Fundación » Sociedad y economía » ¿Por qué cada generación bebe lo suyo? La neuroenología y la escalera de consumo del vino

¿Por qué cada generación bebe lo suyo? La neuroenología y la escalera de consumo del vino

Neuroenología, generaciones y el curioso caso de por qué un vino no sabe igual según quién, cuándo, dónde y a qué edad lo beba.

La “escalera de consumo” describe cómo el paladar madura desde vinos dulces y ligeros hasta los más complejos y secos.
La “escalera de consumo” describe cómo el paladar madura desde vinos dulces y ligeros hasta los más complejos y secos. Representación con IA. Fuente: Sora.

Creado: 24.12.2025

Actualizado: 21.12.2025

Decimos que en el vino solo hay un criterio: te gusta o no te gusta. Pero incluso esa verdad necesita una pequeña aclaración. La primera vez que probamos wasabi en un sushi, probablemente nos pareció excesivo, picante, casi extraño. Con el tiempo, le ponemos más cantidad, lo disfrutamos. Con el vino ocurre exactamente lo mismo: el criterio permanece (te gusta o no), pero el paladar evoluciona, se afina, se educa y aprende a disfrutar sabores que antes nos resultaban demasiado intensos.


La edad condiciona nuestro paladar, no porque existan “vinos para jóvenes” o “vinos para mayores”, sino porque con el paso del tiempo cambiamos, aprendemos, probamos y desarrollamos sensibilidad hacia matices que antes nos pasaban desapercibidos. La neuroenología ha abierto una ventana increíble a cómo funcionan nuestros sentidos. 

El paladar evoluciona gracias a la plasticidad neuronal. El MIT demostró que las conexiones sinápticas se modifican con la exposición repetida a estímulos como los aromas del vino. La tolerancia al amargor también cambia con la edad, según el Monell Chemical Senses Center. Esta idea da pie a introducir el concepto de la escalera de consumo en enología: un recorrido que empieza con vinos frescos y dulces y culmina con vinos complejos, secos y profundos. No es una jerarquía, sino un camino. Cada persona lo recorre a su manera y se puede detener en un escalón para siempre, si en ese encuentra lo que le gusta.

Figura 1 — La escalera de consumo del vino según etapas sensoriales. Fuente: Alvaro Alés Ojeda.
Figura 1 — La escalera de consumo del vino según etapas sensoriales. Fuente: Alvaro Alés Ojeda.

Estos serían los peldaños de una posible escalera:

Primer escalón: vinos inciáticos, como los frizzantes, con poco grado alcohólico y ligeramente carbónicos. Entrada amable, ligera, aromática. Suele ser el primer contacto, una especie de transición del mundo dulce de las golosinas al del vino.

Segundo escalón: suele ser la introducción a vinos con su graduación alcohólica más habitual, en torno al 12 %. Un escalón donde se sitúan los blancos semidulces y cuando empieza a aparecer un cierto equilibrio entre dulzor y acidez.

Tercer escalón: blancos secos o vinos jóvenes. El paladar se afina; se aprecian las notas minerales, de fruta blanca, florales o de fruta roja en los tintos y empiezan a apreciarse matices secos, perdiendo de vista el dulzor de la infancia.

Cuarto escalón: tintos con cuerpo, vinos de guarda. Estructura, conversación, complejidad. La experiencia sensorial se intensifica, se descubren matices detrás de la fruta que suele pasar de roja a negra, como las notas de ciruela en los tintos.

Quinto escalón: vinos generosos secos, vinos de meditación. Manzanillas, Finos, Amontillados, olorosos, palos cortados, vinos añejos que, en el caso de Vino de Jerez, llegan a superar los 20º. Auténticas joyas enológicas para saborear con un libro, frente a una chimenea.

Cada escalón responde a una etapa vital y a una apertura sensorial. No a la fecha del DNI. Hay jóvenes fascinados por un amontillado viejo y adultos que disfrutan como niños una copa de vino espumoso dulce. La diversidad es la norma.

Figura 2 — Representación de la evolución del consumo por generaciones.
Figura 2 — Representación de la evolución del consumo por generaciones. Fuente: Alvaro Alés Ojeda.

La copa y el tiempo: hábitos, actitudes y generaciones frente al vino

La historia reciente del vino también puede leerse a través de las generaciones, porque cada época ha tenido su forma propia de entender la copa.

Los baby boomers crecieron en un país que hacía vino en cantidad, no en calidad. No era raro escuchar aquello de que “el peor tinto es mejor que el mejor blanco”.

La generación X vivió la Transición y la apertura a Europa, y con ellas llegó una nueva forma de beber. El vino blanco ganó respeto. Los millennials fueron la generación que llegó tarde al vino. Durante sus primeros años, la cerveza dominó la vida social y retrasó su entrada en el mundo vinícola casi hasta la etapa laboral. Surgen cientos de bodegas y nuevas denominaciones de origen.

La generación Z representa el paso natural de las golosinas al vino. Su puerta de entrada son los vinos frizzantes, ligeros, aromáticos y fáciles de beber. Comparten más fotos que copas, pero están abriendo nuevas formas de relacionarse con el vino y de integrarlo en sus momentos sociales.

La clasificación por generaciones es útil para contar una historia, pero es solo una simplificación. La realidad es mucho más rica y compleja. En el sector del vino, los departamentos de marketing hace tiempo que dejaron de segmentar por edades y adoptaron un concepto más preciso y contemporáneo: se dirigen a los Perennials, término acuñado en 2016 por Gina Pell. Según esta visión, las personas no se definen por su año de nacimiento, sino por su actitud.

Hay consumidores que con 35 años y tres hijos pequeños tienen menos tiempo de ocio que otros de la denominada generación silver, en torno a los 60 años con el nido vacío. 

Por eso, en el marketing del vino no se apela a una edad, sino a una actitud: la de quienes no renuncian a aprender, a explorar y a emocionarse con cada copa. Personas que entienden que el vino no es una bebida, sino un viaje.

En conclusión, no hay vinos para edades, hay vinos para personas. Y, por suerte, cada persona recorre su propio camino. 

Hoy el sector ya no segmenta por edades, sino por actitudes: los Perennials, quienes mantienen curiosidad y ganas de aprender. Fuente: Pixabay.
Hoy el sector ya no segmenta por edades, sino por actitudes: los Perennials, quienes mantienen curiosidad y ganas de aprender. Fuente: Pixabay.

Temas:

Artículos relacionados

Del suceso al testimonio: por qué dar voz a los pacientes reduce el estigma en las noticias sobre salud mental 

Del suceso al testimonio: por qué dar voz a los pacientes reduce el estigma en las noticias sobre salud mental 

Cada vez más periodistas especializados sitúan a pacientes y familias en el centro del relato. Una investigación de UNIR con diferentes medios de comunicación muestra que ese giro no solo mejora la calidad de la información, sino que ayuda a combatir el estigma y a construir confianza.

Francisco Javier Olivar de Julián, Jesús Díaz Campo

¿Sirven los cursos de emprendimiento? Lo que decide el ambiente de tu universidad

¿Sirven los cursos de emprendimiento? Lo que decide el ambiente de tu universidad

¿Sirve de algo estudiar emprendimiento? Un estudio con más de 58.000 universitarios españoles vincula los cursos con más confianza en uno mismo, y esa confianza se traduce con más fuerza en intención de emprender cuando el clima de la universidad acompaña.

Julio Segundo Gallardo, Mª José Pérez Narváez, Carmen Virues Vega, José Manuel Sánchez Vázquez

¿Por qué las redes sociales son clave para impulsar el turismo sostenible?

¿Por qué las redes sociales son clave para impulsar el turismo sostenible?

El turismo sigue siendo uno de los pilares económicos más relevantes a escala mundial. Sin embargo, su crecimiento constante ha generado impactos negativos que ya no podemos ignorar. Por ello, la pregunta que cabría plantearse es cómo podemos cambiar esta realidad. La respuesta podría resultar inesperada y marcar una gran diferencia: las redes sociales.

Patricia Martínez García de Leaniz, Ángel Herrero Crespo, María del Mar García de los Salmones

Jugar en clase no es perder el tiempo: cómo la IA puede ayudar a gamificar con sentido

Jugar en clase no es perder el tiempo: cómo la IA puede ayudar a gamificar con sentido

La inteligencia artificial generativa no viene a reemplazar al profesor, sino a facilitarle el diseño de retos, historias y actividades más motivadoras, inclusivas y coherentes con los objetivos de aprendizaje.

Marcelino Sendarrubias Hipólito, Alexandra Santamaría Urbieta