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¿Qué significa Big Bang? ¿Cuál es el origen de esta famosa expresión?

¿Fue “Big Bang”, en su origen, un insulto? Sí, pero esa es solo la anécdota superficial. Bajo esas dos palabras late una historia inesperada que une a Shakespeare, Eco, Lemaître, Gamow, Hoyle y la propia Teoría General de la Relatividad.

Representación de la evolución del universo a lo largo de 13.770 millones de años. El extremo izquierdo corresponde al momento más temprano que puede ser explorado: cuando un período de inflación produjo un extraordinario crecimiento exponencial del cosmos durante un breve instante de tiempo. Crédito: NASA/WMAP Science Team. Dominio Público.
Representación de la evolución del universo a lo largo de 13.770 millones de años. El extremo izquierdo corresponde al momento más temprano que puede ser explorado: cuando un período de inflación produjo un extraordinario crecimiento exponencial del cosmos durante un breve instante de tiempo. Crédito: NASA/WMAP Science Team. Dominio Público.

Creado: 10.12.2025

Actualizado: 07.12.2025

Se ha dicho a menudo que el nombre “Big Bang” comenzó siendo un insulto. Eso es cierto, al menos en parte, pero es tan solo un aspecto irrelevante de la cuestión. Hay mucho más escondido en este nombre que nunca suele contarse. De ello trataremos a continuación. Tomaremos como referencia, de entrada, a William Shakespeare y a Umberto Eco.

¿Qué hay en un nombre cualquiera?

¿Qué encierra un nombre? ¿Cuál es su contenido real? ¿Qué es lo que aporta a aquello que denomina? Hay que concluir que, en general, nada en absoluto. Un nombre es tan solo una etiqueta. No cambia nunca la naturaleza ni la calidad de aquello que representa. 

Tal es la esencia del profundo discurso de William Shakespeare en su célebre obra “Romeo y Julieta”, cuando Julieta reflexiona sobre la fragante rosa que tiene ante ella:

“Eso a lo que llamamos rosa / con cualquier otro nombre olería igual de sublime”.

Fig. 1. (a) Frase de Julieta en la obra de William Shakespeare “Romeo and Julia”. (b) Portada de la primera edición del libro da Umberto Eco “Il nome della rosa”. Ambas imágenes con licencia de uso razonable.
Fig. 1. (a) Frase de Julieta en la obra de William Shakespeare “Romeo and Julia”. (b) Portada de la primera edición del libro da Umberto Eco “Il nome della rosa”. Ambas imágenes con licencia de uso razonable.

En el más reciente, y también muy celebrado título, “El nombre de la rosa”, Umberto Eco vuelve sobre la misma paradoja. La rosa, símbolo del amor y la belleza, ha desaparecido —tan solo nos queda su nombre. Los nombres sobreviven, pero su significado se desvanece. Este es un tema central en la novela de Eco: el significado de un nombre cambia con el tiempo.

Hay, entre ambas situaciones, un notable parentesco conceptual. Tanto Shakespeare como Eco exploran la tensión entre las palabras y las realidades que estas nombran. La conclusión final es clara: los nombres son solo etiquetas, simples pegatinas; incluso los que se dan a grandes teoremas o espectaculares descubrimientos. Y este importante punto será precisamente el argumento central del discurso que seguirá a continuación en torno al tan famoso concepto denominado “Big Bang.”

Aunque, antes de entrar de lleno en el tema, hay que añadir que existe un principio muy conocido ―la denominada ley de epónima de Stigler― que va mucho más allá, si cabe, al afirmar que: 

“Ningún descubrimiento científico recibe el nombre de su verdadero descubridor.”

Como toda ley, esta tiene también honrosas excepciones; aunque su propio autor no es una de ellas. Stigler siempre ha afirmado que el descubridor de esa ley no fue él, en realidad, sino el famoso sociólogo Robert Merton. Mas, por mucho que Stigler haya repetido esta verdad, ¡no ha logrado que la cambien de nombre! Es un ejemplo paradigmático y que induce a reflexión.

Otro magnífico ejemplo nos lo brinda el denominado bosón de Higgs, que de hecho debería ser llamado bosón de “ABEGHHK’tH,” por Anderson, Brout, Englert, Guralnik, Hagen, Higgs, Kibble y ‘t Hooft, cuando menos. Pues todos ellos (y a buen seguro que alguno/a más) contribuyeron muy sustancialmente a la formulación de este concepto.

Sigamos ahora ya con la pregunta. ¿Cómo recibe su nombre una teoría, o un teorema? Ha sido repetido en muchos medios, y hasta la saciedad, que el término “Big Bang” comenzó siendo un insulto. Eso es cierto, al menos en parte; pero este es tan solo un aspecto irrelevante de la cuestión. ¡Hay muchísimo más escondido ahí! Y que, por contraste, es muy poco conocido a nivel general. De eso se tratará, en lo que sigue, comenzando desde el principio: el momento preciso en que estas dos palabras, “Big Bang”, fueron pronunciadas por primera vez en la historia.

Representación de la evolución del universo a lo largo de 13.770 millones de años. El extremo izquierdo corresponde al momento más temprano que puede ser explorado: cuando un período de inflación produjo un extraordinario crecimiento exponencial del cosmos durante un breve instante de tiempo. Crédito: NASA/WMAP Science Team. Dominio Público.
Representación de la evolución del universo a lo largo de 13.770 millones de años. El extremo izquierdo corresponde al momento más temprano que puede ser explorado: cuando un período de inflación produjo un extraordinario crecimiento exponencial del cosmos durante un breve instante de tiempo. Crédito: NASA/WMAP Science Team. Dominio Público.

Y Fred Hoyle dijo: “Big Bang” 

Fue Fred Hoyle, reputado astrofísico inglés, quien el día 28 de marzo de 1949 introdujo por vez primera la expresión Big Bang. Lo hizo en el transcurso de una lección abierta sobre cosmología, que impartió en el famoso Tercer Programa de la BBC. Hoyle fue uno de los pocos científicos de su época que fue invitado a hablar en el programa siendo todavía asistente, y no aún profesor de universidad. 

Hoyle es hoy conocido, sobre todo, por su importantísima teoría de la nucleosíntesis estelar. Él fue la persona que descubrió que todos estamos hechos de polvo de estrellas. 

Al comenzar el programa de la BBC, un locutor le presentó diciendo: 

“En esta charla, Fred Hoyle nos ofrecerá argumentos para pensar que la materia está siendo creada a cada instante, de modo que el universo tiene que provenir de un pasado infinito y tendrá también un futuro infinito.” 

Y Hoyle empezó así: 

“He llegado a la conclusión de que el universo está en un estado de creación continua. … En el volumen de una botella de una pinta de leche se crea un átomo cada mil millones de años.”

Luego se refirió a las teorías cosmológicas rivales:

“Apliquemos ahora las pruebas observacionales a las teorías existentes. Observaremos que se basan en la hipótesis de que: toda la materia del universo tuvo que ser creada en un big bang en un instante particular del pasado remoto.”

En un determinado momento, sí que podría decirse que trató de ‘insultar’ a sus colegas, cuando usó el ejemplo de un escalador: “todos los caminos tomados por las otras teorías en su intento de escalar el pico terminan sin remedio en un precipicio u otro”.  

“La nueva ruta que les voy a exponer involucra la hipótesis, mucho más sencilla, de que la materia está siendo creada constantemente”.

Fig. 2. Fred Hoyle (1915-2001). Dominio público.
Fig. 2. Fred Hoyle (1915-2001). Dominio público.

En cuanto al procedimiento de creación, invocó “algunos trabajos fundamentales de H. Weyl” (en esencia, la Teoría General de la Relatividad).

Hagamos aquí un breve inciso. Hoy sabemos con certeza que, ya en 1931, el propio Einstein había estado trabajando en una teoría de este tipo. Intentó crear materia haciendo uso de la constante cosmológica. Su pretensión última era exactamente la misma que la de Hoyle: mantener al universo estacionario, pese a la recesión de las galaxias observada por Hubble en 1929. 

El manuscrito de Einstein fue encontrado (hace unos diez años), durmiendo plácidamente en un cajón. El gran genio fue incapaz de hallar un argumento convincente y nunca lo envió a publicar. 

Retomando la exposición de Hoyle, este estaba plenamente convencido de que el Big Bang que propuso—como única manera de substanciar el modelo de Gamow, Lemaître y otros—no podía haber ocurrido jamás, que era ¡del todo imposible! Y así lo expresó con claridad meridiana cuando, en tono despectivo, pronunció por vez primera en la historia las dos famosas palabras: 

“Big Bang”

El texto de su charla fue publicado en abril de 1949 en el semanario de la BBC The Listener, y republicado al año siguiente como parte de una serie de lecciones populares titulada “The Nature of the Universe”. 

Cualquiera puede acceder a toda esta información y revivir aquel momento histórico, en los términos en que efectivamente se produjo, palabra por palabra. Pero poquísimos lo han hecho y el desconocimiento total y las ideas banales y absolutamente equivocadas se difunden como una mancha de aceite, emborronando la realidad de los hechos.

Pongamos aquí los puntos sobre las íes y extraigamos las conclusiones certeras pertinentes para clarificar la cuestión, de una vez por todas. 

El significado original del término: “Big Bang”

Para empezar, el significado de “Big Bang”, estuvo completamente claro desde el principio. Y así lo defendió Hoyle hasta su muerte, ocurrida en agosto de 2001. Se trata, ni más ni menos, del concepto que hoy es conocido con el nombre de inflación cósmica. 

Aunque tan solo unos pocos, solo aquellos que estaban familiarizados a fondo con la Teoría General de la Relatividad (TGR) ¡pudieron entenderle! Eso es, entender a la vez la teoría que Hoyle defendía de la creación continuada de materia en pequeñísimas proporciones, y la de la creación, de golpe, de toda la materia del universo (o casi) en un brevísimo instante de tiempo. Ambas se antojan difíciles de comprender, pero es que la segunda parece ya del todo imposible, como con gran razón defendía el propio Hoyle. 

Fig.  3. Fotografía de los años 1930 de Georges Lemaître (1894-1966). Dominio público.
Fig. 3. Fotografía de los años 1930 de Georges Lemaître (1894-1966). Dominio público.

La materia/energía puede ser creada, de hecho, en la TGR a partir de una expansión, de una dilatación del mismísimo tejido del espacio (una presión negativa que afecta a las coordenadas espaciales). Eso resulta muy difícil de explicar en un par de líneas, aunque este autor lo ha intentado ―usando un poco más de espacio y tiempo― en sus lecciones en YouTube y en varios libros y artículos de divulgación (véanse las referencias de más abajo).

Lo que ocurrió, en definitiva, fue que la gran mayoría de los radio-oyentes se quedaron de hecho con la falsa imagen que Hoyle intentaba combatir a toda costa. Eso es, la tremenda explosión del átomo primordial o huevo cósmico de Lemaître, que esparció todo su contenido de materia y energía por el resto del Universo. Esta imagen es absolutamente errónea, no se corresponde en lo más mínimo con la realidad física, pero resulta mucho más fácil de “entender” o digerir. Aunque en este punto sí que habría que culpar a Hoyle, puesto que el nombre que le dio, las palabras Big Bang inducen inmediatamente a confusión (como no se cansa nunca de lamentar el Premio Nobel Jim Peebles). 

Y eso nos retrotrae de lleno al comienzo del tema. Recordemos: la denominación, el nombre hay que tomarlo de entrada como una simple etiqueta sin sentido directo, sin relación alguna con el contenido de lo que denomina. ¡Jamás habría que intentar deducir el contenido nombrado a partir del nombre que lleva! 

Veamos todavía un ejemplo más claro, si cabe. Desde hace unos años sabemos con certeza que el “teorema de Pitágoras» no lo descubrió Pitágoras. Era conocido ya mil años antes de que Pitágoras naciese. Pero el nombre sigue ahí, nadie ha intentado cambiarlo. Lo que sí que hay que entender claramente es que se trata de una mera etiqueta y poco más. Este es, tomemos buena nota, el primer paso: consideraremos, a partir de ahora, la denominación “Big Bang” como una simple etiqueta.

Big Bang original = inflación cósmica

El reputado escritor John Gribbin, en el obituario tardío que dedicó a Hoyle— con el bellísimo título: “Stardust memories” y que apareció en el diario The Independent del viernes 17 de junio de 2005— afirmó que Fred Hoyle sería a buen seguro recordado como el principal promotor de la hoy desacreditada Teoría de Estado Estacionario del Universo. Pero añadió también esta importante reflexión:

“Todo el mundo sabe que la teoría rival, la del Big Bang, triunfó en la batalla de las cosmologías; pero muy pocos (ni siquiera los astrónomos) conocen que el formalismo matemático de la versión actual del Big Bang, denominada inflación, es idéntico al de la versión de Hoyle del modelo de Estado Estacionario.”

Tal formalismo hace uso de la TGR, de las Ecuaciones de Friedmann, etc., como ya ha sido esbozado antes. Ha quedado claro también que se trata, en efecto, del mismo mecanismo para la creación de materia y energía, en ambos casos. En su obituario, Gribbin dio, pues, exactamente en el clavo.

Fig.  4. George Gamow (1904-1968) fumando un cigarrillo. Wikipedia. Uso honesto.
Fig. 4. George Gamow (1904-1968) fumando un cigarrillo. Wikipedia.

Y rememorando su tan acertado título, es imposible dejar de traer a colación la cita que George Gamow, científico excepcional y con un gran sentido del humor, dedicó a Hoyle. En el capítulo “New Genesis” de su autobiografía “My World Line: An Informal Autobiography” (publicada póstumamente en 1970), Gamow se refiere a Hoyle en estos solemnes términos:

“Dios estaba muy decepcionado y quiso primero contraer el universo y comenzar de nuevo desde cero. Pero eso habría sido demasiado simple. Así que, como era todopoderoso, Dios decidió corregir su error de la manera más imposible.

Y dijo Dios: «Que exista Hoyle». Y existió Hoyle. Y Dios miró a Hoyle… y le dijo que creara elementos pesados ​​como quisiera. Y Hoyle decidió crearlos ​​en las estrellas y esparcirlos mediante grandiosas explosiones de supernovas.”

De este modo, Dios pudo rematar su obra. Estos son los maravillosos, los tan incomparables fuegos de artificio del Universo a los que Georges Lemaître, otro de los protagonistas de nuestra historia, se refería en tantas ocasiones. Y que ahora sabemos ―gracias al telescopio espacial JWST― que comenzaron mucho más temprano de lo que creíamos hasta hace poco a modelar la evolución del cosmos. ¡Nuestros tres protagonistas unidos por tan espectacular belleza cósmica, incomparable!

Otra vuelta de tuerca: la secuencia detallada de los hechos

1. George Gamow, científico (como se ha dicho) tan brillante como chistoso, adoptó a propósito la (insultante) expresión “Big Bang”, para dar nombre a su teoría (la de Lemaître-Alpher-Gamow-Herman-…).

2. Hasta 1981, con la llegada de la inflación de Guth, la teoría del Big Bang (originada en 1927, en el ahora famoso artículo de Lemaître, en francés, publicado en una irrelevante revista belga), ¡no contenía ningún Big Bang!

3. Alan Guth, Andrei Linde y otros insertaron el Big Bang en ella (la inflación).

4. Ese era exactamente el Big Bang (basado en la TRG) ¡¡¡que Hoyle dijo acertadamente que le faltaba a la teoría!!! Hoyle defendió este punto hasta el día de su muerte.

5. Importantísimo. Además de crear la materia/energía, la inflación (el verdadero Big Bang), resolvió también todos los otros grandes problemas del modelo: homogeneidad, causalidad, ausencia de monopolos, etc.

Fig. 5. Alan Guth (1947-). Crédito: Deanne Fitzmaurice/National Geographic Image Collection/Alamy.
Fig. 5. Alan Guth (1947-). Crédito: Deanne Fitzmaurice/National Geographic Image Collection/Alamy.

6. En definitiva, fue la introducción del verdadero Big Bang, la inflación, lo que completó y dio sentido físico al modelo de Big Bang.

7. El nombre Big Bang es muy desafortunado (Jim Peebles dixit). Como todo nombre, debe ser entendido tan solo como una simple etiqueta, nada más.

8. El “Bang” es una expansión, un breve pero intensísimo soplido que ensanchó el tejido del espacio, afectando al Universo por entero (no una explosión en algún lugar). 

9. Fue ciertamente Big, enorme, de acuerdo con el número de e-folds (70 o más) que se expandió el Universo en un tiempo infinitesimal. 

10. En resumen: el modelo de Big Bang obtuvo su nombre a partir de una crítica cínica de Hoyle, que dijo (con toda la razón del mundo) que faltaba en él una etapa tan esencial como imposible: ¡un Big Bang! Cuando este fue incorporado al mismo, de manera consistente, quedó ya un modelo como Dios manda. Más claro, el agua.

11. Aunque, resulta ineludible mencionar, que la acepción más extendida universalmente de “Big Bang,” a día de hoy, es como “singularidad del Big Bang.” Fruto de los importantes trabajos de Roger Penrose, Stephen Hawking y otros, que demostraron que la TGR conduce inevitablemente a una singularidad matemática en el mismísimo origen del cosmos. A la cual se ha bautizado como “singularidad del Big Bang” (detalles en las referencias).

12.  Pero, como el propio Hawking reconoció siempre en su página web personal, la TGR no es válida ni siquiera ya a escalas subatómicas; y mucho menos aún en el origen del Universo. Lo que la singularidad nos indica claramente es que se necesita una nueva física que aún no poseemos, más allá de la TGR y de las teorías de campos cuánticos.

Conclusión

  • Durante 50 años, el modelo de Big Bang no incluyó un Big Bang. Y ello hizo que se acumulasen muchísimos problemas (aparte de que, de entrada, carecía de completitud, de sentido físico).
  • En 1981 el Big Bang (inflación cósmica) fue incorporado al modelo de Big Bang. Lo que ¡resolvió todos los problemas!
  • La última etapa, todavía pendiente, será demostrar con rigor que el Big Bang de hecho ¡tuvo lugar!
  • Un término más apropiado (en opinión del autor) sería Big Blow: breve soplo poderoso que ensancha súbitamente el tejido del espacio (digamos la superficie 3-dimensional de una esfera o elipsoide 4-dimensional, el espacio-tiempo cósmico).  
  • Advertencia final: actualmente, cuando se habla de “Big Bang”, sin más, lo más probable es que uno se esté refiriendo a la “singularidad del Big Bang”.
  • Y es que hoy en día la etiqueta “Big Bang” se utiliza en varios contextos: (a) Singularidad Big Bang; (b) como el equivalente a inflación cósmica; (c) hablando del modelo cosmológico de Big Bang; (d) como nombre de un popular programa de la TV; …
¿Qué significa Big Bang?

Referencias

  • Elizalde, E. (2021). The True Story of Modern Cosmology: Origins, Main Actors and Breakthroughs. Springer. 
  • Elizalde, E. (2020). Cosmología moderna: desde sus orígenes; Catarata, Ed.; Col. Física y Ciencia para todos (Real Sociedad Española de Física y Fundación Ramón Areces): Madrid.
  • Elizalde, E. (2022). Alan Guth y su extraordinaria propuesta de inflación cósmica. Revista Española de Física, 36(1). 36-1, 1, 2022.
  • Elizalde, E. (2023). Singularidades matemáticas en los confines del Universo. Revista Española de Física, 37(3), 13. 37-3, 13, 2023. 
  • Vidas Ajenas. (2025). Claves para entender el Universo: Lección Magistral de un Cosmólogo y Matemático. Dr. Emilio Elizalde [Video].  https://www.youtube.com/watch?v=p5WJ99Ub3ls

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