Algunos de estos movimientos se mantienen hasta pasado el primer año y medio de vida y lejos de ser movimientos azarosos responden a un sofisticado programa neurológico, que ha acompañado a la especie humana desde sus orígenes y son conocidos como reflejos primitivos. Estos movimientos automáticos, que aparecen antes incluso del nacimiento y que ayudan en el momento del parto, son mucho más que curiosidades. La importancia de estos reflejos puede pasar desapercibido a los ojos de los adultos, que pueden ser interpretados con un alto componente emotivo, pero son en realidad, los primeros cimientos del aprendizaje, la atención y la regulación emocional. Por tanto, los reflejos juegan un papel crucial en el desarrollo del cerebro. Durante muchos años, los reflejos han sido considerados solo como indicadores médicos para la evaluación del estado neurológico del bebé recién nacido, de tal modo, que la ausencia o debilidad en la presencia del reflejo indica una posible alteración. Sin embargo, la neurociencia del desarrollo muestra algo mucho más fascinante. Los reflejos primitivos son el lenguaje oculto del cerebro, un sistema inicial de instrucciones que guía la construcción de habilidades más complejas.
Un cerebro en construcción… que empieza por el cuerpo
El bebé al nacer cuenta con un cerebro sin terminar. Al llegar a este mundo, su cerebro solo cuenta con sólo una mínima parte de sus conexiones plenamente operativa, el resto se irá conformando a través de la experiencia, el movimiento y la interacción con el entorno. Aquí es donde entran los reflejos. Los reflejos primitivos constituyen un grupo de respuestas motoras automáticas y no voluntarias que aparecen durante la etapa fetal y están presentes en el recién nacido. Estos movimientos, gestionados por el tronco encefálico sin intervención del córtex, se activan ante estímulos sensoriales o motores específicos y su función es asegurar la supervivencia inicial, al mismo tiempo que, estimulan la maduración del sistema nervioso.
Los reflejos más conocidos popularmente son el reflejo de Moro, se caracteriza por un sobresalto en el bebé; el reflejo de succión, imprescindible para la alimentación; el reflejo de búsqueda, que orienta al bebé hacia la alimentación; el reflejo tónico asimétrico cervical, que coordina cabeza, brazo y piernas, y ayuda a que el bebé gire la cabeza cuando está bocabajo, impidiendo que se produzca la asfixia mientras duerme. Como vemos, cada uno de ellos cumple una misión específica, además tienen un momento concreto de aparición, y deben de desaparecer también una vez que hayan cumplido su función.
Integración de reflejos: un paso clave en la maduración cerebral
A medida que el sistema nervioso central madura los reflejos deben inhibirse o desaparecen, dando paso a los reflejos posturales, que ayudan a la coordinación y el equilibrio, y, a la formación de estructuras corticales de inhibición, que ayudarán a que los reflejos dejen entonces de activarse de forma involuntaria. Cuando el bebé crece y comienza a moverse de forma voluntaria —rodar, gatear, sentarse, caminar—, las áreas corticales del cerebro asumen progresivamente el control del movimiento. Los reflejos primitivos dejan entonces de activarse de forma automática y pasan a estar inhibidos. Es decir, la interacción entre los estímulos y el reflejo actúa como un programa de recopilación y codificación de información, facilitando el desarrollo. Así, los reflejos iniciales permiten la formación de los primeros engramas motores y, progresivamente, son reemplazados por movimientos voluntarios y hábitos sensoriomotores.
Por tanto, el desarrollo infantil se entiende como un proceso donde el movimiento y el control postural implican cambios en la estructura cerebral, observables en la secuencia de maduración cefalo-caudal y próximo-distal. La integración de los reflejos primitivos refleja esta maduración del sistema nervioso central. Por tanto, cada uno de los reflejos debe inhibirse o integrarse progresivamente a medida que el cerebro madura, y deben aparecen conductas motoras acorde a esta maduración.

¿Qué ocurre cuando los reflejos no se integran?
Evidencias recientes muestran que los reflejos pueden permanecer activos en algunos niños y adultos sin patología neurológica diagnosticada, esto no implica necesariamente un trastorno, pero sí puede relacionarse con dificultades personales, sociales y/o académicas. Un reflejo no integrado actúa como un “programa en segundo plano” que se activa ante determinados estímulos, consumiendo recursos neurológicos y dificultando respuestas más adaptativas. En esta situación, el individuo desconoce que el reflejo está actuando e interfiriendo en sus competencias. Cabe preguntarse, si la repuesta refleja involuntaria se puede observar tan fácilmente en niños mayores tal y como se hace en los bebés. La respuesta refleja pasado los dos primeros años de vida sigue siento involuntaria y dependiente del contexto, es decir, son patrones conductuales y posturales comunes a la presencia del reflejo en todos los individuos, pero en este caso, son más sutiles e incluso evolucionados, y todos van a presentar el mismo patrón conductual cuando el reflejo está activo. Así, un reflejo palmar activo va a hacer que se presente dificultades a la hora de aprender a coger el lápiz, lentitud en la escritura o mala caligrafía. El reflejo de succión va a provocar una continua conducta de chupar objetos como lápices, camisetas, dedos, o el propio pelo, el reflejo tónico asimétrico cervical va a hacer que el escolar escriba casi tumbado en el pupitre, el reflejo de Galant va a producir dificultades para estar sentado, el tónico simétrico cervical dificultad en la coordinación de pies y manos, el reflejo de Babinsky hará que al caminar se rompan calcetines y zapatos por el dedo pulgar que se eleva involuntariamente. Un reflejo de Moro persistente puede generar hipersensibilidad al ruido, a la luz, desequilibrios emocionales, ansiedad, baja tolerancia a la frustración o dificultades de atención. Estas interferencias que producen la presencia de los reflejos y que actúan siempre como un programa en segundo plano va a interferir en el aprendizaje, consumiendo procesos atencionales. Así, algunos escolares con dificultades de aprendizaje en la lectura o en las matemáticas, trastornos del desarrollo, TDAH, o problemas de regulación emocional presentan, según diversas investigaciones, signos de reflejos primitivos no integrados.
Reflejos, aprendizaje y escuela: una relación invisible
El contexto escolar tiene grandes exigencias sobre el comportamiento. Demanda que los alumnos permanezcan sentado mucho tiempo, atiendan durante periodos de tiempo prolongado, controlen su cuerpo, procesen información visual y auditiva, y todo ello con una buena regulación emocional. Pero ¿qué pasa si el sistema nervioso sigue activando ese programa reflejo en segundo plano y desencadenando patrones involuntarios? Pues que estas demandas escolares pueden resultar abrumadoras. El escolar no elige distraerse, moverse constantemente, adoptar posturas corporales extrañas o reaccionar de forma exagerada. Ante estas situaciones, hay un cerebro que no ha terminado de organizarse del todo, y está priorizando el movimiento reflejo frente al voluntario. Entender que un cerebro puede no haber madurado cambia la pregunta que le haríamos al escolar: ¿Por qué no te esfuerza en estar sentado mejor, en estar más quieto? A preguntarnos ¿Qué necesita su cerebro para madurar mejor?

El movimiento como medicina para el cerebro
El movimiento es el principal aliado del cerebro. Durante los primeros años de vida, cada giro, cada balanceo y cada desplazamiento contribuyen a integrar reflejos, coordinar ambos lados del cuerpo y establecer conexiones fundamentales entre hemisferios cerebrales. Cuando las experiencias se reducen —por falta de estimulación, exceso de pantallas o rutinas demasiado estructuradas—, el desarrollo neuromotor puede quedar incompleto. Este enfoque ha sido recogido por la cognición corporeizada y los sistemas dinámicos, así como los avances en las investigaciones con neuroimagen y la comprensión de la plasticidad cerebral que han demostrado que las áreas cerebrales no trabajan de forma aislada, sino que las redes neuronales implicadas en procesos sensoperceptivos, motores y cognitivos están densamente interconectadas; percepción, acción y cognición forman parte de un mismo proceso. La plasticidad cerebral implica que la experiencia, especialmente a través de la exploración motora y sensoperceptiva, modula la estructura cerebral y favorece la maduración.
El desarrollo motor y cognitivo se inicia al nacimiento y se prolonga hasta la adolescencia, con habilidades como la coordinación bimanual y el control motor fino madurando al mismo ritmo que operaciones cognitivas complejas. La relación entre ambos ámbitos resulta más estrecha de lo que se pensaba: el cerebelo además de ajustar el movimiento realiza tareas cognitivas y el córtex prefrontal, conectado con áreas motoras, contribuye tanto a la cognición como al movimiento. La investigación sobre la relación entre habilidades motoras y cognitivas en el aprendizaje escolar está aún en desarrollo, pero existe consenso en que el entrenamiento motor puede mejorar no solo el desarrollo físico sino también el cognitivo, siempre que se oriente hacia la maduración sensoperceptiva y la inhibición de reflejos primitivos.
Intervención Psicoeducativa: Inhibición de Reflejos Primitivos
Actualmente, desde la Facultad de Psicología y Logopedia de la Universidad de Málaga se están realizando diversas investigaciones donde se investiga el impacto del método Assessing Neuromotor Readiness for Learning (Blythe, 2012) en el desarrollo. Estas investigaciones se han llevado a cabo en diferentes centros educativos y el programa consiste una batería de movimientos guiados que reproducen hitos del desarrollo motor desde el nacimiento hasta el gateo, junto con ejercicios específicos para promover la inhibición de reflejos primitivos. En un diseño con grupo de intervención y grupo control, los resultados muestran que los escolares sometidos al programa presentaron una mayor reducción de reflejos primitivos activos que los del grupo control, así como mejoras en habilidades motoras básicas como el equilibrio y la coordinación. Estos datos sugieren que las intervenciones psicoeducativas que incorporan movimientos sistemáticos pueden ser sensibles a los reflejos primitivos y contribuir a un desarrollo motor más maduro en contextos escolar.
Este tipo de programas se ha implementado también de forma experimental en distintos países, incluyendo Reino Unido, Polonia, Albania y otros contextos educativos europeos, con resultados similares en motricidad y, en algunos casos, en habilidades académicas como la lectura, escritura y desempeño de conceptos matemáticos. La evidencia internacional apunta a que métodos estructurados de movimiento pueden tener un impacto positivo en el desarrollo motor, aunque la mayoría de los estudios se centra en habilidades motoras y psicomotrices más que en resultados educativos directos.
En España, la aplicación de estas intervenciones aún es incipiente y suele estar ligada a centros educativos innovadores como el CEIP El Salvador en Mutxamel (Alicante) que junto con el grupo de investigación SEJ-521- Dificultades de Aprendizaje y Alteraciones en el Desarrollo del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Málaga (UMA) han puesto a prueba como afecta la presencia de los reflejos al aprendizaje y rendimiento lector. El estudio citado de la Universidad de Málaga es uno de los primeros con un diseño controlado publicado en una revista científica revisada por pares, y constituye una referencia importante para entender cómo se puede integrar este tipo de intervención en el contexto escolar español.
No obstante, es importante señalar que este campo aún presenta debate científico y está en pleno desarrollo, en unos años podremos contar con mayor evidencia científica. Organizaciones profesionales de terapia ocupacional y revisión de evidencia clínica señalan que, aunque los reflejos primitivos son un concepto neurológico bien caracterizado, la eficacia de programas específicos de inhibición o “integración” de reflejos como estrategia para mejorar el aprendizaje o habilidades más allá del motor está menos establecida y requiere más investigación de alta calidad.

Volver a lo básico para avanzar
En una sociedad obsesionada con el rendimiento escolar y la rapidez en la adquisición de competencias escolares, muchas investigaciones e intervenciones se centran en los procesos cognitivos e incluso en el desarrollo de las funciones ejecutivas, y hablar de reflejos primitivos puede parecer un viaje al pasado, a una teoría obsoleta. Sin embargo, es justamente lo contrario: es una invitación a comprender cómo se construye el cerebro humano desde sus cimientos.
El aprendizaje no empieza en el ámbito escolar, en los libros o en las pantallas. Los bebés adquieren sus primeros conocimientos sobre el entorno y sobre sí mismo a través del movimiento involuntario que son producidos por la conducta refleja. El movimiento es por tanto la base de ese aprendizaje y también es la base del desarrollo para desactivar los reflejos. Quizá la clave para mejorar el aprendizaje del futuro esté en escuchar con más atención ese lenguaje silencioso del cerebro infantil que por una u otra razón no pudo en su momento inhibir ese reflejo.





