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Cuando el reloj biológico se desajusta: la conexión oculta entre nuestros ritmos circadianos y el cáncer

Nuestro cuerpo vive con un reloj biológico que no entiende de turnos nocturnos ni pantallas encendidas. Alterar ese ritmo natural no solo agota: también puede aumentar el riesgo de cáncer.

Nuestro cuerpo sigue un reloj interno milenario, y alterarlo tiene un precio biológico.
Nuestro cuerpo sigue un reloj interno milenario, y alterarlo tiene un precio biológico. Fuente: Sora.

Creado: 21.11.2025

Actualizado: 15.11.2025

Vivimos en una sociedad que funciona las 24 horas del día. Trabajadores nocturnos, luz artificial constante, pantallas que nos mantienen despiertos hasta altas horas de la madrugada. Pero mientras nuestra civilización ha adoptado este ritmo frenético, nuestro cuerpo sigue anclado a un reloj interno de millones de años de evolución. Este desajuste entre nuestro estilo de vida moderno y nuestros ritmos biológicos naturales podría estar cobrando un precio más alto del que imaginamos: un aumento en el riesgo de desarrollar cáncer.

Los ritmos circadianos son ciclos de aproximadamente 24 horas que regulan prácticamente todos los procesos fisiológicos de nuestro organismo. Desde el momento en que nos despertamos hasta que nos dormimos, estos ritmos coordinan la liberación de hormonas, la temperatura corporal, la presión arterial, el sistema inmunitario e incluso nuestro estado de ánimo. No son simplemente respuestas a la luz del día, sino que están profundamente codificados en nuestros genes, funcionando como un director de orquesta molecular que mantiene todos los sistemas del cuerpo sincronizados.

El reloj maestro y sus mecanismos moleculares

El control central de estos ritmos reside en una pequeña región del cerebro llamada núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo. Este «reloj maestro» recibe información sobre la luz ambiental a través de los ojos y sincroniza los «relojes periféricos» presentes en prácticamente todos los tejidos y órganos del cuerpo. A nivel molecular, este sistema funciona mediante un conjunto de genes específicos: CLOCK, BMAL1, PER y CRY, que crean bucles de retroalimentación generando oscilaciones rítmicas con un período de aproximadamente 24 horas.

Cuando estos mecanismos funcionan correctamente, nuestro metabolismo, sistema cardiovascular, respuesta inmunitaria y funciones cognitivas operan en perfecta armonía con el ciclo día-noche. Sin embargo, cuando se interrumpen estos ritmos —por trabajo nocturno, viajes a través de zonas horarias o exposición a luz artificial durante la noche— las consecuencias pueden ser graves, incluyendo trastornos metabólicos, enfermedades cardiovasculares y un mayor riesgo de cáncer.

Dormir poco o en horarios irregulares deteriora la reparación del ADN y favorece la aparición de tumores.
Dormir poco o en horarios irregulares deteriora la reparación del ADN y favorece la aparición de tumores. Fuente: Pixabay.

Los mecanismos que vinculan la alteración circadiana con el cáncer

La relación entre la disrupción de los ritmos circadianos y el cáncer involucra múltiples vías moleculares que afectan funciones fisiológicas críticas. Uno de los mecanismos más estudiados es la supresión de melatonina, una hormona antioxidante producida durante la noche. La exposición a luz artificial nocturna reduce drásticamente los niveles de melatonina, lo que puede elevar los niveles de estrógeno y promover cánceres hormono-dependientes como el de mama y próstata.

Los genes circadianos CLOCK y BMAL1 también regulan la proliferación celular y la apoptosis (muerte celular programada). Su desregulación se ha asociado con crecimiento celular anormal y tumorigénesis. Además, los ritmos circadianos modulan los procesos de reparación del ADN, esenciales para mantener la estabilidad genómica. Cuando estos ritmos se alteran, el daño en el ADN se acumula, convirtiéndose en un precursor del cáncer.

La disfunción metabólica e inmunitaria resultante de la desalineación circadiana agrava aún más el riesgo de cáncer. La obesidad, la inflamación crónica y la reducción de la vigilancia inmunitaria crean un ambiente propicio para el desarrollo tumoral. Los factores ambientales como el trabajo por turnos y la exposición a luz nocturna (LAN) agravan estos riesgos al interrumpir los relojes internos, suprimir la melatonina y alterar la expresión de genes relacionados con el cáncer.

El trabajo nocturno: un factor de riesgo reconocido

El trabajo por turnos nocturnos se ha vuelto cada vez más prevalente en todo el mundo y se ha vinculado con diversos problemas de salud, especialmente el cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha clasificado el trabajo por turnos que implica disrupción circadiana como probable carcinógeno humano (Grupo 2A), citando asociaciones con cánceres de mama, próstata y colorrectal.

El cáncer de mama es el más consistentemente vinculado con el trabajo nocturno. Los metaanálisis muestran un riesgo aumentado de 2.34 veces para trabajadoras nocturnas y de 2.66 veces para quienes realizan turnos nocturnos de alta intensidad. Estudios recientes respaldan estas asociaciones en otros tipos de cáncer. Un estudio longitudinal reportó un riesgo 1.37 veces mayor de cáncer de próstata en trabajadores por turnos, aumentando a 1.47 para turnos rotativos. Las trabajadoras nocturnas también mostraron un riesgo elevado de cáncer de vejiga después de cinco años.

El trabajo nocturno se considera el tercer factor de riesgo más importante para el cáncer de mama, después del índice de masa corporal elevado y la baja duración de la lactancia, superando incluso a la menopausia temprana, la menopausia tardía, la nuliparidad y el tabaquismo. La hipótesis de la melatonina postula que la luz nocturna suprime la melatonina, aumenta el estrógeno y eleva el riesgo de cáncer de mama.

Respetar los ritmos circadianos podría ser una de las estrategias más simples y poderosas para prevenir el cáncer.
Respetar los ritmos circadianos podría ser una de las estrategias más simples y poderosas para prevenir el cáncer. Fuente: Freepik.

La luz artificial nocturna: un disruptor silencioso

La luz artificial durante la noche altera los ritmos circadianos, la regulación metabólica y la función endocrina, aumentando así el riesgo de cáncer. Los estudios han demostrado que la exposición a LAN afecta el inicio del sueño, el estado de alerta y suprime la melatonina, una hormona con propiedades anticarcinogénicas conocidas.

La contaminación lumínica nocturna, impulsada por la iluminación urbana y el trabajo por turnos, también se ha vinculado con un aumento del cáncer y la obesidad. La supresión de melatonina, un regulador clave de la proliferación celular y el tiempo circadiano, parece central en esta asociación. El papel protector de la melatonina contra la tumorigénesis subraya las implicaciones más amplias para la salud de la exposición generalizada a LAN.

Los datos epidemiológicos asocian fuertemente la LAN con una mayor incidencia de cáncer de mama, particularmente en naciones industrializadas con alta contaminación lumínica. La exposición a LAN también se ha vinculado con cánceres de pulmón, próstata y colorrectal, así como con condiciones metabólicas como obesidad y diabetes, factores de riesgo clave para el adenocarcinoma pancreático.

El papel del sueño en la progresión del cáncer

Aunque la disrupción circadiana es un importante contribuyente al riesgo de cáncer, la cantidad y calidad del sueño también desempeñan papeles independientes y significativos. Los estudios epidemiológicos han vinculado consistentemente la corta duración del sueño y la mala calidad del sueño con riesgos elevados de cánceres de mama, colorrectal y próstata.

Mecánicamente, la privación crónica del sueño deteriora la reparación del ADN, promueve la inflamación, altera la regulación hormonal y reduce la eficiencia inmunitaria, factores que colectivamente apoyan la carcinogénesis. El sueño fragmentado intensifica aún más el estrés oxidativo y debilita la vigilancia inmunitaria. Incluso en ausencia de desalineación circadiana, el sueño insuficiente —típicamente definido como menos de seis horas por noche— se ha asociado con un riesgo marcadamente mayor de cáncer.

Las intervenciones conductuales como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio han demostrado eficacia en mejorar el sueño y potencialmente reducir los riesgos relacionados con el cáncer. Por lo tanto, las estrategias de prevención futuras deben abordar holísticamente tanto la alineación circadiana como la salud del sueño para identificar de manera más efectiva las poblaciones vulnerables y diseñar intervenciones personalizadas.

El trabajo nocturno ha sido clasificado por la OMS como “probable carcinógeno humano”.
El trabajo nocturno ha sido clasificado por la OMS como probable carcinógeno humano. Fuente: Pixabay.

Implicaciones económicas y de salud pública

Más allá del impacto en la salud individual, la disrupción circadiana representa una carga económica sustancial debido al aumento de los costos de atención médica y las pérdidas de productividad, particularmente en sectores dominados por el trabajo por turnos. Las estrategias de salud pública son esenciales para mitigar estos riesgos.

Entre las medidas recomendadas se encuentran la regulación de los horarios de turnos, la reducción de la exposición a luz artificial nocturna y la promoción de la cronoterapia (tratamientos médicos programados según los ritmos circadianos). La investigación futura debe abordar las diferencias basadas en el sexo, mejorar la medición de la exposición y extender las investigaciones a países de ingresos bajos y medios.

Conclusión

La desalineación circadiana es un contribuyente crítico, aunque a menudo pasado por alto, a la incidencia de cáncer y las cargas económicas asociadas. Nuestro reloj biológico interno no es simplemente un mecanismo que nos dice cuándo dormir, sino un sistema fundamental que coordina prácticamente todos los aspectos de nuestra fisiología. Cuando forzamos a nuestro cuerpo a operar en contra de estos ritmos ancestrales —ya sea por trabajo nocturno, exposición constante a luz artificial o patrones irregulares de sueño— pagamos un precio que puede incluir un mayor riesgo de desarrollar cáncer.

La buena noticia es que este conocimiento nos proporciona herramientas concretas para la prevención. Desde políticas laborales que limiten los turnos nocturnos consecutivos hasta el diseño urbano que reduzca la contaminación lumínica, pasando por hábitos personales como evitar pantallas antes de dormir y mantener horarios regulares de sueño, existen múltiples niveles de intervención posibles.

En una era donde la tecnología nos permite estar activos las 24 horas del día, quizás el verdadero progreso consista en reconocer y respetar los límites biológicos que nos ha impuesto la evolución. Escuchar a nuestro reloj interno no es un lujo, sino una necesidad fundamental para la salud.

Referencias

  • Clemente-Suárez, V.J., Navarro-Jiménez, E., Benitez-Agudelo, J.C., Beltrán-Velasco, A.I., Belinchón-de Miguel, P., Ramos-Campo, D.J., Villanueva-Tobaldo, C.V., Martín-Rodríguez, A., & Tornero-Aguilera, J.F. (2025). The multifaceted impact of circadian disruption on cancer risk: insights and economic implications. Journal of the National Cancer Center. doi: 10.1016/j.jncc.2025.04.005

Vicente Javier Clemente Suárez

Vicente Javier Clemente Suárez

Catedrático de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad Europea de Madrid. Doctor en Rendimiento Deportivo y Doctor en Biomedicina.

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