La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta central para generar conocimiento y orientar decisiones en múltiples ámbitos sociales. Pero la investigación actual coincide en que no es una tecnología neutral. Al aprender de datos generados en sociedades marcadas por desigualdades, los sistemas de IA pueden reproducir y amplificar sesgos existentes, incluidos los de género y los que afectan a qué conocimientos se consideran más valiosos. Por eso, comprender cómo se entrenan estos modelos y qué sesgos arrastran es clave para avanzar hacia tecnologías más justas e inclusivas.