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¿Quién soy… y por qué cambia tanto? La identidad en el Trastorno de la Personalidad Límite

¿Quién soy? Para muchas personas esta pregunta tiene una respuesta relativamente estable, pero en quienes conviven con el Trastorno de la Personalidad Límite la identidad puede convertirse en una fuente de incertidumbre. Nuevos enfoques terapéuticos buscan abordar este desafío de forma directa.

Creado: 10.06.2026

Actualizado: 04.06.2026

¿Quién soy? Puede parecer una pregunta sencilla, casi filosófica, pero en realidad es una de las bases de nuestro equilibrio psicológico. Tener una idea más o menos estable de quiénes somos nos ayuda a tomar decisiones, a construir relaciones seguras y a darle sentido a lo que vivimos cada día. Sin embargo, para las personas que conviven con el Trastorno de la Personalidad Límite (TPL), esta pregunta no es tan fácil de responder. De hecho, muchas veces se transforma en algo mucho más desconcertante: ¿quién soy yo cuando siento que no sé quién soy?

En este contexto, la sensación de vacío, las emociones que se desbordan y las relaciones que se vuelven intensas e inestables no aparecen por casualidad. En gran parte, tienen que ver con una identidad que también es inestable. En los últimos años, la psicología clínica ha avanzado mucho en el tratamiento del TPL, especialmente gracias a enfoques como la Terapia Dialéctica Conductual (DBT). Aun así, sigue habiendo un punto clave al que no siempre se le presta la atención que merece: trabajar directamente la identidad. Y ahí es donde entra en juego el programa “LIVE”, una propuesta que busca hacerlo de forma clara, estructurada y práctica.

El papel central de la identidad

Cuando hablamos de TPL, solemos pensar en emociones intensas, impulsividad o relaciones complicadas. Y sí, todo eso forma parte del cuadro clínico. Pero hay algo más silencioso, y a la vez muy influyente: la identidad. Muchas personas con TPL describen que su forma de verse a sí mismas cambia constantemente. Lo que hoy sienten que son, mañana puede desdibujarse o transformarse por completo, muchas veces dependiendo del entorno o de con quién estén. Esto no solo genera confusión, sino que complica muchas cosas tan básicas como tomar decisiones o mantener cierta estabilidad emocional. Esa sensación de “no saber quién soy” no es solo una idea abstracta: suele venir acompañada de un vacío profundo y difícil de explicar. Y aunque no siempre se vea desde fuera, tiene un impacto enorme en la vida diaria.

El problema es que la identidad no es algo fácil de definir ni de trabajar en terapia. Es un concepto complejo, que organiza cómo pensamos, sentimos y actuamos. Por eso, cuando se fragmenta, todo lo demás también se tambalea. De ahí la importancia de abordarla de forma directa si queremos cambios que realmente se mantengan en el tiempo.

Tratamientos psicológicos actuales: lo que funciona… y lo que falta

A día de hoy, la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) es uno de los tratamientos más eficaces para el TPL. Ha demostrado ayudar a reducir conductas autolesivas, la ideación suicida y la intensidad emocional. Así, parte de su éxito está en las herramientas que enseña: mindfulness (o atención plena), regulación emocional o tolerancia al malestar. Estas habilidades son muy útiles y permiten, por ejemplo, observar lo que sentimos sin reaccionar de forma impulsiva. Sin embargo, hay un matiz importante: aunque estas herramientas ayudan a entenderse mejor, el trabajo sobre la identidad suele hacerse de forma indirecta. Es decir, no existe un bloque específico dentro del tratamiento centrado únicamente en reconstruir o fortalecer el sentido de quién soy y ahí es donde aparece una oportunidad clara de mejora.

El programa LIVE: una propuesta innovadora

El programa LIVE nace precisamente para cubrir ese vacío. La idea es sencilla, pero potente: si la identidad es un núcleo del problema, ¿por qué no trabajarla directamente?

Este programa se integra dentro del marco de la DBT, pero añade algo nuevo que se trata de un módulo específico centrado en la identidad. A lo largo de ocho sesiones grupales, las personas participantes van explorando aspectos clave como sus intereses, sus valores o los patrones que se repiten en su vida. No se trata solo de reflexionar, sino de hacerlo con herramientas concretas como ejercicios de mindfulness, validación emocional y trabajo con valores personales.

Lo interesante de LIVE es que sigue un recorrido progresivo. Primero ayuda a entender qué está pasando con la identidad y, después, invita a identificar qué cosas son realmente importantes para cada persona. Y, poco a poco, acompaña en la construcción de un sentido de identidad más coherente y estable. Además, el formato grupal aporta algo muy valioso como el no sentirse solo/a. En este sentido, compartir experiencias con otras personas que pasan por algo similar puede reducir el estigma, generar apoyo y abrir nuevas formas de entenderse a uno mismo.

Más allá de los síntomas

Uno de los aspectos más interesantes del programa LIVE es que no se queda solo en reducir síntomas. Va un paso más allá. Si funciona como se espera, no solo ayudará a que disminuya la desregulación emocional o las conductas de riesgo. También podría mejorar algo mucho más profundo que es la relación que la persona tiene consigo misma. Hablamos de aumentar la autocompasión, de encontrar más sentido a la vida, de sentirse más coherente internamente. En definitiva, de empezar a construir una identidad más sólida desde dentro. Y esto tiene un efecto en cadena: relaciones más estables, decisiones más claras y una mayor capacidad para afrontar lo que venga. Además, este tipo de enfoque encaja con una forma más actual de entender la personalidad, no como algo rígido o fijo, sino como algo que puede desarrollarse y cambiar.

Encontrar respuesta

El programa LIVE representa un paso interesante hacia una comprensión más completa del trastorno poniendo el foco en algo que siempre ha estado ahí, pero que no siempre se ha trabajado de forma directa. En un contexto donde ya existen tratamientos eficaces, pero todavía con margen de mejora, propuestas como esta abren nuevas posibilidades. No solo para reducir el malestar, sino para ayudar a las personas a reconstruir algo tan básico, y tan complejo, como el sentido de quiénes son. Porque, al final, más allá de cualquier diagnóstico, hay una necesidad profundamente humana y es poder responder, con cierta calma y coherencia, a esa pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿quién soy yo?

Isabel Fernández Felipe

Isabel Fernández Felipe

Doctora en Psicología. Profesora en la Universidad Europea de Valencia

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