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Volar sin rastro climático: el desafío de las estelas de condensación en la aviación del futuro

Las estelas de condensación de los aviones podrían tener un mayor impacto sobre el clima que las emisiones de CO₂ del propio vuelo. Comprender cómo y cuándo se forman es una de las grandes prioridades de la investigación en aviación sostenible.

Las estelas de condensación no son solo nubes generadas por los aviones; está considerado como el mayor contribuyente no-CO₂ al calentamiento global por parte de la aviación, con una contribución que es, al menos, equivalente a la del CO₂. Créditos: Proyecto E-CONTRAIL. Foto ganadora de la campaña look-up. Autor: Emilio Iglesias

Creado: 04.09.2026

Actualizado: 24.08.2026

Cada vez que miramos al cielo y vemos un avión, solemos fijarnos en esas largas líneas blancas que trazan su camino. Algunos días las vemos; otros días, sin embargo, no.

Esa intermitencia ha alimentado teorías variopintas de carácter conspiranoico y que apuntarían hacia agentes que nos “fumigan”. Quizás lo hayáis escuchado, leído o visto en algún vídeo. Pues bien: ¡Es falso! No son más que nubes generadas por los propios aviones.

Lo cierto es que, para la comunidad científica, incluso a pesar de que todavía existe un gran desconocimiento, representan una de las oportunidades más inmediatas para frenar el calentamiento global en ámbito del transporte aéreo. Durante décadas, la lucha por una aviación sostenible se ha centrado casi exclusivamente en reducir el dióxido de carbono (CO₂), el agente nocivo habitual del cambio climático. Sin embargo, investigaciones recientes del Aircraft Operations Lab de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) están revelando que el impacto «invisible» de la aviación va mucho más allá del combustible quemado.

Los efectos no relacionados con el CO₂, en particular los óxidos de nitrógeno y las llamadas estelas de condensación (contrails), podrían ser responsables de aproximadamente dos tercios del impacto climático total del sector aéreo, si bien esa cifra esta todavía sujeta a una gran incertidumbre. Estas estelas se forman cuando el vapor de agua producto de la combustión del escape del motor, un gas a alta temperatura, se mezcla con la atmósfera gélida, creando cristales de hielo que pueden evolucionar hacia nubes de tipo cirro. Es un fenómeno natural, podría suceder en casa tras una buena ducha de agua caliente si el techo del baño estuviese a aproximadamente 40º bajo cero.

Aunque la vida de las contrails es corta comparada con la del CO₂, su capacidad para atrapar el calor terrestre es inmensa. En un momento crítico para el planeta, entender cuándo, dónde y cómo se forman estas estelas no es solo una cuestión de curiosidad científica, sino una urgencia política y social que nos exige actuar antes de 2027.

El gigante invisible: más allá del CO₂

La aviación ha sido tradicionalmente etiquetada como un sector «difícil de descarbonizar». Mientras que otras industrias pueden electrificarse con relativa facilidad, los aviones requieren densidades energéticas que, por ahora, solo los combustibles líquidos pueden ofrecer.

Sin embargo, el enfoque prolongado en la descarbonización del transporte, algo bueno y necesario, por supuesto, ha dejado en la sombra a las estelas de condensación, que pueden ser tan perjudiciales para el clima como el propio CO₂, o incluso más. Estas nubes artificiales tienen una doble personalidad: durante el día, pueden reflejar parte de la radiación solar hacia el espacio (enfriando el planeta), pero su efecto dominante es atrapar la radiación infrarroja que sale de la Tierra, provocando un calentamiento neto.

Lo que hace que este problema sea fascinante es su dependencia extrema de la meteorología. No todos los vuelos producen estelas persistentes, y no todas las estelas calientan igual. De hecho, el impacto es altamente heterogéneo: se estima que apenas un pequeño porcentaje de los vuelos es responsable de la gran mayoría del calentamiento por estelas. Identificar estos vuelos críticos es el primer paso para una aviación que respete los límites planetarios.

Dos tercios del impacto climático de la aviación provienen de efectos distintos al CO₂, como los óxidos de nitrógeno y las estelas. Créditos: Lee et al. (2021) / Aircraft Operations Lab UC3M.

Vigilancia desde el espacio: el proyecto E-CONTRAIL

Para arrojar luz sobre este fenómeno, el proyecto europeo E-CONTRAIL, coordinado por la Universidad Carlos III de Madrid, ha desarrollado herramientas de vanguardia utilizando inteligencia artificial y observaciones satelitales. Gracias a los satélites Meteosat de segunda generación y a redes neuronales avanzadas, el equipo ha logrado detectar y clasificar estelas en toda la región euroatlántica durante un año completo.

Los resultados son reveladores: el impacto de las estelas está concentrado geográficamente en puntos calientes como el Atlántico Norte, donde las rutas transatlánticas se cruzan con la corriente en chorro, creando condiciones ideales para su formación y persistencia.

Además, la investigación confirma que los vuelos nocturnos y los realizados durante los meses de invierno son los que más contribuyen al calentamiento, ya que en esas condiciones no existe el efecto de enfriamiento solar que compense el atrapamiento de calor terrestre. Estos mapas de probabilidad y modelos predictivos son fundamentales para que las aerolíneas y los reguladores puedan, por fin, «hacer visible lo invisible».

Gracias a la IA y satélites Meteosat, el proyecto E-CONTRAIL ha identificado el Atlántico Norte como un punto crítico de calentamiento.
Créditos: Proyecto E-CONTRAIL / Paper M. Soler, I. Ortiz, E. Dimitropoulou, P. Buyl, N. Clerbaux, J. García-Heras, A. Jafarimoghaddam, H. Brenot, J. van Gent, K. Sievers, E. Otero, P. Loganathan, V. Villaplana, G. Pérez. Making Contrails Visible: AI-Based Insights into Aviation’s Climate Impact using Satellite Imagery. E-CONTRAIL project Policy Brief. 2025. DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.17534712

Planificación de vuelos inteligente: una solución inmediata y de bajo coste

A diferencia de los nuevos combustibles sostenibles (SAF) o los aviones de hidrógeno, que requieren décadas de inversión e infraestructura, existe una solución que podemos implementar hoy mismo: la planificación de vuelos optimizada desde un punto de vista climático.

Un estudio reciente del Departamento de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Carlos III de Madrid, seleccionado como candidato nacional para el prestigioso premio Frontier Planet Prize, dotado con un millón de euros, demuestra que es posible reducir drásticamente la huella ambiental de la aviación con cambios mínimos en la operación.

La estrategia, denominada «Adopción Inteligente de Planes de Vuelo», propone desviar ligeramente las trayectorias de los vuelos solo cuando se prevea que van a cruzar zonas de alta sensibilidad climática.

Al analizar miles de rutas en Europa, los investigadores descubrieron que desviando apenas entre el 10% y el 30% de los vuelos más dañinos, se puede reducir el impacto climático total entre un 12% y un 21%.

Lo más sorprendente es el coste: estos beneficios ambientales se logran con un incremento en los costes operativos de las aerolíneas de solo entre el 0,2% y el 2,0%. Es, literalmente, la forma más barata y rápida de reverdecer nuestros cielos.

Pequeños desvíos en rutas seleccionadas pueden reducir hasta un 21% el impacto climático del vuelo con un coste mínimo. Créditos: Simorgh & Soler (2025) / UC3M.

Un cómic para llevar la ciencia a la agenda política

Además de investigar, otro de las patas del proyecto E-CONTRAIL es difundir el conocimiento científico sobre las estelas de condensación para llegar a la sociedad y a los centros de decisión, de forma que el cambio tenga lugar.

Con este espíritu, el proyecto ha publicado un policy brief (un documento corto y claro que explica un problema público y propone soluciones prácticas basadas en datos) con recomendaciones para los legisladores europeos, subrayando la necesidad de incluir los efectos no-CO₂ en los sistemas de monitoreo y verificación antes de 2027.

Dentro este policy brief, la UC3M ha sido la creadora de un material de divulgación a través del arte. El cómic Un problema de altos vuelos narra de forma visual y accesible cómo se forman estas estelas y por qué es tan urgente actuar.

Paralelamente, la UC3M ha organizado visitas a centros educativos para inspirar a nuevas generaciones en la búsqueda de una aviación más sostenible a través de la investigación y ha participado en la creación de la empresa de base tecnológica AI-METHODS, orientada a transferir los resultados de la investigación a la industria.

El objetivo de todos estos esfuerzos es el mismo: asegurar que el arte de volar, que tan rápido y tan lejos nos permite llegar, se haga dentro de los límites de sostenibilidad de nuestro planeta.

Reescribir el cielo de la aviación

La ciencia es clara: la aviación puede existir dentro de los márgenes de seguridad de nuestro planeta, pero solo si dejamos de ignorar el impacto de las estelas de condensación. Con la tecnología de optimización de rutas ya disponible y la capacidad de detección mediante IA, el camino hacia una «Renaissance Verde» en los cielos está trazado. El coste es mínimo y el beneficio para las generaciones futuras, incalculable. La pregunta ya no es si podemos hacerlo, sino con qué rapidez estamos dispuestos a actuar.

El equipo del Aircraft Operations Lab trabaja para llevar la ciencia climática de los laboratorios a la sociedad con impactos transformativos en los social, político y económico. Créditos: UC3M / Aircraft Operations Lab.
Manuel Soler Arnedo

Manuel Soler Arnedo

Catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Carlos III de Madrid
El Departamento de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Carlos III de Madrid está acreditado como Unidad de Excelencia “María de Maeztu”, acreditación otorgada por la Agencia Estatal de Investigación para el período 01/01/2026-31/12/2031.

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