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Ni tan rápidos ni tan fuertes: así pudo haber evolucionado el metabolismo humano

Durante millones de años el cuerpo humano ha tenido que gastar energía de forma estratégica. Algunas especies del árbol evolutivo pudieron incrementar sus necesidades energéticas diarias sin comprometer su supervivencia, otras pudieron reducirlas. El metabolismo no siempre avanzó en línea recta: para algunos, la clave de la supervivencia fue saber gastar menos.

Creado: 13.02.2026

Actualizado: 17.02.2026

Un motor que no siempre fue el mismo

Desde los primeros homininos hasta el ser humano moderno, nuestro cuerpo ha cambiado mucho más que de aspecto. Bajo la piel, el metabolismo, la maquinaria que mantiene la vida, ha evolucionado ajustando el equilibrio entre el gasto y la conservación de energía.

Durante décadas se pensó que el secreto del éxito evolutivo humano residía en un metabolismo acelerado, capaz de sostener un cerebro cada vez mayor y un estilo de vida más activo. Pero los datos más recientes cuestionan esta idea. Tal vez no fuimos siempre más rápidos ni más fuertes, sino más flexibles: a lo largo de nuestra historia, el gasto energético pudo aumentar o ralentizarse en función del contexto ecológico, climático y social. Un estudio publicado en la revista Historical Biology (Prado-Nóvoa et al., 2025) explora cómo pudo cambiar el metabolismo humano en los últimos dos millones de años, integrando ecuaciones predictivas modernas, evidencias fósiles y modelos de gasto energético. Los resultados invitan a repensar el papel del metabolismo en la evolución humana: la eficiencia siempre ha sido la clave de nuestra supervivencia

El precio energético de ser humano

Ser humano es caro desde el punto de vista energético. Mantener el cerebro —un órgano que consume en torno al 20% de la energía total— requiere un suministro constante de combustible.
A esto hay que añadir un cuerpo de tamaño considerable, el mantenimiento de la temperatura corporal en un cuerpo que camina erguido y la inversión en reproducción y cuidado social.

Durante mucho tiempo, se asumió que la única manera de sostener todos esos costes a lo largo de la evolución había sido aumentar las calorías que nuestro cuerpo necesitaba para sobrevivir. Estudios con la técnica del agua doblemente marcada (Doubly Labeled Water, DLW) demostraron que los humanos modernos gastan más energía total que otros grandes simios, pero no únicamente porque seamos más activos, sino porque nuestro metabolismo funciona a un ritmo más rápido incluso en reposo (Pontzer et al., 2016). En otras palabras, quemamos más energía para mantener el mismo tamaño corporal, lo que sugiere una trayectoria evolutiva del sistema energético del género Homo diferente al de otros primates.

Aceleraciones y ralentizaciones en el tiempo: energía dentro y fuera del cuerpo

El estudio publicado por la Dra. Prado Nóvoa y colaboradores propone que la evolución del metabolismo no fue lineal, sino marcada por pulsos de aceleración y fases de desaceleración.
Por ejemplo, hace unos dos millones de años, con la aparición de Homo erectus, se produjo una expansión corporal y cerebral que se acompañó de un aumento del gasto energético. Ese metabolismo más alto se pudo sostener gracias a los cambios tecnológicos y sociales que pudieron acompañar a esa expansión cerebral. Ser más grande tenía entonces ventajas adaptativas.

Sin embargo, otros momentos de nuestra historia pudieron ir en sentido “contrario”.  Otras especies del género Homo, a partir del Pleistoceno Medio, combinando el desarrollo de herramientas, el dominio del fuego y una organización social más compleja, pudieron ser más eficientes al utilizar energía externa, lo que los investigadores llamaron energía exosomática. Al usar mejor esa energía externa, esas especies pudieron depender menos de su metabolismo interno y se redujo el tamaño corporal sin que esto afectase a la supervivencia de esos individuos. Al reducirse el tamaño corporal, se redujeron las calorías que esas especies necesitaban para vivir día a día.

En este sentido, el metabolismo humano puede ser un motor flexible, capaz de adaptarse a las condiciones del entorno sin perder funcionalidad. No somos una especie diseñada para ir siempre “a toda velocidad”, sino para ajustar el ritmo en función de los recursos disponibles y, sobre todo, de lo que somos capaces de hacer con ellos.

Menos extremos de lo que creíamos: lo que dice nuestro metabolismo sobre nosotros

Las evidencias fósiles y los modelos de gasto energético actuales sugieren que los homininos extintos no tenían necesariamente niveles de actividad física descomunales, como a veces se ha imaginado. Aunque eran activos y recorrían largas distancias, sus tasas metabólicas no tenían por qué estar cerca de los actuales deportistas de ultrarresistencia, como se ha propuesto en algunos estudios. Esto no significa que fueran sedentarios, sino que probablemente gastaban lo necesario, ni más ni menos.

Comprender la evolución del metabolismo humano no es solo mirar al pasado. La misma maquinaria metabólica que nos permitió sobrevivir a condiciones climáticas extremas y momentos de escasez energética es la que hoy nos enfrenta a un entorno de abundancia calórica y escasa actividad física. El cuerpo humano sigue siendo eficiente: cuando no nos movemos, reduce el gasto; cuando la comida abunda, almacena con facilidad. Y, además, si ya algunas especies del género Homo hicieron un buen trabajo usando la energía exosomática, los Homo sapiens actuales nos llevamos la palma: sistemas de transporte, de aire acondicionado, de calefacción…nuestro cuerpo ahorra gran cantidad de energía a costa de la que obtenemos de lo que nos rodea.

Paradójicamente, las estrategias que antes garantizaban la supervivencia ahora favorecen el sobrepeso, el síndrome metabólico y las enfermedades crónicas.

Ni tan rápidos ni tan fuertes

La historia del metabolismo humano no es la de un motor cada vez más potente, sino la de un sistema que moduló su ritmo para adaptarse. Se aceleró cuando fue necesario, se ralentizó cuando pudo ser más eficiente y encontró formas creativas de ampliar su presupuesto energético (dentro o fuera del cuerpo) a través de la cooperación, la tecnología y la cultura. Falta por determinar qué ocurre en la actualidad, donde parece que nuestro tamaño corporal aumenta, pero no lo hace nuestro metabolismo. Las consecuencias que tiene para la salud nuestro actual sistema de vida son bien conocidas.

Por eso, más que un relato de fuerza o velocidad, la evolución del metabolismo humano es una historia de adaptación: la capacidad de ajustar el gasto al contexto, de sobrevivir gastando lo justo, de ser sostenible antes de que la palabra existiera.

Referencias:

  • Pontzer, H., Brown, M., Raichlen, D. et al. (2016). Metabolic acceleration and the evolution of human brain size and life history. Nature 533, 390–392. https://doi.org/10.1038/nature17654

  • Prado-Nóvoa, O., Zorrilla-Revilla, G., Howard, K. R., Laskaridou, E., Marinik, E. L., & Davy, K. P. (2025). Slow it down: evolution of human metabolism over two million years. Historical Biology, 1–20. https://doi.org/10.1080/08912963.2025.2501786
Olalla Prado Nóvoa

Olalla Prado Nóvoa

Doctora en Evolución Humana. Investigadora y Profesora de la Universidad Europea de Madrid

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