EL REVÉS DE LA ESCRITURA: MUJERES DOBLEMENTE OLVIDADAS
Muchas escritoras han sido silenciadas a lo largo de la Historia. Es justo recuperar su memoria de las aguas del mítico río Leteo. Pero dentro de este colectivo se encuentran otras mujeres doblemente olvidadas por intereses o prejuicios ajenos a su obra literaria. Además de por su condición de mujer, el origen y sus posicionamientos sociales o políticos tuvieron como consecuencia un doble y rotundo silencio. Su rescate es una recuperación de nuestro pasado como sociedad. Visibilizar varios exponentes de mujeres escritoras de ambos hemisferios entre los siglos XVII y XX, conduce a valorar su vida y obra como referentes sociales y como un recobrado legado colectivo. Patrimonio cultural del presente, pues como reflexionara la filósofa veleña María Zambrano, somos lo que fuimos. Y sin ellas, permaneceríamos huérfanos.
Un ejemplo individual de la Hispanoamérica del siglo XVII, otro colectivo de las ilustradas españolas del Setecientos, un par de paradigmas del siglo XIX americano y español, y una muestra del XX peninsular con vocación indiana, proporcionan referentes de escritoras que sufren un doble abandono y exigen un merecido reconocimiento de sus biografías y producción intelectual. Las historias de vida y los contextos se entretejen y dan como resultado unas trayectorias y obras pioneras, cuando no directamente transgresoras para su época. Motivos más que suficientes para acreditar su mérito en el conjunto de la sociedad de su tiempo. Muchas fueron eclipsadas a pesar de su pertenencia a grupos sociales privilegiados, debido al temor masculino a quedar opacados por su talento e inteligencia.

Cabrera c. 1750, óleo sobre tela, Museo Nacional de Historia de México.
Dominio público.
EL SIGLOS XVII EN LA NUEVA ESPAÑA DESDE UN REIVINDICATIVO CONVENTO
Escribió el premio Nobel y Cervantes Octavio Paz, que una sociedad no solo se mide por su actitud ante el futuro sino frente al pasado. Y lo escribió tan cualificado mexicano en un libro sobre la novohispana sor Juana Inés de la Cruz. Polifacética y notable monja, que bien pudiera establecer una relación de vidas paralelas con la justamente afamada abulense santa Teresa de Jesús. Monja proto feminista de allende el Atlántico a finales del siglo XVII, sus escritos en prosa defendían la capacidad pública de la mujer y los muchos obstáculos que encontraba su genio creador. A pesar de ello, como autodidacta, enumeraba las muchas mujeres que en el transcurso de la Historia habían contribuido desde el intelecto a la mejora de las sociedades.
Declaraba abiertamente que sus escritos no lo eran en daño ni perjuicio de nadie, pues además de ser necesariamente privados, no había contado con la dirección de maestro alguno. Esta carta al padre Antonio Núñez (1681-1682), revela a un mismo tiempo prudencia y satisfacción, pues pudo sustraerse de apropiación masculina ajena como sucedía por entonces en el arte. Artista de la palabra tanto en prosa reivindicativa e irónica, como en verso culto y barroco. El convento no fue un muro interpuesto a su desarrollo cultural, al contrario, fue un refugio que se lo permitió. De tener un mayor acceso a los foros del virreinato, qué proyección hubiera tenido su obra. Considerable sin duda por su acervo intelectual, perspicacia y elegante valentía personal. No se achicaba con la crítica, más bien le servía de estímulo, manifiesto en sus cartas de respuesta a dignidades eclesiásticas.

de la artista.
EL SIGLO XVIII, ILUSTRADAS Y ESPAÑOLAS
Incurrimos en el olvido, o peor cometemos el error, de destacar a las ilustradas francesas e inglesas, que tanto aportaron a las primeras fases de reivindicación de las mujeres en los espacios de sociabilidad, mientras nos desmarcamos de los muchos ejemplos de españolas que desde su formación difundieron el espíritu de las Luces dieciochescas. Un conjunto de ilustradas españolas, traductoras y pedagogas, fueron cima de la Ilustración hispánica. Entre ellas, la malagueña María Rosa de Gálvez, entusiasta traductora y prolífica autora. Su obra es de una modernidad temática significativa, lo cual la convierte en clave de la Ilustración no solo en femenino, sino global, social.
Su rescate visibiliza el papel de una mujer señera de la Ilustración española tardía, recupera la relevancia de un personaje de la celebérrima familia de los Gálvez de Macharaviaya. Poner en valor su obra de escritora, de plena vigencia, resulta fundamental. Esta poeta y dramaturga del neoclasicismo y del primer romanticismo, además de pionera, trató temas de actualidad desde una crítica inteligente y con perspectiva de género. No se conserva retrato de ella, lo cual es consecuencia de su olvido, pero tenemos un bello cuadro idealizado obra de Larisa Sarria que nos permite recuperar su imagen para acudir a su palabra. Tras la muerte de su tío, el todopoderoso ministro de Indias José de Gálvez en 1787, individuos de la Corte se referían a ella como “la Gálvez”, nos cuenta Manuel Godoy. Rencillas cortesanas que habían esparcido rumores en su contra, impotentes ante su notable producción literaria bajo el amparo del Príncipe de la Paz.
Por su parte, Josefa Amar y Borbón fue la primera mujer que ingresó en la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País (1782). Cinco años después, lo hizo en la Junta de Damas de Honor y Mérito de Madrid. Es una figura eje también, entre tantas. Defendió, como un eslabón más, la capacidad de las mujeres, sin eludir la controversia. En parte soslayada por su origen elitista. En su “Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres” (1786), se reconocen las redes familiares, pues además de sus lecturas, tenía conocimiento por su hermano el virrey neogranadino Antonio José. Nos dice Josefa que, si las mujeres recibiesen la misma educación que los hombres, lo harían igual o mejor que ellos, pues disfrutan de iguales aptitudes para la formación. En todo tiempo se habían demostrado ser capaces en las ciencias y demás artes.

plaza de la Merced, donde vivió. Fotografía del autor.
Muchas podrían citarse, por ejemplo, la IX duquesa de Osuna, la poetisa gaditana María Gertrudis de Hore o la traductora María Romero. Pero en esta ocasión es fundamental Inés Joyes y su “Apología de las Mujeres” (1798), en forma de carta a sus hijas. Madrileña de origen irlandés, pero asentada en Málaga, traductora de Samuel Johnson, pedagoga y por encima de todo reivindicativa de las capacidades de las mujeres. En la carta postrera de la traducción, protestaba contra el papel subalterno de las mujeres y ensalzaba apasionadamente sus potencialidades. Desde lo más alto de un monte les aconsejaba: “Oíd mujeres, les diría, no os apoquéis […] usad las luces que el Creador os dio; a vosotras, si queréis, se podrá deber la reforma de las costumbres, que sin vosotras nunca llegará; respetaos a vosotras mismas y os respetarán”. El género epistolar era un medio de comunicación usual en la centuria, considerado práctica de riesgo entre las muchachas, pues podían cartearse con sus novios, según nos recordaba Emilia Pardo Bazán.

contiene su Apología de las mujeres (1798). Biblioteca Nacional de
España. Dominio público.
EL SIGLO XIX: REBELDÍAS AMERICANA Y ESPAÑOLA
La peruana de origen Flora Tristán, sobrina del último virrey interino del Perú Pío Tristán, fue una mujer singular. Sus viajes y pensamientos la sitúan desde una visión cosmopolita, reflexiva y crítica. Su obra destila admiración por la libertad y empoderamiento de las féminas de su patria natal. En “Peregrinaciones de una paria”, reconoce a las tapadas limeñas como símbolo y fuerza emancipadora. Escribió que no había ningún lugar del mundo sobre la tierra donde las mujeres fueran más libres y ejercieran mayor poder que en Lima. Reinaban exclusivamente, de ellas procedía cualquier impulso, afirmaba con rotundidad la autora que había vivido en París gracias a un Grand Tour decimonónico.
Y en España, Josefina de Comerford McCrohan de Sales, como tantas extranjeras avecindadas y ya plenamente españolas. La ceutí fue una ferviente realista, y sería ocultada por dicha causa. Representa el reverso de la granadina Mariana Pineda. Su aventurera vida bravía adelantada a su tiempo, quedó negro sobre blanco gracias a Pérez Galdós, Pío Baroja o Letamendi, pero más que desde la comprensión de su postura en contexto, desde la sentencia inculpatoria de fanatismo.
MARÍA DE MAEZTU Y LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
En la centuria pasada también tenemos a dos mujeres de signo distinto, una María Zambrano, de mayor y justa memoria. Otra, María de Maeztu. Ambas víctimas de un exilio político fruto de la Guerra Civil de 1936-1939. Pensadora y pedagoga. María era hermana de Ramiro de Maeztu, autor de “Defensa de la Hispanidad”, fusilado por los republicanos al inicio de la contienda fratricida en Aravaca (Madrid). Este hecho, seguramente, condicionó su rumbo ideológico hacia posturas tradicionales, si bien alejadas del franquismo en ciernes. Antes de tan trágico suceso o punto de inflexión, su trayectoria se distinguió por su gran labor educativa y cultural. Impulsó la educación superior de la mujer y su activa participación social y política. Humanista y modernizadora, se declaraba feminista, pero de pensamiento conservador. Ejerció de primera directora de la Residencia de Señoritas, por influencia de la célebre Residencia de Estudiantes, y contribuyó con otras muchas instituciones, siendo fundadora del Lyceum Club Femenino, dimensión que la guerra truncó.

College, universidad privada femenina estadounidense en Northamton
(Massachusetts).»Honorary Degree of Law, LL.D» (1919). Dominio público.
Vinculada a la Generación de 1914 (Novecentismo), se exilió a Argentina, si bien ya había recorrido el continente. Viajera entre ambas orillas del Atlántico, ya no encontró hueco definitivo en ninguna. En un artículo periodístico titulado “La mujer y la cultura” (1941), apuntaba que existía una contradicción continuada entre lo que es la mujer en la realidad histórica de la vida y como se representa en la novela, desde una parcialidad evidente. Recordaba así la crítica de Joyes sobre la mujer como deidad de la belleza y su repudio intelectual por parte de los hombres. Reclamaba, en fin, el papel rector que merecían las mujeres en la historia y en la ficción. De la pedagogía de vanguardia primera a su dedicación final al ensayo histórico, su obra completa debe ser recuperada incluyendo los recursos didácticos que elaboró. Todas ellas merecen ser rescatadas del olvido gracias a descubrir el velo de la verdad o Aletheia.
REFERENCIAS
- Amar y Borbón, J. (2010). Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres. Linkgua.
- Bolufer Peruga, M. (2008). La vida y la escritura en el siglo XVIII. Inés Joyes: Apología de las mujeres. Universidad de Valencia.
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- Chauca García, J. (2024). En servicio de ambas majestades. La traductora María Romero y el arreglo de las Cartas de una Peruana como censura ilustrada hispana. En E. de Lorenzo Álvarez y R. Olay Valdés (Eds.), La censura en la España del siglo XVIII. Nuevas aproximaciones (pp. 299-311). IFESXVIII / Ediciones Trea.
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- Gálvez, M.ª R. (1804). Obras. 3 vols. Imprenta Real.
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- Joyes y Blake, I. (1798). El príncipe de Abisinia. Imprenta de Sancha.
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- Maeztu, M.ª de (1941). Historia de la cultura europea. Editorial Juventud Argentina.
- Maeztu, M.ª de (1964). Antología – Siglo XX. Prosistas españoles. Semblanzas y comentarios. Austral.
- Maeztu, M.ª de (2020). Feminismo, literatura y exilio. Renacimiento.
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- Paz, O. (1982). Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. Seix Barral.
- Tristán, F. (2003). Peregrinaciones de una paria. UNMSM / Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.
- Zambrano, M. (2014). El exilio como patria. Anthropos.




