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Andrómeda XXXVI: la galaxia fantasma que casi nadie pudo ver

Un equipo liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha confirmado el descubrimiento de Andrómeda XXXVI, una de las galaxias satélite más débiles detectadas hasta la fecha en el entorno de Andrómeda, la gran vecina espiral de la Vía Láctea. La primera pista no llegó desde un telescopio profesional, sino del ojo entrenado de un astrónomo aficionado que, desde su casa, rastreaba imágenes públicas del cielo.

Créditos: G. Donatiello, GTC

Creado: 23.07.2026

Actualizado: 16.07.2026

Andrómeda XXXVI es, según estima el equipo investigador, una galaxia de unos 12.500 millones de años, extraordinariamente pobre en elementos pesados y compuesta por tan pocas estrellas visibles —apenas medio centenar— que medir su distancia con los métodos habituales resultó casi imposible. Y sin embargo, ahí está: probablemente una satélite de Andrómeda, un fósil cósmico que sobrevive desde los primeros compases del universo.

Estas galaxias ultradébiles, dominadas por materia oscura y prácticamente vacías de gas y polvo, son auténticas cápsulas del tiempo que permiten reconstruir cómo se formaron las primeras estructuras cósmicas y poner a prueba los modelos que explican la naturaleza de la materia oscura. Los resultados del estudio, publicados en la revista Astronomy & Astrophysics, no solo añaden un nuevo nombre al catálogo de satélites de Andrómeda, sino que reabren una pregunta más amplia: ¿cuántas galaxias de este tipo permanecen todavía invisibles, escondidas en el ruido de fondo de nuestras imágenes del cielo?

Según los modelos cosmológicos actuales, Andrómeda podría albergar hasta 90 galaxias satélite, frente a las apenas 40 conocidas hoy. Cada nuevo hallazgo, por débil que sea, sugiere que la lista está lejos de completarse.

Una mancha tenue entre dos estrellas brillantes

Todo empezó con Giuseppe Donatiello, astrofotógrafo y astrónomo aficionado que rastreaba minuciosamente las imágenes del proyecto Pan-Andromeda Archaeological Survey (PAndAS), un extenso cartografiado del entorno de Andrómeda obtenido con el telescopio CFHT, en Hawái. Entre el fondo de estrellas y galaxias lejanas, Donatiello reparó en una tenue mancha en la que ya se intuían algunas estrellas sueltas. La incluyó en una lista de galaxias candidatas y la envió a Joanna Sakowska, investigadora del IAA-CSIC, y a David Martínez-Delgado, del CEFCA, para que la analizaran con detalle.

No era la primera vez que este tipo de colaboración daba frutos. Según explica Martínez-Delgado, And XXXVI es ya la cuarta galaxia enana descubierta en el entorno de Andrómeda por este proyecto en la última década, un resultado que pone de relieve el potencial de la astronomía amateur cuando cuenta con formación adecuada y acceso a las imágenes públicas de los grandes cartografiados del cielo. El propio investigador reconoce que la lista de candidatas —esas «galaxias perdidas» aún por confirmar— ya supera la docena, y que el equipo aspira a conseguir tiempo de observación en telescopios de entre 8 y 10 metros de apertura para verificarlas una a una.

 Imagen combinada obtenida con OSIRIS+ del GTC de And XXXVI. And XXXVI se aprecia claramente entre dos brillantes estrellas de primer plano. En el recuadro se muestra una ampliación en color negativo de And XXXVI. Créditos: G. Donatiello, GTC

Cazando 46 estrellas con el Gran Telescopio Canarias

Detectar una mancha sospechosa es solo el primer paso. Confirmar que se trata realmente de una galaxia —y no de un espejismo estadístico o una nube de estrellas de nuestra propia Vía Láctea— exige observaciones mucho más profundas. Para ello, el equipo obtuvo tiempo en el Gran Telescopio Canarias (GTC), en La Palma, donde empleó el instrumento OSIRIS+, desarrollado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), para captar imágenes de una nitidez muy superior a las del cartografiado original.

El resultado confirmó lo que ya se sospechaba: And XXXVI es un objeto extraordinariamente débil. De toda la galaxia, el equipo solo logró identificar unas 46 estrellas individuales asociadas a ella, una cifra tan reducida que complica enormemente el uso de los métodos estadísticos habituales para calcular distancias galácticas, pensados para poblaciones estelares mucho más numerosas. «Esta escasez de estrellas dificulta enormemente la aplicación de los métodos habituales para medir distancias galácticas», reconoce Sakowska, autora principal del estudio.

Para sortear el obstáculo, los investigadores recurrieron a las isocronas, modelos teóricos que predicen qué brillo y qué color deberían mostrar estrellas de una misma edad y composición química. Al asumir que And XXXVI se encuentra aproximadamente a la misma distancia que la propia Andrómeda, las observaciones reales y las predicciones de los modelos encajaron de forma notable, un indicio sólido de que efectivamente se trata de una satélite de M31 y no de un objeto ajeno situado por azar en la misma línea de visión.

Ubicación de And XXXVI (marcada en rojo) dentro del Pan-Andromeda Archaeological Survey (PAndAS) alrededor de M31. También se señalan Peg V y Psc VII, descubrimientos anteriores del equipo. Créditos: G. Donatiello, GTC

Un laboratorio para entender cómo nacen las galaxias

¿Por qué importa tanto una galaxia tan pequeña que apenas reúne un puñado de estrellas visibles? Porque su tamaño extremo es, precisamente, lo que la convierte en un instrumento de precisión para la cosmología. Andrómeda, situada a 2,5 millones de años luz de la Tierra, está rodeada de un séquito de galaxias satélite, del mismo modo que la Vía Láctea tiene el suyo. Estos pequeños acompañantes son piezas clave para poner a prueba el modelo cosmológico estándar, conocido como ΛCDM (materia oscura fría), que describe cómo la materia oscura fue tejiendo, tras el Big Bang, el andamiaje sobre el que se formaron las primeras galaxias.

Las simulaciones basadas en ese modelo predicen que Andrómeda debería tener bastantes más satélites de los que conocemos. «Actualmente conocemos unas 40 galaxias satélite enanas alrededor de Andrómeda, de las cuales unas 15 están clasificadas como ultradébiles», detalla Sakowska, quien subraya que cada nuevo hallazgo como este podría estar señalando «solo la punta del iceberg de una población mucho más numerosa de galaxias extremadamente débiles». Dicho de otro modo: por cada And XXXVI que logramos encontrar, es probable que existan varias hermanas igual de tenues todavía por descubrir, ocultas en el resplandor de fondo del cielo.

La propia naturaleza del hallazgo ilustra por qué estas galaxias son tan esquivas: al comparar las imágenes de And XXXVI obtenidas en distintos cartografiados, la galaxia resulta casi invisible en los sondeos SDSS y PanSTARRS, y solo se revela con claridad en las observaciones más profundas del CFHT y del GTC. Su pequeño tamaño y su ínfima luminosidad hacen que solo podamos detectarlas en nuestro entorno cósmico más cercano, lo que convierte cada nuevo satélite de Andrómeda en una oportunidad casi irrepetible para estudiar la formación de galaxias en las escalas de masa más extremas posibles.

Imagen de And XXXVI en cuatro cartografiados astronómicos diferentes. De izquierda a derecha: SDSS DR9, PanSTARRS DR1, CFHT (PAndAS) y GTC (este trabajo). And XXXVI es casi invisible en SDSS y PanSTARRS, y solo se hace evidente en las observaciones del CFHT y del GTC. Créditos: G. Donatiello, GTC

Lo que viene después

Por ahora, Andrómeda XXXVI sigue guardando más preguntas que respuestas. Determinar con precisión su distancia real, su edad exacta o su composición química requerirá observaciones adicionales, previsiblemente con telescopios espaciales como el Hubble, capaces de resolver poblaciones estelares aún más débiles que las alcanzadas desde tierra. Mientras tanto, la galaxia se suma a la creciente lista de fósiles cósmicos que ayudan a los astrónomos a reconstruir, estrella a estrella, la historia más temprana del universo.

«Cada uno de estos descubrimientos nos ofrece una oportunidad excepcional para estudiar cómo se forman las galaxias en escalas de masa tan extremas, así como para investigar la distribución de la materia oscura», resume Sakowska. Y probablemente, apunta, no será la última vez que oigamos hablar de And XXXVI: la galaxia, subraya la investigadora, seguirá siendo objeto de estudio en los próximos años. Puede que la próxima galaxia perdida de Andrómeda ya esté esperando, en este mismo instante, en alguna imagen pública del cielo, a que alguien —quizá otro aficionado con paciencia y buen ojo— repare por fin en ella.

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