En el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) existe una herramienta pública que permite seguir cómo evoluciona la mortalidad diariamente en España: el sistema MoMo (Monitorización de la Mortalidad diaria por todas las causas). Su funcionamiento es sencillo de entender: compara la mortalidad observada cada día con la mortalidad que cabría esperar según los patrones históricos de los últimos 10 años.
Cuando el número de defunciones registradas (lo que llamamos mortalidad observada) se desvía de ese comportamiento habitual, MoMo lo identifica como un “exceso de mortalidad” utilizando modelos estadísticos. Esta información resulta clave para detectar de forma temprana eventos que afectan a la salud de la población y facilita la puesta en marcha de medidas de respuesta en salud pública.
MoMo forma parte del “Plan nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura sobre la salud” desde hace más de 20 años. Este plan se pone en marcha cada verano (desde mediados de mayo hasta finales de septiembre) para mitigar los efectos del calor sobre la población.

¿Cómo funciona el sistema que hay detrás de MoMo?
Detrás de MoMo (Imagen 2) hay un modelo estadístico complejo que no solo calcula esos excesos de mortalidad diaria, sino que también identifica si están relacionados con episodios de calor (o de frío durante los meses de invierno).
Para ello, utiliza las temperaturas diarias registradas por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y las compara con unos umbrales específicos para cada territorio. Estos umbrales pueden entenderse como niveles a partir de los cuales el calor empieza a tener un impacto significativo sobre la salud, es decir, como un “punto de disparo” a partir del cual aumenta el riesgo de mortalidad.
Como las condiciones climáticas no son iguales en todo el país, estos umbrales varían entre territorios y se adaptan al contexto geográfico. Además, MoMo tiene en cuenta la duración del episodio, es decir, el número de días consecutivos en los que se supera ese umbral.
Con esta información, MoMo construye dos estimaciones de mortalidad: una que tiene en cuenta el efecto de la temperatura y otra que no lo tiene en cuenta. La diferencia entre ambas es lo que se interpreta como mortalidad atribuible a altas temperaturas.

Además de MoMo, existe una herramienta complementaria llamada el Índice Kairós. Se trata de un modelo predictivo que estima el riesgo que tiene un territorio de registrar un exceso de muertes atribuibles a calor (o frío) en los próximos cinco días, utilizando la información que proporciona MoMo en tiempo real. Este índice se representa por un sistema de colores que indica si la situación es de ausencia de riesgo (verde), riesgo medio (amarillo) y riesgo alto (rojo).
Sus alertas ofrecen una información muy valiosa para que las autoridades puedan activar con antelación las medidas necesarias para preservar la salud de la población.
El cambio climático afecta a la salud, y el calor es uno de sus principales mecanismos
Los patrones de mortalidad asociados al calor que observamos en España se enmarcan en una tendencia global vinculada al cambio climático. En Europa, las temperaturas están aumentando a un ritmo especialmente acelerado, aproximadamente el doble que la media mundial2.
Informes como el Lancet Countdown2 sobre salud y cambio climático muestran que este calentamiento ya está teniendo consecuencias directas sobre la salud, con un aumento de la mortalidad relacionada con el calor. Este impacto no se distribuye de manera uniforme, sino que afecta con mayor intensidad a regiones del sur de Europa.
España se sitúa en una posición especialmente vulnerable dentro de Europa, como país del sur del continente, donde las temperaturas son más elevadas y los episodios de calor extremo tienen un mayor impacto sobre la salud (Imagen 3).

Un valor de 1 indica que no hay cambios, mientras que valores superiores a 1 reflejan un aumento de la probabilidad de episodios de mortalidad por calor extremo. Por ejemplo: un valor de 2 implica que estos episodios son el doble de probables, y valores superiores a 10 indican incrementos muy intensos.
En España, si nos fijamos el en mapa, esto se traduce en un aumento claro del riesgo, donde estos episodios son hoy mucho más frecuentes que antes.
Fuente: The 2024 Europe report of the Lancet Countdown on health and climate change: unprecedented warming demands unprecedented action.
El impacto del calor en España
En las últimas décadas nuestros veranos son cada vez más cálidos, con olas de calor cada vez más intensas y de mayor duración. Según la AEMET el verano pasado fue extremadamente cálido, con una temperatura media 2.1 °C por encima del promedio de 1991-2020, y superó por una décima al verano más cálido hasta ahora registrado, el de 2022.
A lo largo del verano del 2025 se registraron tres olas de calor, dos en el ámbito de la Península y Baleares y una en Canarias. Durante ese periodo, MoMo registró 3.832 defunciones atribuibles a altas temperaturas. Si lo comparamos con el verano de 2022, cuando MoMo detectó 4.789 defunciones atribuibles a calor, aparece una aparente contradicción: a pesar de que el 2025 registró temperaturas medias aún más elevadas, el número de fallecimientos asociados al calor fue menor. Esto sugiere que la temperatura no es el único factor en juego: la adaptación de la población, la adecuación de los planes de prevención frente al calor o las condiciones sociales pueden modular de forma importante sus efectos sobre la salud.
Este patrón se confirma al analizar distintos veranos en conjunto (Imagen 4). En general, los años más calurosos presentan un mayor número de muertes atribuibles al calor. La tendencia ascendente lo ilustra bien: a medida que aumentan las temperaturas máximas, también lo hace el exceso de mortalidad atribuible al calor. Sin embargo, esta relación, como hemos comentado, no es perfecta, sino que depende de muchos otros factores.

El eje vertical representa la media de las temperaturas máximas diarias registradas durante el verano. El eje horizontal representa la mortalidad atribuible a las altas temperaturas.
Fuente: Inmaculada León-Gómez, Lucía Pérez-Marín, David García-García, Mikel Collados-Piña, Diana Gómez-Barroso. Informe MoMo. Excesos de mortalidad atribuibles a las altas temperaturas en España. 16 de mayo a 30 de septiembre de 2025. Centro Nacional de Epidemiología. CIBERESP. ISCIII. Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas y Salud Pública, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, Spain. https://docmomo.isciii.es/Informe_MoMo_verano_2025.html
¿Las muertes por calor son causadas por golpes de calor?
La mortalidad por golpes de calor representa menos del 3% de la mortalidad estival.
Cuando hablamos de mortalidad asociada a altas temperaturas, no estamos hablando de mortalidad por golpes de calor, sino de mortalidad por todas las causas. Esto quiere decir que el impacto de la temperatura se traduce en un aumento de defunciones globales. Estas altas temperaturas agravan enfermedades previas (especialmente cardiovasculares y metabólicas) y provocan descompensaciones en personas ya vulnerables, produciendo fallecimiento.
El impacto del calor no es igual en toda España. ¿Por qué varia geográficamente?

Fuente: Barba-Sánchez, R., León-Gómez, I., Pérez-Marín, L. et al. Excess mortality attributable to high temperatures during the summers of 2021 to 2024 in Spain: description of the MoMo real-time monitoring system. BMC Public Health 26, 862 (2026). https://doi.org/10.1186/s12889-026-26354-z
El calor no afecta por igual a todo el territorio: en general, las provincias de interior concentran los mayores excesos de mortalidad, mientras que las zonas costeras suelen presentar riesgos más bajos2 (Imagen 5)
¿Por qué ocurre esto? Una parte tiene que ver con el clima: el interior peninsular alcanza temperaturas más extremas y sostenidas, mientras que en la costa el mar actúa como regulador. Por otra parte, influye la adaptación de la población al calor, así como otros factores como la estructura de la población (zonas con población envejecida tendrán mayor riesgo de mortalidad), las condiciones de las viviendas…
Sin embargo, los estudios muestran que este patrón no es fijo ni absoluto2: algunas zonas del este y del sur también muestran riesgos elevados en determinados veranos, lo que indica que el impacto del calor depende en realidad de una combinación compleja de factores.
Por lo tanto, estas diferencias reflejan no solo diferencias geográficas en el clima, sino también diferencias en la vulnerabilidad de la población y las condiciones de vida, así como posibles diferencias geográficas en adaptación al calor.





