La diabetes tipo 2 es hoy una de las principales amenazas para la salud global. Afecta a cientos de millones de personas y su incidencia sigue en aumento, impulsada por el sedentarismo, el exceso de peso y una alimentación de baja calidad nutricional. Frente a este desafío, la ciencia busca estrategias efectivas que no solo reduzcan el riesgo de enfermedad, sino que además contribuyan a preservar los recursos naturales. En ese contexto, surge la Dieta de Salud Planetaria, un modelo alimentario diseñado para proteger tanto la salud humana como la sostenibilidad del planeta.
Nuestro estudio, publicado recientemente en Cardiovascular Diabetology, evaluó si adherirse de manera consistente a este patrón alimentario se asociaba con un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Para ello, se analizaron los hábitos alimentarios y la salud de más de 112.000 adultos británicos durante casi una década.
Los resultados fueron consistentes: quienes mantenían una mayor adherencia a la Dieta de Salud Planetaria presentaba un 43 % menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con los que tenían una adherencia reducida. A continuación, se presentan las claves de este trabajo y su relevancia para la salud pública y el futuro de la alimentación sostenible.
Una dieta pensada para el ser humano y el planeta
La Dieta de Salud Planetaria fue propuesta por la Comisión EAT-Lancet en 2019 como una respuesta a dos crisis interrelacionadas: la sanitaria y la ambiental. Este patrón alimentario promueve una alta ingesta de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, junto con una moderada cantidad de pescado y lácteos, y una muy limitada presencia de carnes rojas, productos procesados y azúcares añadidos. Su propósito es equilibrar la nutrición humana con los límites ecológicos del planeta, garantizando un suministro de alimentos sostenible para las generaciones futuras.
En nuestro trabajo se aplicó el Índice de Dieta de Salud Planetaria (Planetary Health Diet Index, PHDI), una herramienta que evalúa el grado de cumplimiento de estas recomendaciones mediante una puntuación cuyo rango oscila entre 0 y 130. Cada grupo de alimentos recibe un puntaje en función de su consumo: las frutas o verduras, por ejemplo, suman puntos a medida que se acercan al rango recomendado, mientras que el exceso de carne roja/procesada o azúcares los resta. Esta metodología permitió evaluar con precisión cómo se traduce la adherencia a este patrón en la salud metabólica a largo plazo.

Cómo se desarrolló el estudio
El análisis se realizó dentro de la cohorte del UK Biobank, una base de datos de salud que incluye a más de medio millón de voluntarios del Reino Unido. De ellos, 112.032 personas sin diagnóstico previo de diabetes tipo 2 ni enfermedad cardiovascular y con más de dos medidas de dieta fueron seleccionadas para el seguimiento. Los participantes tenían entre 40 y 69 años al inicio del estudio y aportaron información detallada sobre su dieta, su estilo de vida y su salud general.
A cada persona se le calcularon puntuaciones no solo para el PHDI, sino también para otros modelos dietéticos reconocidos, como la dieta mediterránea (aMED), la dieta DASH, el Índice de Alimentación Saludable Alternativo (AHEI-2010) y el índice de dieta basada en plantas saludables (hPDI).
Los participantes fueron seguidos durante una mediana de 9,4 años, durante los cuales se registraron 2.666 nuevos casos de diabetes tipo 2. Los análisis estadísticos fueron ajustados por múltiples factores que pueden influir en la asociación dieta-enfermedad, entre los cuales se encontraban: la edad, el sexo, el nivel educativo, el consumo de alcohol, el hábito tabáquico, la actividad física y el índice de masa corporal (IMC). Este enfoque permitió observar el impacto de la dieta planetaria sobre el riesgo de diabetes con independencia de la influencia del resto de factores.
Principales hallazgos y su interpretación
Los resultados mostraron una asociación clara y consistente entre la adherencia al PHDI y un menor riesgo de diabetes tipo 2. En comparación con las personas con menor adherencia a este patrón dietético, quienes se encontraban en el grupo de mayor cumplimiento presentaron un 43 % menor riesgo relativo de desarrollar la enfermedad. Incluso tras ajustar por el IMC, el efecto se mantuvo significativo, con una disminución del riesgo del 28 %. Esto sugiere que parte del beneficio de la dieta se explica por un peso corporal adecuado, pero no exclusivamente.
Asimismo, observamos que la magnitud del efecto era comparable o superior a la de otros patrones saludables. El patrón de dieta DASH mostró una disminución del 42 %, el AHEI-2010 del 41 %, el hPDI del 36 % y el mediterráneo del 30 %. Este hallazgo es relevante porque remarca que existen varias formas de alimentación saludable con efectos similares sobre el metabolismo, lo que permite adaptarlas a distintos contextos culturales o preferencias personales.

Los alimentos que marcan la diferencia
Al analizar los componentes individuales de la Dieta de Salud Planetaria, se observó que varios grupos de alimentos podrían ejercer un papel clave en la asociación observada. Un elevado consumo de verduras y hortalizas, una ingesta moderada de pescado, así como un consumo reducido de carne roja o procesada, grasas saturadas/trans y azúcares añadidos se asoció con una disminución significativa del riesgo de diabetes tipo 2.
Estos resultados confirman que la calidad de los alimentos es tan importante como su cantidad. Las verduras, legumbres y cereales integrales aportan fibra, vitaminas y compuestos bioactivos que pueden contribuir a mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la inflamación. Al mismo tiempo, limitar la carne procesada y los azúcares añadidos puede contribuir a un mejor control glucémico y a un perfil metabólico más saludable. El patrón dietético completo, y no un único alimento, es el que determina el efecto protector.
Posibles mecanismos biológicos
El vínculo entre una alimentación basada en plantas y un menor riesgo de diabetes se puede explicar por diversos mecanismos fisiológicos. Se ha observado que las dietas ricas en fibra mejoran el control glucémico y la sensibilidad a la insulina, el proceso mediante el cual las células utilizan la glucosa de forma eficiente. Además, la ingesta reducida de azúcares añadidos, y grasas saturadas y trans, junto con un consumo elevado de compuestos antioxidantes y antiinflamatorios presentes en alimentos como las frutas, verduras y frutos secos contribuyen a reducir el estrés oxidativo y la inflamación crónica, factores estrechamente relacionados con la diabetes tipo 2.
Por otra parte, se ha observado que la sustitución de proteínas animales por fuentes vegetales, como legumbres o frutos secos, puede contribuir a mejorar el perfil lipídico. En conjunto, estos mecanismos contribuyen a mantener una regulación más estable de la glucosa y a prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2.

Implicaciones para la salud pública
Los resultados de nuestro trabajo refuerzan la necesidad de promover políticas alimentarias que integren salud y sostenibilidad. Fomentar la Dieta de Salud Planetaria no solo puede reducir la carga de enfermedades crónicas, sino también disminuir el impacto ambiental del sistema alimentario.
Según estimaciones previas, una adopción generalizada de este modelo podría reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de recursos hídricos y agrícolas.
En el ámbito clínico, estos hallazgos respaldan la idea de que no existe una única dieta ideal, sino distintos patrones saludables que pueden adaptarse a las características y preferencias de cada persona.
La clave está en priorizar alimentos de origen vegetal, frescos y mínimamente procesados, y reducir progresivamente el consumo de carne roja y procesada, azúcares añadidos y grasas saturadas. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden traducirse en beneficios considerables para la salud y el planeta.
Fortalezas, limitaciones y perspectivas futuras
El estudio se distingue por su gran tamaño muestral, largo seguimiento y rigor metodológico, lo que permite obtener conclusiones sólidas. Además, el uso de una escala continua para medir la adherencia a la Dieta de Salud Planetaria permitió observar con mayor detalle la reducción del riesgo de diabetes según el nivel de adherencia. En lugar de clasificar a la adherencia al patrón únicamente como “cumple” o “no cumple”, esta forma de medición capta consumos intermedios, lo que hace que los resultados sean más precisos y realistas.
Sin embargo, también existen limitaciones. La información sobre la dieta fue autodeclarada por los participantes, lo que puede generar cierto sesgo. La muestra, además, corresponde a voluntarios del Reino Unido, lo que podría limitar la generalización de los resultados a otras poblaciones.
Aun así, la consistencia de los hallazgos en múltiples análisis de sensibilidad respalda su validez. Futuras investigaciones deberían evaluar estos resultados en países con diferentes contextos alimentarios y culturales, así como estudiar los efectos de la Dieta de Salud Planetaria sobre otras enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Referencias
- Aznar de la Riera, M.d.C., Ortolá, R., Kales, S.N. et al. Planetary health diet, other plant-based diets and risk of type 2 diabetes: a prospective study from the UK Biobank. Cardiovasc Diabetol 24, 376 (2025). doi: 10.1186/s12933-025-02909-z
María del Carmen Aznar de la Riera
Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Investigadora predoctoral en Epidemiología y Salud Pública.
Universidad Autónoma de Madrid

Mercedes Sotos Prieto
Profesora Titular de la Universidad Autónoma de Madrid. Doctora en Epidemiología y Salud Pública.
Universidad Autónoma de Madrid





