Bajo las tranquilas aguas del mar de Mármara se esconde una de las fallas tectónicas más peligrosas del planeta. En abril de 2025, esa amenaza volvió a hacerse sentir: un terremoto de magnitud 6,2 sacudió la región frente a la costa de Estambul, el más fuerte registrado allí en más de seis décadas. Aunque el seísmo no fue devastador, un nuevo estudio publicado en la revista Science advierte de algo más: los terremotos en la Falla de Mármara se están desplazando progresivamente hacia el este, más cerca de Estambul.
La investigación, liderada por la geofísica Patricia Martínez-Garzón, del Centro Alemán de Investigación de Geociencias (GFZ Helmholtz Centre for Geosciences) y profesora de la Universidad RWTH de Aquisgrán, ha analizado casi veinte años de datos sísmicos. Sus conclusiones dibujan un escenario algo inquietante para la megaciudad turca, hogar de más de 18 millones de personas.
Una falla “silenciosa”… pero cargada de energía
La Falla de Mármara forma parte de la Zona de Falla de Anatolia Norte, el límite tectónico donde la placa anatolia se desliza respecto a la euroasiática. A lo largo de esta extensa fractura se han producido grandes terremotos durante siglos. Sin embargo, hay un detalle clave: el tramo situado justo al sur de Estambul no ha generado un gran terremoto desde 1766.
Los registros históricos de los últimos 2.300 años indican que en esta región los grandes terremotos (de magnitud superior a 7) se repiten, de media, cada 250 años. Ese “reloj sísmico” sugiere que la Falla de Mármara se encuentra cerca de la fase final de su ciclo sísmico, y que tiene acumulada una enorme cantidad de energía tectónica.
Pero la falla no es uniforme. En su parte occidental, bajo el centro del mar de Mármara, los bloques de roca se deslizan parcialmente entre sí en un proceso conocido como creep. Allí solo se almacena aproximadamente la mitad de la energía tectónica. En cambio, más cerca de Estambul la falla está completamente bloqueada, lo que permite que la tensión se acumule sin liberarse… hasta que lo haga de forma brusca.
Terremotos que “avanzan” hacia el este
El equipo internacional de investigadores analizó la secuencia sísmica de los últimos 15 años y detectó un posible patrón: los terremotos de magnitud superior a 5 han ido activándose progresivamente de oeste a este. Esto comenzó cerca de la ciudad de Tekirdağ, donde dos terremotos moderados en 2011 y 2012 sacudieron la parte de la falla que se desliza letnamente (creep). Posteriormente, el terremoto de Silivri de 2019 (magnitud 5,8) rompió una zona que había permanecido relativamente tranquila. Finalmente, el seísmo de abril de 2025 amplió aún más esa ruptura hacia el este, acercándose al segmento completamente bloqueado situado frente a Estambul.
Además, tanto el terremoto de 2019 como el de 2025 mostraron un patrón asimétrico de réplicas, concentradas sobre todo hacia el este. Este detalle es clave: indica que la redistribución de tensiones tras los terremotos está empujando el sistema hacia la zona más bloqueada, y por tanto peligrosa de la falla.
Una señal preocupante en los datos
Los científicos también analizaron el llamado valor sísmico b, un parámetro que indica la proporción entre terremotos pequeños y grandes. En el caso del terremoto de 2025, este valor continuó persistentemente bajo después del terremoto principal, lo que sugiere que la falla continua teniendo mucho esfuerzo acumulado.
El peligro de la directividad sísmica
El estudio revela otro factor inquietante: la forma en que se propagan las ondas sísmicas. El terremoto de abril de 2025 liberó energía de manera preferente hacia el este, generando sacudidas más intensas en esa dirección. Este fenómeno, conocido como directividad sísmica, ya se ha observado en terremotos anteriores de la región.
¿Qué significa esto? Que si un futuro gran terremoto se propaga de oeste a este —como sugieren los eventos recientes— Estambul podría experimentar movimientos del suelo especialmente intensos. Si el terremoto se originara justo al sur de Estambul, en el segmento completamente bloqueado de las Islas Príncipe, el riesgo sísmico seguiría siendo muy alto debido a la corta distancia a la metrópoli.
¿Dónde podría comenzar el próximo gran seísmo?
Según el análisis, solo queda una franja de unos 15 a 20 kilómetros de longitud a lo largo de la falla que permanece actualmente sísmicamente tranquila. Curiosamente, el terremoto de 2019 también comenzó en una zona aparentemente “silenciosa” previamente al terremoto.
Esto lleva a los investigadores a una conclusión: ese segmento tranquilo podría ser el punto de partida del próximo terremoto moderado o fuerte, o incluso actuar como precursor de un evento mayor.
¿Cómo vigilar el fondo del mar para ganar segundos?
Ante este escenario, los autores subrayan la importancia crucial del monitoreo sísmico en tiempo real. Bajo el mar de Mármara opera desde 2015 el observatorio GONAF, una red de estaciones de sondeo de alta precisión que ha permitido obtener el modelo más detallado hasta ahora de la deformación de la falla.
A esto se sumará el proyecto SAFAtor, un innovador projecto que utilizará cables de fibra óptica submarinos como sensores sísmicos y de deformación.
Un eficaz sistema de alerta temprana permitiría utilizar de la mejor manera segundos vitales para detener trenes, cerrar infraestructuras críticas y activar protocolos de emergencia antes de que lleguen las ondas más destructivas. Además, el monitoreo de la sismicidad a tiempo real, puede dar posibilidades a detectar con suficiente antelación posibles terremotos precursores.
La ciencia no puede predecir exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto en Estambul. Pero estudios como éste permiten entender mejor dónde se acumula la tensión y cómo evoluciona el peligro.
Financiación:
La profesora Patricia Martínez-Garzón y Sebastián Núnez-Jara reciben financiación de la ERC Starting Grant QUAKEHUNTER (101076119). GONAF forma parte de la iniciativa «Observatorio del Límite de Placas» del GFZ y fue cofinanciado por autoridades alemanas, turcas y estadounidenses, así como por el Programa Internacional de Perforación Científica Continental (ICDP), con sede en el GFZ de Potsdam.
Estudio original:
P. Martínez-Garzón et al., Ruptura progresiva hacia el este de la Falla Principal de Mármara hacia Estambul, Science 10.1126/science.adz0072 (2025).
El texto de este artículo está basado en un pase de prensa dirigido por Uta Defke (Departamento de Prensa del GFZ):





