pacífico español

El caso de Borneo es mucho más que una disputa sobre un territorio lejano. Invita a revisar algunos de los tópicos con los que tradicionalmente se ha explicado la presencia española en Asia y el Pacífico.

Durante mucho tiempo se ha difundido la imagen de un inmenso imperio sometido de forma uniforme a la autoridad de la Monarquía española. Sin embargo, los documentos conservados en los archivos dibujan una realidad mucho más compleja: fronteras cambiantes, alianzas diplomáticas, zonas de influencia y espacios donde la soberanía se negociaba continuamente.

Los propios gobernadores de Filipinas eran conscientes de esa complejidad. En sus informes distinguían con claridad entre las aspiraciones de la Corona y el control efectivo que realmente ejercían sobre el territorio.

Con el paso del tiempo, esa visión matizada se fue perdiendo y dio paso a una interpretación mucho más simplificada. El arbitraje sobre Sabah demuestra que esas simplificaciones no son una cuestión menor. Las interpretaciones del pasado pueden acabar influyendo en decisiones con importantes consecuencias jurídicas y políticas. Por eso, volver a las fuentes no es solo un ejercicio académico: es la mejor forma de comprender el presente y evitar que los mitos acaben fundamentando decisiones jurídicas.

Para saber más

Este artículo es una versión divulgativa de:

Manzano Cosano, D. (2026). Diplomatic Claims and Imperial Realities: Spain and Northern Borneo in the Nineteenth Century. The International History Review, 1–13. https://doi.org/10.1080/07075332.2026.2638845
David Manzano Cosano

David Manzano Cosano

Doctor en Ciencias Políticas y Jurídicas (UPO, 2023) y Doctor en Historia Contemporánea (UCM, 2015)

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