Que la inteligencia artificial está revolucionando el panorama de la industria de la traducción y los servicios lingüísticos no es ningún secreto. Y tampoco lo es que el debate sobre la compatibilidad y feliz convivencia entre los algoritmos y los traductores y traductoras humanos está acaparando la atención en todos los foros del sector profesional y académico. En este sentido, muchas de las voces de autoridad de este y otros ámbitos parecen apuntar a un consenso sobre uno de los mayores límites que aún tiene la máquina a la hora de generar productos y servicios aceptables para otros humanos: las emociones. Si algo mantiene la preferencia por la atención humana a la hora de contratar un servicio, es nuestra necesidad de conexión emocional.
Por tanto, en el caso de la traducción, cabe preguntarse: ¿de qué forma pueden los traductores humanos explotar su preciado potencial emocional? ¿existe alguna forma de estimularlo? Esta fue, de hecho, una de las preguntas clave de una tesis doctoral que pretendía determinar si la clave podía estar en traducir con música. El objetivo de la tesis era verificar empíricamente si la música de fondo podía constituir un estímulo emocional lo suficientemente poderoso como para llevar a los traductores humanos a producir textos de mayor calidad (véase Naranjo, 2017). Aunque esta investigación se ha centrado, de momento, en comparar solo traducciones humanas producidas con música de fondo y en silencio, quedando aún pendiente la comparación con la máquina, los primeros estudios ya han arrojado resultados interesantes.

Traducir con banda sonora: efecto dominó entre sentir, pensar y recrear
La relación entre música y traducción ofrece un punto de comparación especialmente revelador para analizar las diferencias entre la traducción humana y la traducción automática. Mientras que la traducción humana es un proceso que puede verse profundamente influido por factores cognitivos, emocionales y sensoriales, la traducción automática se limita a operar mecánicamente mediante algoritmos que procesan patrones lingüísticos sin verse afectada su forma de procesamiento. Y, aunque esto pueda verse como una ventaja, lo cierto es que a menudo traducir implica tomar decisiones que no son puramente lingüísticas, sino también estéticas y afectivas, a las que solo puede llegar alguien que, verdaderamente, se haya dejado atravesar por la emoción. Si el impacto emocional no ocurre espontáneamente al exponerse al texto, se ha demostrado que la escucha musical puede favorecer la inmersión, estimular la imaginación o facilitar la conexión con los personajes y situaciones del texto original, algo de lo que, por el momento, únicamente puede beneficiarse un humano.
La tesis doctoral de la que hablábamos antes pretendía precisamente demostrar la utilidad de la música como herramienta para “sumergirse” en el texto. Antes de esta tesis, hacía ya décadas que se venía investigando el poder de la música como estímulo emocional capaz de favorecer la inspiración en actividades como la lectura y la escritura creativas con resultados prometedores, que hoy en día se han consolidado en nuevas publicaciones (Hallam y Godwin, 2015; Andreou y Gkantaki, 2025; Que y Hu, 2025; Shen y Hu, 2025).
Estos hallazgos fueron de gran relevancia para la traducción puesto que traducir lleva aparejadas las tareas de lectura y reescritura del texto original en otra lengua, con lo que ya apuntaban a que la escucha musical podía influir en el proceso traductivo de diversas formas.
Por otra parte, también existían diversas investigaciones que sugerían el impacto de la escucha musical en la concentración, la evocación emocional y la imaginación, factores clave de la inspiración artística. Aunque la inspiración puede parecer un concepto difícil de delimitar científicamente, sentirse inspirado no es solo una impresión subjetiva y no verificable, sino un fenómeno experiencial bien documentado e incluso medible hoy en día, conocido como transportación psicológica (Gerrig, 1993; Green y Brock, 2000; Busselle y Bilandzic, 2009). Esta experiencia consiste en una inmersión profunda en el mundo sensorial o narrativo que se nos presenta delante. No es extraño, por tanto, que esta práctica haya recibido especial atención en el ámbito de la escritura y traducción literarias.

Sobre la base de todos estos trabajos previos, se formuló primero una teoría sobre los potenciales beneficios que podía tener traducir con música de fondo. Dicha teoría fue publicada en un artículo que hacía un guiño a la famosa canción de Nirvana con el título “Musical Stairways to Creativity Heavens” (Naranjo, 2022), evocando la idea de que la exposición a ciertas melodías puede ir conduciendo al traductor hacia un estado mental que le permita alcanzar su potencial creativo. En este artículo se desarrolla la idea de que este aumento de creatividad de la mano de la música se debe, en realidad, a una especie de efecto dominó que se produce entre emociones, percepción y pensamiento.
Sirviéndonos de una analogía con las ciencias puras, si pensamos en el proceso de traducir con música como si fuese una reacción química, la música actuaría en este caso como un catalizador para la creatividad traductiva. La reacción comenzaría con la exposición del traductor al texto original y a una banda sonora emocionalmente congruente con su contenido. Esta exposición simultánea a dos estímulos que se complementan artísticamente da lugar a la experiencia de la transportación psicológica o inmersión narrativa, gracias, por una parte, a que se activa nuestra capacidad de visualizar o imaginarnos el contenido del texto y, por otra, a la implicación o conexión emocional que desarrollamos con las situaciones o personajes que ahí se describen.
Y, por último, se ha demostrado que esta combinación de imágenes mentales y emociones que nos transportan mentalmente al universo del texto dan lugar a un aumento de la creatividad en nuestra expresión verbal. Esta sería la explicación científica de que muchos traductores y escritores hayan utilizado frecuentemente la música como herramienta aliada para la inmersión y la inspiración.

La conexión emocional con el texto que despierta la música es, además, muy curiosa porque está basada en un tipo de emociones distintas a las que experimentamos cuando interactuamos con otras personas o situaciones en nuestra vida cotidiana. Se trata de las denominadas “emociones estéticas” que son aquellas que se despiertan en nosotros, los humanos, cuando percibimos belleza en nuestro entorno, ya sea a través de un canal auditivo, visual o multimodal. Las obras artísticas de cualquier naturaleza, desde una película o un concierto hasta un paisaje o la arquitectura de un lugar, han sido asociadas a estas reacciones estético-afectivas (Juslin, 2013; Menninghaus et al., 2019; Schindler et al., 2017), que incluso pueden dar lugar al conocido síndrome de Stendhal en personas muy sensibles.
Pero es que, aparte de la emoción estética, si además de belleza, el producto artístico nos presenta personajes en determinadas situaciones, es muy probable que la música nos lleve también a sentir mayor empatía con ellos.
Es este cóctel de emociones estéticas y reacciones empáticas lo que se pensó que llevaría al traductor a sumergirse en el texto y recrearlo en otra lengua con mayor acierto. Por tanto, una vez desarrollada esta teoría de la reacción en cadena o efecto dominó sobre los efectos de la música en traducción, el paso siguiente consistía en ponerla a prueba: comprobar si la hipótesis se confirmaba en condiciones experimentales y determinar con qué tipo de textos y música funcionaba.
De la teoría a la práctica: resultados experimentales de traducir con música
Para comprobar la teoría de la reacción en cadena, un grupo de traductores en formación tradujo dos fragmentos literarios en los que se representaban escenas de dos emociones opuestas: felicidad y tristeza. En un primer estudio, los participantes tradujeron bajo dos condiciones acústicas: traducción con banda sonora y traducción en silencio. Más tarde, se compararon también los efectos de una banda sonora acorde o no acorde a la situación emocional representada en el texto. Así, mientras traducían, los sujetos escuchaban música congruente (melodías alegres para el texto feliz y música melancólica para el texto triste), incongruente (feliz con triste, triste con feliz) o trabajaban en silencio.
Los estímulos musicales fueron cuidadosamente seleccionados para evitar efectos indeseables y potenciar aquellos deseables. Así, por ejemplo, se garantizó que los sujetos no estuviesen familiarizados con la música empleada. Además, se aseguró que las piezas elegidas no solo eran representativas de la emoción básica con la que se pretendía trabajar (felicidad o tristeza), sino que se garantizaba la congruencia afectivo-situacional con los textos, es decir, que se lograba un verdadero “efecto banda sonora” para la escena descrita en el texto que pudiera favorecer la inmersión narrativa. Cabe resaltar también que la música siempre era instrumental para evitar la desconcentración y la sobrecarga cognitiva con más estímulos verbales, ya que, al tratarse de traducción, lo lingüístico formaba parte de la tarea que se pedía a los sujetos.

¿Se pudo demostrar la teoría de la reacción en cadena? Sí, aunque solo parcialmente. Los hallazgos más concluyentes se dieron con la música congruente triste (Naranjo, 2018; 2020; Naranjo y Rojo, 2021). Y es que las pruebas estadísticas revelaron que las traducciones producidas bajo los efectos de la banda sonora triste eran significativamente más creativas. Los participantes que trabajaban con música tendían a producir soluciones de traducción más variadas y, en algunos casos, más expresivas, sugiriendo que la música puede estimular la exploración de alternativas y la toma de decisiones menos rígidas.
¿A qué se debió? Como sospechábamos, la mayoría de ellos afirmaron haberse sumergido más en el texto y haber sentido mayor empatía con los personajes cuando traducían con música que cuando lo hacían en silencio.
¿Por qué no se dio esta reacción con la música feliz? La explicación más plausible la encontramos en numerosos estudios previos (Oliver, 1993; Garrido y Schubert, 2011; Keen, 2007) que apuntan a que la reacción emocional que se experimenta cuando nos exponemos a estímulos artísticos que pretenden evocar tristeza es mucho más potente que cuando nos exponemos a aquellos que evocan alegría o felicidad. De hecho, esto se ha demostrado tanto en musicología como en el campo de la narrativa.
Conclusión
La relación entre música y traducción abre una ventana a la dimensión más humana del trabajo traductor. Lejos de ser una actividad puramente técnica, traducir implica pensar, pero también sentir y recrear. La investigación aporta evidencia empírica que respalda algo que ya se intuía: la música, como estímulo emocional, puede influir en este proceso de formas sutiles pero significativas. Los resultados sugieren que la empatía inducida por la música puede beneficiar la toma de decisiones del traductor, permitiéndole encontrar expresiones más profundas y creativas en su lengua de destino.
Traducir es, a menudo, recrear mundos, y la música puede ser una compañera valiosa en ese viaje si comprendemos cómo sacarle partido.
No obstante, cabe precisar que no se trata de un efecto uniforme ni universal, sino de un conjunto de modulaciones que dependen del tipo de música, del tipo de texto y de las características individuales de cada traductor. Comprender estos matices no solo ayuda a mejorar la práctica profesional, sino que también invita a reflexionar sobre la naturaleza misma de la traducción.
¿Podría, entonces, la música convertirse en una herramienta para la humanización de la traducción?
Por el momento, esta pregunta sigue abierta ya que aún no se ha comparado la calidad de una traducción automática con la traducción humana producida bajo los efectos de la música de fondo. Aunque quizás, como opinan muchos expertos, el enfoque más interesante no sea tanto el de concebir la traducción como una lucha entre humano y máquina, sino más bien de comprender que, tanto la música como la inteligencia artificial, pueden ser herramientas al servicio de la traducción profesional.
Lo que sí pone de manifiesto esta investigación es que, además de servir para adornar el espacio de trabajo, los traductores, escritores y artistas pueden incorporar la música de forma consciente y selectiva a su flujo creativo para despertar y generar emociones ya que es precisamente ahí, en la conexión emocional, donde aún reside el verdadero valor humano frente a la automatización desalmada.
*Este artículo no ha sido escrito con Chat GPT, sino con banda sonora.
Fuentes/Referencias:
- Andreou, G., y Gkantaki, M. (2025). An eye tracking study on text comprehension while listening to music: Preliminary results. Applied Sciences, 15(7), 3939. https://doi.org/10.3390/app15073939
- Busselle, R., y Bilandzic, H. (2009). Measuring narrative engagement. Media Psychology, 12(4), 321–347.
- Garrido, S., y Schubert, E. (2011). Individual differences in the enjoyment of negative emotion in music: A literature review and experiment. Music Perception, 28(3), 279–296. https://doi.org/10.1525/mp.2011.28.3.279
- Gerrig, R. (1993). Experiencing narrative worlds. Yale University Press.
- Green, M. C., y Brock, T. C. (2000). The role of transportation in the persuasiveness of narratives. Journal of Personality and Social Psychology.
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- Keen, S. (2007). Empathy and the novel. Oxford University Press.
- Menninghaus, W., Wagner, V., Wassiliwizky, E., Schindler, I., Hanich, J., Jacobsen, T., y Koelsch, S. (2019). What are aesthetic emotions? Psychological Review, 126(2), 171–195.
- Naranjo, B. (2017). La influencia de la música sobre la calidad y la creatividad en traducción literaria (inglés–español, inglés–italiano): Una aproximación estético‑psicológica (Tesis doctoral). Universidad de Murcia.
- Naranjo, B. (2018). Moving music for moving source texts: The influence of emotional music in translation performance. Translation, Cognition y Behavior, 1(2), 319–340. https://doi.org/10.1075/tcb.00014.nar
- Naranjo, B. (2020). Can music inspire translators? Using background music as a trigger for narrative engagement in literary translation. Translation and Interpreting Studies, 15(2), 280–303. https://doi.org/10.1075/tis.18018.nar
- Naranjo, B. (2022). Musical stairways to creativity heavens: A chain-reaction theory about the benefits of background music in literary translation. Onomázein, 57, 120–141. https://doi.org/10.7764/onomazein.57.07
- Naranjo, B., y Rojo López, A. M. (2021). In and out of tune: The effects of musical (in)congruence on translation. Target, 33(1), 132–156. https://doi.org/10.1075/target.19076.nar
- Oliver, M. B. (1993). Exploring the paradox of the enjoyment of sad films. Human Communication Research, 19, 315–342.
- Que, Y., y Hu, X. (2025). Enhancing learners’ reading comprehension with preferred background music: An eye tracking, EEG, and heart rate study. Reading Research Quarterly, 60(2), e70004.
- Schindler, I., Hosoya, G., Menninghaus, W., Beermann, U., Wagner, V., Eid, M., y Scherer, K. R. (2017). Measuring aesthetic emotions: A review of the literature and a new assessment tool. PLOS ONE, 12(6), e0178899. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0178899
- Shen, X., y Hu, X. (2025). Effects of background music tempo and mode on reading comprehension: The mediating role of emotions. Instructional Science, 53, 1071–1093. https://doi.org/10.1007/s11251-025-09728-5




