La fobia a conducir implica un miedo intenso y desproporcionado a conducir un vehículo o viajar como pasajero. Se presenta como una respuesta de gran ansiedad y la evitación del hecho de conducir vehículos. También se denomina “amaxofobia” por el término griego “amaxa” que significa “carruaje” o “carro”, y fobia como “miedo”. Este problema supone una gran limitación en la vida cotidiana de muchas personas, dada la necesidad actual de utilizar el coche en el trabajo o viajes. Además, tiene un gran coste personal al aumentar los pensamientos negativos sobre sí mismo, sobre la propia valoración y autopercepción, llevando a una peor calidad de vida por cuanto el uso del coche influye en múltiples ámbitos cotidianos (Hidalgo-Muñoz et al., 2023).
Como diagnóstico psicológico, se sitúa entre las fobias específicas de carácter situacional en el DSM-5-TR (APA, 2022), junto con otras fobias como miedo a los ascensores, a volar, espacios cerrados, etc. A veces puede darse al mismo tiempo que estas otras fobias, y con la ansiedad generalizada o con el estrés postraumático. Las fobias específicas están muy presentes en toda la población y, entre ellas, la fobia a conducir tiene una prevalencia entre el 6 y el 20 % (según el estudio y dónde se realice), y además es más frecuente en mujeres (17,4 % frente a 8,5 % en hombres), típicamente entre los 30 y 40 años (Fisher et al., 2020). Incluso, el informe de la Fundación MAPFRE (2010) afirmaba que podría haber un 33 % de españoles con este problema.
Esa fobia a conducir suele comenzar en la primera edad adulta, cuando se obtiene el carnet de conducir, o tras alguna experiencia negativa al volante o en la conducción. En cuanto a su evolución, el problema no mejora ni se resuelve por sí solo, puesto que las personas suelen evitar el coche en todas circunstancias, cronificando sus problemas y restringiendo la libertad de movimientos, viajes, carrera profesional, etc., además de la vergüenza social al confesarlo en un entorno donde prácticamente todos los adultos conducen.

Características
La fobia a conducir se caracteriza por distintos tipos de respuestas problemáticas: pensamientos anticipatorios sobre la conducción (posibles accidentes, hacer daño a alguien, ponerse muy nervioso y bloquearse conduciendo, tener un ataque al corazón mientras se conduce, posibles reacciones de otros conductores); respuestas fisiológicas de ansiedad como palpitaciones, sudoración en las manos, sensación de calor, temblores, tensión muscular, rigidez, dolor de cabeza, etc.; y respuestas de escape o evitación de la conducción (negarse a coger el coche, incluso ir de copiloto, utilizar otros medios de transporte público si están disponibles, recurrir a otros familiares o amigos que les lleven, incluso no acudir a citas o reuniones sociales por tener que ir en coche).
Algunas personas con esta problemática llegan a conducir, aunque con gran miedo, suelen hacerlo muy lento, con grandes dudas en los cruces o situaciones con gran densidad de tráfico, con gran temor al realizar un adelanto, o bien tratan de no pasar por túneles, puentes y autovías de tres o más carriles, evitan conducir de noche o con mal tiempo, etc. Incluso, cuando van como copilotos suelen tener casi un reflejo de “freno fantasma” al frenar con el pie ante situaciones que perciban como peligrosas.
Causas
Las situaciones habituales que causan los problemas de fobia a conducir son haber sufrido una experiencia traumática relacionada con vehículos, bien haber tenido un accidente aunque no necesariamente grave, bien haberlo presenciado o haber visto sus consecuencias en otras personas. Sin embargo, también pueden tener un desarrollo lento a partir de las primeras experiencias de conducción al obtener el carnet, por la presión de otra persona como copiloto dándole órdenes o críticas sobre su forma de conducir, o bien por otras preocupaciones que hacen conducir en “piloto automático” provocando situaciones de riesgo, o incluso el abandono de la conducción durante un tiempo largo por cualquier motivo.
Al ponerse de nuevo a conducir, tras esas circunstancias, es normal que aparezca ansiedad, dudas y tensión al conducir, si se sigue conduciendo esas reacciones comienzan a desaparecer, pero si la persona abandona, deja que otro conduzca o no lo hace durante mucho tiempo, entonces ese tipo de respuestas se mantiene por un aprendizaje por “reforzamiento negativo” que no permite la “extinción” o eliminación del miedo. Es decir, la evitación de unas determinadas circunstancias de conducción elimina esa ansiedad en ese momento, pero incrementa aún más ese comportamiento evitativo, y así se perpetúa en la vida diaria de esa persona. Cuanto menos se conduce, más ansiedad puede aparecer cuando se intenta, y si se evita completamente, nunca se retomará la conducción en el futuro.

Tratamientos habituales
Se han probado diferentes tipos de intervenciones psicológicas para el tratamiento de fobia a conducir, fundamentalmente desde una aproximación conductual y cognitivo-conductual, que se basan todas ellas en un proceso de exposición. También se han probado intervenciones farmacológicas, generalmente ansiolíticos y antidepresivos (Sertralina, Fluoxetina, Paroxetina) y betabloqueantes (Propranolol) pero tienen menor efectividad, e incluso se ha probado la estimulación del nervio vago. Pero con estos tratamientos la persona depende del fármaco siempre para conducir, lo que puede generar dependencia, y no han mostrado efectividad a largo plazo. Además, hay que considerar el riesgo del uso de fármacos mientras se conduce.
Las terapias psicológicas con éxito bien documentado se basan en la exposición (Böhnlein et al., 2020; Fischer et al., 2020). En este proceso básico del comportamiento se expone al individuo ante el estímulo temido (en este caso, comenzar a conducir, dentro del coche) y se contrapone con respiración y/o relajación, con lo que en pocos minutos la ansiedad disminuye, y entonces se termina el ensayo. Así se repiten diferentes ensayos y sesiones, aumentando la jerarquía de dificultad de los estímulos temidos. El problema es que ese proceso de exposición supone enfrentarse directamente a la estimulación real, por lo que es rechazado por la mayoría de las personas a las que se les propone, con una tasa de abandono que puede llegar al 45 %. Por eso se han creado otros procedimientos para conseguir esa misma exposición pero de manera progresiva, tales como la desensibilización sistemática con exposición en imaginación, con hipnosis, con realidad virtual, y con la aproximación progresiva multimedia que es el realizado por nuestro equipo.
Básicamente, la estrategia es enfrentarse al hecho de conducir, a lo que se teme. Pero hacerlo de una manera sistemática y progresiva, para que no provoque el rechazo y abandono de la persona en tratamiento. De esta forma, en la terapia de exposición “con imaginación”, se van presentando poco a poco estímulos que le recuerdan situaciones de conducción, sensaciones al conducir, recuerdos de posibles accidentes, etc., al tiempo que la persona se relaja, disminuyendo su ansiedad progresivamente también. En los tratamientos con “realidad virtual”, esa exposición se hace con imágenes 3D con mayor o menor grado de inmersión, pero donde la persona puede vivir esa conducción y situaciones análogas, pero sintiéndose segura porque está dentro de la consulta (Knott et al., 2021). En el tratamiento con “exposición progresiva multimedia” (Ruiz-García y Valero-Aguayo, 2021) se va presentando al individuo estimulación cada vez más similar a la situación que teme, comenzando por fotos de coches y conducción, siguiendo con vídeos similares vistos desde dentro del coche, distintos tipos de carreteras, situaciones con lluvia, nocturnas, mucho tráfico, etc.; posteriormente la persona maneja juegos de conducción, con volante y frenos incluidos, donde puede vivir situaciones más difíciles y peligrosas al conducir.
En cualquiera de esos procedimientos, la clave está en que finalmente en todos ellos la persona ha de enfrentarse y realizar una conducción real en un coche, en circunstancias reales. En esa aproximación progresiva también se gradúa la exposición, primero en sitios cerrados como aparcamientos, con instrucciones del terapeuta y relajación, luego en carreteras con poco tráfico, y posteriormente en situaciones de ciudad y autovías. Lo fundamental es que ese proceso se adapte individualmente a cada persona, que vaya progresando según sus emociones y su ansiedad vayan disminuyendo en cada situación. De esta forma, habitualmente en pocas sesiones (no suelen ser más de 10), es posible lograr que una persona esté conduciendo y supere su fobia a conducir. También se recomienda después seguir conduciendo de manera habitual, dedicando tiempo a practicar de nuevo en su vida diaria.

Tratamiento de exposición multimedia
Nuestro equipo de investigación en la Universidad de Málaga ha tratado múltiples tipos de fobias, incluyendo también la fobia a conducir, con un procedimiento de exposición progresiva y multimedia (Ruiz-García y Valero-Aguayo, 2021, 2025). El procedimiento consiste en el entrenamiento en respiración y relajación, después la exposición progresiva multimedia introduciendo estímulos relacionados con la conducción, cada vez más ansiógenos. Como se ha comentado anteriormente, se comienza con fotos de vehículos y conducción, que suelen provocar poca ansiedad, pero que es alta en personas con este tipo de problemática; después escenas con vídeos, que suelen ser más ansiógenas; se sigue con simuladores de conducción en videojuegos más interactivos; y se termina con exposición conduciendo en un coche real, también primero por aparcamientos y carretera de poca circulación, y finalmente en autovías rápidas y condiciones difíciles.
En el artículo se presentan los casos de tres mujeres (de 29, 34 y 43 años) que no podían conducir. El tratamiento fue variable con 4, 6 y 16 sesiones, pues el número de sesiones siempre depende de la historia y características de cada persona. Además, incluso se realizaron seguimientos, que mostraron la eficacia del tratamiento hasta tres años después, sin presencia de esa fobia de nuevo.
Este procedimiento progresivo resulta fácil de aplicar, en pocas sesiones, muy aceptado por las personas con fobias, y fácilmente manejable por cualquier psicólogo/a del ámbito clínico al requerir solo imágenes, vídeos y videojuegos que ya están disponibles comercialmente.
Recomendación final
Puesto que los tratamientos psicológicos pueden resolver esta problemática sin mucha dificultad, una idea sería que estos programas de tratamiento se incorporasen en las autoescuelas. La legislación española exige una revisión médica y psicológica (visual, atención, reflejos, coordinación) para conseguir y mantener el carnet de conducir, por lo que podría ser una buena idea incluir un/a psicólogo/a en esos centros, donde ya suelen trabajar, para realizar tratamientos de exposición progresiva, incluyendo la conducción con ayuda simultánea del profesor en un coche real, como disponen en estos centros. Hay muchos conductores (nuevos y veteranos) con dificultades, como ya se ha comentado, y sería una oportunidad para ofrecer ese tipo de servicios a quienes quieren conducir con tranquilidad.
Referencias
- Böhnlein, J., Altegoer, L., Kriskin, N., Roesmann, K., Redlich, R., Dannlowski, U., & Leehr, E.J. (2020). Factors influencing the success of exposure therapy for specific phobia: A systematic review. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 108,796-820. doi: 10.1016/j.neubiorev.2019.12.00
- Fischer, C., Heider, J., Schröder, A., & Taylor, J.E. (2020). «Help! I’m Afraid of Driving!» Review of driving fear and its treatment. Cognitive Therapy and Research, 44, 420-444. doi: 10.1007/s10608-019-10054-7
- Hidalgo-Muñoz, A. R., Jallais, C., Evennou, M., & Fort, A. (2023). Driving anxiety and anxiolytics while driving: Their impacts on behaviour and cognition behind the wheel. Heliyon, 9(5), e16008. doi: 10.1016/j.heliy0-on.2023.e16008
- Knott, M., Kim, S.H., Vander Veen, A., Angeli, E., Evans, E., Knight, W., & Alvarez, L. (2021). Driving simulator, virtu-al reality, and on-road interventions for driving-related anxiety: A systematic review. Occupational Therapy in Mental Health, 37(2), 178-205. doi: 10.1080/0164212X.2021.1877593
- MAPFRE (2010). Estudio cualitativo sobre amaxofobia o miedo a conducir. Fundación Mapfre. https://documentacion.fundacionmapfre.org/documentacion/publico/es/media/group/1082194.do
- Ruiz-García, A., & Valero-Aguayo, L. (2021). Protocolo multimedia para fobias específicas. Evaluación, intervención y casos clínicos. Pirámide.
- Ruiz-García, A., & Valero-Aguayo, L. (2025). Fobia a conducir: Una intervención multimedia con casos clínicos. Anuario de Psicología, 55(1), 50-64. doi: 10.1344/anpsic2025.55.1.5





