Todos sabemos lo que es pasar hambre. En algún momento de nuestras vidas lo hemos experimentado, a muy baja intensidad, quizás por saltarnos una comida o por demorarnos en la ingesta de alimentos. Pero este no es el tipo de hambre del que vamos a hablar en este artículo. Sufrir hambre de manera prolongada tiene consecuencias deletéreas para la salud y, cuando afecta a un colectivo, puede desencadenar una crisis humanitaria a la que denominamos de manera genérica como “hambruna”, en la que se disparan las tasas de morbilidad y mortalidad de la población que la sufre.
La inseguridad alimentaria extrema (que es el término preciso con el que nos referirnos a las hambrunas) es una de las manifestaciones más duras de la vulnerabilidad humana y de la pobreza. Según el informe Hunger Hotspots 2025 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), hay 13 países (casi todos africanos) donde la población sufre un deterioro significativo de los ya altos niveles de inseguridad alimentaria, poniendo en riesgo sus vidas y sus medios de subsistencia (FAO y PMA, 2025). Este alarmante dato contrasta dolorosamente con la reiterada aseveración de Naciones Unidas (NNUU, 2025) de que disponemos de suficiente comida para alimentar a toda la población mundial.
Entonces, si disponemos de suficientes alimentos, ¿por qué en el siglo XXI siguen muriendo personas a causa del hambre? Existen diversas teorías que explican por qué se producen las hambrunas; dos de las más extendidas son el enfoque sobre la reducción en la disponibilidad de alimentos (FAD, por sus siglas en inglés) y el enfoque político.
El enfoque FAD sugiere que las hambrunas son provocadas por reducciones drásticas en la disponibilidad de alimentos, generalmente debido a shocks climáticos como sequías e inundaciones, que dañan los cultivos y detienen la producción de alimentos en lugares muy concretos del Planeta y en momentos puntuales. Ahora bien, esta explicación no resulta del todo congruente por cuanto hay países, como España, que sufren sequías e inundaciones recurrentes que no desencadenan hambrunas.
Para superar esta limitación explicativa surge una teoría alternativa: el enfoque político sobre las hambrunas, que sostiene (y denuncia) que dichas crisis humanitarias están provocadas por las decisiones políticas que toman los gobiernos. Tristemente, la historia de la humanidad está plagada de ejemplos de “hambrunas provocadas por el hombre”, ya sea por negligencia (como la Gran hambruna china, desencadenada por la estrategia de modernización e industrialización del Gran salto adelante, entre 1959 y 1961); o por el uso del hambre como arma de guerra, para someter o exterminar a un pueblo (como ha sucedido en las recientes guerras en Siria y Gaza).
Ambas explicaciones tienen su parte de verdad, pero lo cierto es que las hambrunas del siglo XXI no tienen una única causa…
El caso de Somalia
Recientemente la revista Food Security ha publicado una ambiciosa investigación que contó con el apoyo económico de la Fundación BBVA. El artículo Do spatial spillovers in food insecurity exist within a country? An analysis of droughts, conflicts, and livelihoods in Somalia analiza el caso de la República Federal de Somalia, uno de los estados más vulnerables a la inseguridad alimentaria. Se trata de un país del cuerno de África habitado mayoritariamente por pastores, con un clima muy árido, donde son frecuentes los periodos de sequías, muchas veces interrumpidos por lluvias torrenciales y graves inundaciones. Asimismo, se trata de uno de los estados más “frágiles” y corruptos del mundo, y está inmerso en una espiral de violencia desde su independencia, en 1960. Por todo ello, Naciones Unidas considera que Somalia es uno de los 46 “países menos adelantados”.
Esto implica que la población somalí ha sufrido varias situaciones de emergencia alimentaria en las últimas décadas. En el año 2011, la FAO declaró, por primera vez y de forma oficial, el estallido de una hambruna en el sur de Somalia.
El clima es especialmente adverso en esta región del plantea, con frecuentes periodos de sequía. El siguiente gráfico muestra un índice estandarizado de precipitaciones en Somalia desde 1982. Las barras azules indican meses húmedos, en los que a veces se registran graves inundaciones; las barras rojas indican periodos de sequías. Cuando la barra roja alcanza el -1 es indicativo de una sequía moderada, y cuando llega a -2 se trata de una sequía severa.

El estudio publicado en Food Security trata de arrojar luz sobre las causas de la inseguridad alimentaria extrema que sufre recurrentemente Somalia. Para una mayor rigurosidad y detalle, la unidad espacial de análisis son los distintos distritos que forman Somalia (74 en total), lo que equivaldría a los municipios en España.
Los datos
Somalia es un Estado frágil y eso significa que el Estado no recopila datos, y mucho menos al nivel de los distritos, lo que dificulta enormemente analizar este país.
Para suplir esta limitación estadística, y dada la gravedad de la hambruna sufrida en 2011, la FAO creó una unidad especial para monitorizar e intentar prevenir la emergencia de otras hambrunas en Somalia (la Unidad de Análisis de Seguridad Alimentaria y Nutrición para Somalia, FSNAU por sus siglas en inglés). Esta institución sirvió de embrión para un proyecto más ambicioso y a escala global, la Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), que mide los niveles de inseguridad alimentaria de los países o regiones menos desarrolladas del mundo con el ánimo de alertar, de manera temprana, del estallido de posibles hambrunas (IPC Global Partners, 2024).
Una situación de inseguridad alimentaria ocurre cuando las personas pierden el acceso seguro a una cantidad suficiente de comida sana y nutritiva para un desarrollo normal, así como para disfrutar de una vida saludable y activa (FAO, 2025). Para medir la inseguridad alimentaria, el IPC Global Partners identifica las cinco fases que se muestran en el siguiente gráfico. La población que se ubica en las tres últimas fases se considera que sufre “inseguridad alimentaria extrema”.

En la investigación sobre Somalia se emplearon los datos de precipitaciones elaborados por el Climate Hazards Center (2024), que desde la década de 1980 registra las precipitaciones en todas las regiones del planeta a partir de la información suministrada por los satélites de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Asimismo, se utilizó la información del Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala (UCDP, 2025) acerca de las víctimas mortales producidas a causa de los conflictos armados.
¿Qué provoca las hambrunas en Somalia?
Siguiendo las dos teorías antes comentadas, ¿las periódicas hambrunas sufridas por Somalia se deben a reducciones drásticas de la oferta alimentaria o son consecuencia de decisiones políticas? Según nuestra investigación, la inseguridad alimentaria experimentada por la población somalí en los últimos años tiene múltiples causas, tanto naturales (relacionadas con la aridez del clima), como humanas (relacionadas con la guerra, la fragilidad y la corrupción del Estado).
En esencia, ambos enfoques explican la hambruna en Somalia. El siguiente gráfico muestra los niveles de inseguridad alimentaria en Somalia en los últimos años.

Fuente: Tezanos-Vázquez y Sánchez-Martí (2026)
La investigación ofrece algunos resultados útiles para el diseño de políticas públicas encaminadas a prevenir y mitigar las hambrunas en Somalia. Cuando se produce una sequía moderada, la inseguridad alimentaria aumenta 6,22 puntos porcentuales. Es decir, en un país como Somalia, donde la inseguridad alimentaria extrema afecta aproximadamente al 20% de la población, la irrupción de una sequía moderada eleva dicha ratio hasta el 26,2% (manteniendo los demás factores constantes). En caso de una sequía severa, el efecto resulta aún más devastador: el porcentaje de inseguridad alimentaria extrema alcanzaría al 32,4% de la población.
Otro resultado interesante es la compleja relación que existe entre la guerra y los niveles de inseguridad alimentaria. En Somalia, los conflictos armados siguen sus propias reglas de manera tal que hay distritos con elevadas tasas de mortalidad por conflictos (por estar cerca de la disputada capital del país) pero sin riesgo elevado de hambruna, mientras que otros distritos más tranquilos del país soportan altos niveles de inseguridad alimentaria.
Esta aparente disociación se debe a los desplazamientos internos. La población forzosamente desplazada que huye de la guerra conforma un “cinturón de transmisión” que contribuye a diseminar la hambruna por los distritos a donde emigra. Este efecto se agrava en los entornos rurales, cuya población es víctima de la toma violenta de sus tierras y el robo de sus cultivos y ganado, forzándoles muchas veces a migrar en condiciones extraordinariamente vulnerables. Para colmo, los ataques a los entornos rurales (donde se producen los alimentos) reducen la oferta alimentaria del país y agravan la inseguridad…
Los modelos econométricos empleados muestran también que los distintos distritos compiten entre sí por captar la poca Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) que llega al país. En algunos casos, dicha ayuda es reasignada desde los distritos con niveles moderados de inseguridad alimentaria hacia otros con niveles más severos de inseguridad, lo que tiende a agravar la situación de los primeros.
En conjunto, cuando se produce un incremento de la inseguridad alimentaria en un distrito, se estima que se produce un aumento tres veces superior en los distritos vecinos. Es decir, la hambruna se propaga como una enfermedad contagiosa; técnicamente se habla de un “efecto derrame” (spill over, en inglés), que dificulta enormemente la mitigación de las hambrunas.
¿Y cómo podría mejorar Somalia sus niveles de seguridad alimentaria?
Dada la interdependencia que existe en términos de inseguridad alimentaria entre los distritos de Somalia, es imperativo que las acciones humanitarias estén muy bien coordinadas geográficamente. De cumplirse este requisito de coordinación, es necesario incrementar la asistencia humanitaria al país, y redoblar los esfuerzos para construir sistemas alimentarios más resilientes a los shocks climáticos.
Obviamente la gran rémora para el desarrollo de Somalia es el enquistado conflicto armado. Su resolución requerirá el apoyo decidido de la comunidad internacional, así como avanzar en un proceso de construcción de la paz y la democracia que dé esperanzas de futuro a este país olvidado del Cuerno de África.






