Fundación » Salud » Vino, cerveza o licores: ¿similares efectos sobre la salud?

Vino, cerveza o licores: ¿similares efectos sobre la salud?

El consumo de alcohol constituye un problema de salud pública a nivel mundial y se encuentra entre los 10 principales factores de riesgo de enfermedad (1). Está asociado causalmente con el desarrollo de 60 problemas de salud, destacando las causas externas, enfermedad hepática alcohólica, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, diversos tipos de cáncer y enfermedades gastrointestinales (2). Según la Organización Mundial de la Salud, 2,6 millones de muertes fueron atribuidas al consumo de alcohol en 2019, lo que implica casi un 5% de la mortalidad total de ese año (3).

Creado: 13.03.2026

Actualizado: 15.10.2026

Alcohol y salud pública: riesgos conocidos

La relación entre el consumo de alcohol y la mortalidad general describe una curva en forma de “J” ampliamente descrita en la literatura científica (4). ¿Y qué quiere decir forma de “J”? Si imaginamos un gráfico donde representamos el consumo de alcohol en el eje horizontal (de menor a mayor consumo) y el riesgo de muerte por todas las causas en el vertical, la curva de riesgo sigue la forma de esta letra tumbada: las personas que beben pequeñas cantidades de alcohol tienen un riesgo de mortalidad general ligeramente menor que aquellas personas que no beben nada, los comúnmente conocidos como abstemios. Superado cierto valor, alrededor de 10-20 g/día (1-2 copas de vino o cerveza), el riesgo aumenta de forma acelerada a medida que se incrementa la ingesta de alcohol.

La controversia: sesgos metodológicos y por qué se revisa la evidencia

Sin embargo, en los últimos años ha crecido el número de artículos que cuestionan esta relación en forma de “J”. Estos estudios advierten que las publicaciones que observan beneficios sobre la mortalidad derivados de un consumo bajo-moderado de alcohol podrían estar sesgadas debido a importantes problemas metodológicos (5,6). Uno de los más relevantes es que muchos de estos estudios comparan a individuos que consumen cualquier cantidad de alcohol con la población no bebedora, que incluye tanto a los abstemios como a los exbebedores, que frecuentemente son personas que han dejado de beber debido a problemas de salud, por lo que poseen un riesgo de mortalidad superior a la población general. En otras ocasiones, la categoría de abstemios incluye también personas que beben tan poco alcohol que se clasifican dentro de esta categoría de forma equívoca (7). En cualquier caso, las personas realmente abstemias son muy diferentes a la población general, teniendo muchos más problemas de salud, motivo por el que quizás evitan el consumo de alcohol (8).

Hasta ahora hemos hablado de la relación entre el consumo de alcohol y la mortalidad haciendo referencia a la cantidad de alcohol ingerida. Sin embargo, realmente se trata de una relación con numerosos factores implicados, incluidos algunos relacionados con el contexto social (4). Por ello, cada vez son más los autores que abogan por estudiar esta asociación en términos de patrones o hábitos de consumo; es decir, no sólo teniendo en cuenta la cantidad promedio de alcohol ingerida, sino también otras características relacionadas con la forma de consumo.

Uno de los aspectos más importantes a considerar cuando nos referimos a “patrones de consumo” es el tipo de bebida alcohólica, donde encontramos nuevamente en la literatura científica gran controversia al respecto (9), originada en gran medida por problemas metodológicos como los que se han descrito previamente. Precisamente, desde el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III se ha querido contribuir a mejorar la evidencia científica sobre este tema con un estudio que evalúa la asociación entre los principales tipos de bebida consumidos (vino, cerveza y licores) y la mortalidad general en una muestra representativa de más de 16.000 adultos residentes en España consumidores de alcohol (10). La población de estudio, por tanto, sólo incluía bebedores para evitar los potenciales sesgos que hemos mencionado al principio de este artículo. Se clasificaron los individuos del estudio según su preferencia por el vino, la cerveza o los licores, sólo en el caso de que al menos un 50% de su ingesta total de alcohol fuera de uno de estos tres tipos de bebida. Cuando ninguna bebida alcanzaba al menos el 50 % del consumo total de alcohol, los participantes se incluían en el grupo de bebedores sin preferencia de bebida, que se utilizó como categoría de referencia en los análisis para evaluar la asociación con la mortalidad general de cada uno de los grupos de preferencia de bebida.

Tipo de bebida y mortalidad: qué muestra la evidencia en España y el mito del vino “protector”

Los resultados de este estudio muestran que no hay efectos diferenciales significativos sobre la mortalidad en función de la preferencia de bebida alcohólica. En otras palabras, en personas consumidoras de alcohol, el hecho de consumir mayoritariamente vino, cerveza o licores no conlleva diferencias en el riesgo de mortalidad general. Estos resultados están respaldados por un meta-análisis publicado en 2018 con una muestra total de casi 600.000 bebedores de alcohol (11).

De estas conclusiones se puede extraer una información adicional de los efectos del consumo de alcohol: no existe un efecto protector sobre la mortalidad asociado al consumo moderado de cierto tipo de bebidas, como se suele atribuir al vino. Es frecuente escuchar el argumento de que esta bebida alcohólica es rica en polifenoles. Los polifenoles son sustancias con propiedades antioxidantes y el más conocido es quizás el resveratrol, dado que el vino constituye su fuente más importante en la dieta (más del 98%). Sin embargo, es fundamental ir más allá del titular y ver cómo se traduce en la práctica: se necesitarían beber al menos 550 litros de vino tinto o 1300 litros de cerveza para alcanzar la dosis preventiva (1g/día), un dato que cuestiona seriamente su eficacia (12). Por tanto, la evidencia científica sugiere que el principal responsable de los efectos en la asociación entre alcohol y mortalidad es el etanol y no tanto el resto de componentes presentes en estas bebidas alcohólicas, como los polifenoles.

El mensaje es claro: actualmente no hay respaldo científico que justifique la recomendación del consumo de cierto tipo de bebidas alcohólicas haciendo referencia a unos presuntos “beneficios adicionales”. Con ello se puede descartar la tradicional creencia de que el consumo de bajas cantidades de alcohol, habitualmente de vino según nuestro contexto sociocultural mediterráneo, reporta beneficios, pues sabemos que, en cualquier caso, los daños que puede ocasionar son muy superiores. Por tanto, a la hora de consumir alcohol, es importante conocer que no hay ningún límite de seguridad, independientemente del tipo de bebida alcohólica. El mensaje que se debe transmitir es: alcohol, cuanto menos mejor. 

Referencias:

1.            Brauer M, Roth GA, Aravkin AY, Zheng P, Abate KH, Abate YH, et al. Global burden and strength of evidence for 88 risk factors in 204 countries and 811 subnational locations, 1990–2021: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2021. The Lancet. 18 de mayo de 2024;403(10440):2162-203.

2.            Connor JP, Haber PS, Hall WD. Alcohol use disorders. The Lancet. 5 de marzo de 2016;387(10022):988-98.

3.            Global status report on alcohol and health and treatment of substance use disorders [Internet]. [citado 7 de mayo de 2025]. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789240096745

4.            Andréasson S. Alcohol and J-shaped curves. Alcohol Clin Exp Res. octubre de 1998;22(7 Suppl):359S-364S.

5.            Stockwell T, Zhao J, Clay J, Levesque C, Sanger N, Sherk A, et al. Why Do Only Some Cohort Studies Find Health Benefits From Low-Volume Alcohol Use? A Systematic Review and Meta-Analysis of Study Characteristics That May Bias Mortality Risk Estimates. J Stud Alcohol Drugs. julio de 2024;85(4):441-52.

6.            Stockwell T, Zhao J, Panwar S, Roemer A, Naimi T, Chikritzhs T. Do «Moderate» Drinkers Have Reduced Mortality Risk? A Systematic Review and Meta-Analysis of Alcohol Consumption and All-Cause Mortality. J Stud Alcohol Drugs. marzo de 2016;77(2):185-98.

7.            Fat LN, Cable N, Marmot MG, Shelton N. Persistent long-standing illness and non-drinking over time, implications for the use of lifetime abstainers as a control group. J Epidemiol Community Health. 1 de enero de 2014;68(1):71-7.

8.            Galán I, Fontán J, Ortiz C, López-Cuadrado T, Téllez-Plaza M, García-Esquinas E. Volume of alcohol intake, heavy episodic drinking, and all-cause mortality in Spain: A longitudinal population-based study. Addictive Behaviors. 1 de noviembre de 2024;158:108108.

9.            Haseeb S, Alexander B, Baranchuk A. Wine and cardiovascular health: a comprehensive review. Circulation. 10 de octubre de 2017;136(15):1434-48.

10.          Fontán-Vela J, Ortiz C, López-Cuadrado T, Téllez-Plaza M, García-Esquinas E, Ortolá R, et al. Association between type of alcoholic beverage and all-cause mortality. A population-based prospective study. Public Health. 2025;243:105728.

11.          Wood AM, Kaptoge S, Butterworth AS, Willeit P, Warnakula S, Bolton T, et al. Risk thresholds for alcohol consumption: combined analysis of individual-participant data for 599 912 current drinkers in 83 prospective studies. The Lancet. 14 de abril de 2018;391(10129):1513-23.

12.          Weiskirchen S, Weiskirchen R. Resveratrol: How Much Wine Do You Have to Drink to Stay Healthy? Advances in Nutrition. 1 de julio de 2016;7(4):706-18.

Iñaki Galán

Iñaki Galán

Licenciado en Medicina, Doctor en Medicina Preventiva y Salud Pública. Investigador Científico, Centro Nacional de Epidemiología, Instituto de Salud Carlos III. ORCID: 0000-0003-0624-9993
Julia Fontán Vela

Julia Fontán Vela

Graduada en Biotecnología y Epidemiología. Centro de Investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública. Centro Nacional de Epidemiología, Instituto de Salud Carlos III. ORCID: 0009-0009-1169-9025

Artículos relacionados

¿Por qué los pelirrojos necesitan más anestesia? La respuesta está en un solo gen

¿Por qué los pelirrojos necesitan más anestesia? La respuesta está en un solo gen

¿Qué tienen en común el color del pelo, la sensibilidad al dolor y el riesgo de cáncer de piel? Aunque parezcan cuestiones sin relación, la ciencia ha encontrado un vínculo genético que ayuda a explicar algunas de las particularidades de las personas pelirrojas.

Pablo Donato Pablos Rivera

Desarrollo de un candidato a vacuna contra la tuberculosis: una perspectiva mexicana

Desarrollo de un candidato a vacuna contra la tuberculosis: una perspectiva mexicana

¿Qué ocurre cuando la bacteria de la tuberculosis entra en nuestro organismo? El desenlace no está escrito de antemano. La interacción entre "Mycobacterium tuberculosis" y el sistema inmunitario puede conducir a escenarios muy diferentes, desde controlar la infección sin dejar rastro hasta desarrollar una enfermedad capaz de transmitirse a otras personas.

Mario Alberto Flores Valdez

La especie que inventó el ejercicio: ¿por qué pagamos por cansarnos en un mundo que nos ahorra esfuerzo?

La especie que inventó el ejercicio: ¿por qué pagamos por cansarnos en un mundo que nos ahorra esfuerzo?

Nunca antes habíamos pagado tanto por cansarnos. Corremos en cintas que no van a ninguna parte, levantamos pesos que nadie nos ha pedido mover y perseguimos voluntariamente un esfuerzo que, durante la mayor parte de nuestra evolución, estuvo ligado a necesidades muy concretas: desplazarse, conseguir alimento, transportar recursos, cooperar o sobrevivir. ¿Por qué una especie con una fuerte tendencia biológica a ahorrar energía terminó inventando el ejercicio moderno?

Miguel Ángel Rodríguez

Las células que envejecen, pero no se van: cómo SenCat nos ayuda a identificar células senescentes 

Las células que envejecen, pero no se van: cómo SenCat nos ayuda a identificar células senescentes 

Hay células que, aunque han dejado de dividirse, siguen vivas y enviando señales a su entorno. Son las llamadas «células zombi» y forman parte del proceso de envejecimiento: pueden ayudar a reparar tejidos, pero cuando se acumulan también pueden favorecer la inflamación y diversas enfermedades. El proyecto SenCat busca descubrir cómo identificarlas.

Carlos Anerillas Aljama