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¿Es el ganado el responsable del cambio climático? Vacas, metano, desinformación y la paradoja del novillo expiatorio

Un análisis científico desmonta la desinformación sobre las emisiones de metano por la ganadería y explica por qué el ganado se ha convertido en un injusto “novillo expiatorio”.

La paradoja del novillo expiatorio: lo que el debate climático no cuenta sobre la ganadería
La paradoja del novillo expiatorio: lo que el debate climático no cuenta sobre la ganadería. Fuente: iStock.

Creado: 05.01.2026

Actualizado: 02.01.2026

Desde diferentes ámbitos se ha transmitido a la sociedad la idea de que la ganadería, especialmente el ganado vacuno, representa una de las principales emisiones de metano, un gas de efecto invernadero (GEI). El origen de este metano reside en los procesos de fermentación microbiana que acontecen en el tracto digestivo de los rumiantes y, en menor magnitud, durante el almacenamiento y utilización de las deyecciones (estiércol, purines) de todas las especies ganaderas.

En algunos países se ha propuesto la posibilidad de aplicar impuestos directos a las emisiones de metano por el ganado. Recientemente, Dinamarca ha adoptado medidas de obligatorio cumplimiento para reducir estas emisiones de metano, tales como incluir en el pienso grasas o aditivos que reduzcan la producción de este gas. En el informe “Estrategia de España 2050”, presentado por el Gobierno en el año 2021 y elaborado por expertos y científicos de diferentes ámbitos, se recoge la recomendación de reducir las emisiones de GEI de la ganadería, sugiriendo una estrategia basada en modificar la dieta de los animales —incluyendo aditivos, entre otras medidas—, mejorar la productividad y reducir el consumo de carne.

La implementación de este tipo de medidas se puede interpretar como una prueba evidente de que la ganadería es uno de los principales “causantes” del calentamiento global y la crisis climática actual. Lamentablemente, esta idea se ha extendido ampliamente en la sociedad, sobre todo en los países más desarrollados. Sin embargo, son numerosos y concluyentes los datos científicos para enfocar este asunto desde una perspectiva diferente. Estos datos demuestran que el metano emitido por la ganadería tiene una escasa repercusión en el incremento del forzamiento radiativo en la atmósfera, que es, en definitiva, la fuerza que impulsa el calentamiento global. En realidad, la emisión de metano procedente de la ganadería tiene un impacto muy limitado sobre el incremento del forzamiento radiativo. Y, sin embargo, hay que destacar que la reducción de dicha emisión podría contribuir a corto plazo a mitigar el efecto invernadero. A partir de esta aparente contradicción se puede plantear la que hemos denominado “paradoja del novillo expiatorio”, poniendo más énfasis en el ganado vacuno que en el caprino (chivo), aunque ambos sean rumiantes. Esta paradoja consiste en que, aunque puede ser interesante intentar reducir las emisiones de GEI por los rumiantes (en especial del vacuno), no es razonable ni riguroso achacar injustamente a la ganadería una contribución sobredimensionada a las emisiones totales. Es probable que, con esta artificiosa imputación, se esté intentando desviar la atención de otras emisiones de GEI más cuantiosas y con un mayor impacto climático.

Para comprender mejor la paradoja es oportuno responder con argumentos sólidos a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es el origen del metano emitido por la ganadería?
  • ¿Qué es el forzamiento radiativo y qué relación tiene con el efecto invernadero y el calentamiento global?
  • ¿Cuál es la contribución del metano emitido por la ganadería a las emisiones antropogénicas de GEI y al incremento del forzamiento radiativo?
  • ¿Deben valorarse de la misma manera las emisiones de origen biológico que las generadas por otros procesos (uso de combustibles fósiles)?
  • ¿Por qué se pone tanto énfasis en reducir las emisiones de metano de la ganadería si su contribución al incremento del forzamiento radiativo en la atmósfera es mínimo?
  • ¿Es posible reducir las emisiones de metano de la ganadería?

¿Cuál es el origen del metano emitido por la ganadería?

La principal fuente de metano producido por la ganadería es la fermentación microbiana del alimento en el tracto digestivo de algunos animales (sobre todo los rumiantes). En esta fermentación se producen, entre otros compuestos, ácidos orgánicos de cadena corta, dióxido de carbono (CO2) e hidrógeno (H2). Algunos de los microorganismos del rumen (arqueas metanogénicas) utilizan el CO2 y el H2 para sintetizar metano. Este gas es expulsado al exterior mediante el eructo. El metano se produce (y se emite) en muchos otros procesos biológicos en los que hay una fermentación microbiana anaerobia; no es un proceso exclusivo de la digestión en los rumiantes.

Los animales también producen CO2 en el metabolismo celular que es eliminado a través del intercambio respiratorio. Al contrario del CO2 derivado del uso de combustibles fósiles, el CO2 eliminado por el ganado no se contabiliza a efectos de las emisiones, ya que procede del carbono atmosférico que se incorpora a los compuestos sintetizados por las plantas a través de la fotosíntesis. Mediante este proceso, los vegetales captan CO2 de la atmósfera, utilizándolo para sintetizar diferentes compuestos orgánicos (p.ej., glucosa). Este proceso forma parte del ciclo de carbono y, por tanto, no supone un incremento neto de CO2 en la atmósfera. 

En realidad, el metano también tiene su origen en el carbono que procede de las plantas que consume el rumiante y, sin embargo, sí se contabiliza a efectos del cálculo de las emisiones de GEI. Para justificar este cambio de criterio, se ha argumentado que el metano tiene un poder de calentamiento global muy superior al CO2 y, además, permanece en la atmósfera entre 8 y 12 años (antes de transformarse finalmente en CO2). Aunque forma parte del ciclo natural del carbono, durante el tiempo que permanece en la atmósfera contribuye al incremento del forzamiento radiativo (efecto invernadero). Transcurrido este periodo de tiempo, el metano se transforma en CO2 y se reincorpora al ciclo de carbono. Si las emisiones anuales de metano permaneciesen constantes y la cantidad de metano emitida no superase a la que se transforma en CO2, la concentración de metano en la atmósfera permanecería relativamente constante. 

¿Qué es el forzamiento radiativo y qué relación tiene con el efecto invernadero y con el metano?

La vida en la Tierra es posible, entre otras cosas, gracias al efecto invernadero de diferentes gases presentes en la atmósfera, como el vapor de agua, el CO2 o el metano, entre otros. En ausencia de estos gases, la temperatura de la Tierra sería extremadamente fría. 

Figura 1. La acumulación de gases de efecto invernadero está incrementando el forzamiento radiativo en la atmósfera.
Figura 1. La acumulación de gases de efecto invernadero está incrementando el forzamiento radiativo en la atmósfera. Fuente: autores.

La tierra recibe energía a través de la radiación solar, parte de la cual es reflejada desde la propia atmósfera o desde la superficie terrestre. Al calentarse, la corteza terrestre desprende energía, parte de la cual queda retenida en la atmósfera por los GEI, contribuyendo al incremento de la temperatura atmosférica. El forzamiento radiativo es el cambio en el balance de energía (entre la que llega del sol y la que se desprende desde la Tierra). Cuando es positivo, se traduce en un incremento de la temperatura atmosférica y, cuando es negativo, produce el fenómeno opuesto. 

El incremento en la concentración de GEI amplifica ese efecto invernadero y genera, por tanto, un incremento del forzamiento radiativo. Utilizando datos de la Oficina Nacional Oceánica y Atmosférica del Gobierno de EE.UU. (NOAA) y de la Organización Meteorológica Mundial, se puede estimar que entre 1990 y 2023 el forzamiento radiativo, como consecuencia del incremento de los GEI, se ha incrementado en 1,18 W/m2 (un incremento de un 51,5 % con respecto al valor inicial, ver figura 2). Considerando la contribución de los diferentes gases, se puede estimar que el metano ha sido responsable únicamente del 6,6 % de este incremento, disminuyendo su peso en el forzamiento radiativo total en este periodo de tiempo (ha pasado de contribuir en un 21 % al forzamiento radiativo total en 1990 a un 16 % en 2023).

Figura 2. Entre 1990 y 2023, el forzamiento radiativo se ha incrementado en un 51,5 % incrementándose el peso del CO2 y disminuyendo el del metano (Fuentes: The NOAA Annual Greenhouse Gas Index, 2024; Boletín de la OMM. Gases de efecto invernadero, 20)
Figura 2. Entre 1990 y 2023, el forzamiento radiativo se ha incrementado en un 51,5 % incrementándose el peso del CO2 y disminuyendo el del metano (Fuentes: The NOAA Annual Greenhouse Gas Index, 2024; Boletín de la OMM. Gases de efecto invernadero, 20).

¿Cuál es la contribución del metano emitido por la ganadería a las emisiones antropogénicas de GEI y al incremento del forzamiento radiativo?

Anualmente se emiten alrededor de 600 millones de toneladas de metano, de las cuales alrededor de un 55-60 % son de origen antropogénico. El resto de las emisiones son de origen natural, producidas por diferentes fuentes (por ejemplo, termitas, humedales, herbívoros silvestres, etc.). 

Las emisiones antropogénicas tienen también diferente origen, atribuyéndose un 31 % a la ganadería. Otras dos fuentes importantes son las que se generan durante la producción, distribución y consumo de los combustibles fósiles (35 %) y durante los procesos de descomposición en los vertederos (18 %). Además, hay indicios para presumir que la contribución de estas dos fuentes está subestimada, ya que algunos estudios sugieren que podría ser hasta un 50 % superior.

Figura 3. Fuentes de metano (Fuente: Jackson et al., 2020. Environmental Research Letters, 15; Saunois et al., 2025. Earth System Science Data, 17)
Figura 3. Fuentes de metano (Fuente: Jackson et al., 2020. Environmental Research Letters, 15; Saunois et al., 2025. Earth System Science Data, 17).

Teniendo en cuenta la contribución de las diferentes fuentes, se puede estimar el impacto de cada una de ellas sobre el incremento del forzamiento radiativo entre 1990 y 2023. Si todo el metano emitido (tanto natural como antropogénico) ha sido responsable del 6,6 % del incremento del forzamiento radiativo, y la ganadería supone un 31 % de las emisiones de origen antropogénico que, a su vez, constituyen un 60 % de las emisiones totales, puede calcularse que el metano emitido por la ganadería ha sido responsable únicamente de un 1,2 % del incremento total de forzamiento radiativo observado en los últimos 33 años. Asumiendo que todo el incremento de la concentración de metano en la atmósfera desde 1750 (inicio de la era industrial) es de origen antropogénico, la contribución de la ganadería al incremento del forzamiento radiativo desde 1990 hasta el 2023 (considerando solo el impacto de las emisiones antropogénicas) sería de alrededor de un 2 %.

La principal causa del incremento del forzamiento radiativo en el periodo señalado (1990-2023) es el CO2 (81 %) derivado del uso de combustibles fósiles en las diferentes actividades económicas. Con estos datos no parece justificado situar a las emisiones de metano de la ganadería en el centro del debate sobre las emisiones de GEI y cambio climático. En realidad, cabe pensar que es una cortina de humo, un “novillo” expiatorio, ya que su contribución real es minoritaria. Sin embargo, se ha insistido en ese mensaje un tanto alarmista, probablemente para desviar la atención de la causa principal del incremento en el forzamiento radiativo en la atmósfera o por motivos de otra naturaleza. 

¿Debería valorarse de la misma manera el metano de origen biológico que aquel asociado a los combustibles fósiles?

Cuando se analiza el impacto del metano sobre las emisiones totales de GEI, no se diferencia entre aquel producido por el ganado y aquel otro derivado de los combustibles fósiles, a pesar del diferente origen e implicaciones. El comportamiento del metano en la atmósfera no cambia según su origen (el impacto en el forzamiento radiativo es similar), pero se ignoran algunos hechos muy relevantes desde la perspectiva del impacto ambiental.

Figura 4. El metano emitido por los animales forma parte de un ciclo biológico natural, pero el metano asociado con los combustibles fósiles no. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025)
Figura 4. El metano emitido por los animales forma parte de un ciclo biológico natural, pero el metano asociado con los combustibles fósiles no. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025).

Por una parte, el metano emitido por los animales es un proceso inevitable y que forma parte de un ciclo biológico natural. Este proceso ocurre tanto en los animales de granja como en los herbívoros silvestres, incluidas las termitas. La digestión de la fibra por estos animales es posible únicamente mediante procesos de fermentación microbiana anaerobia que, como se ha expuesto anteriormente, generan metano como uno de los productos finales. Parece lógico asumir que las emisiones de carbono derivadas del metano de origen biológico no deberían contabilizarse del mismo modo que otras emisiones, ya que son una fase dentro del ciclo de carbono. No sucede lo mismo con el CO2 derivado de los combustibles fósiles, ya que todo el CO2 liberado no forma parte del ciclo de carbono y es un ingreso neto en la atmósfera. En cualquier caso, desde la perspectiva del forzamiento radiativo, el papel de COderivado del metano es irrelevante, ya que representa una insignificante proporción de todo el CO2 presente en la atmósfera. 

Por otro lado, parte del metano producido por el ganado deriva, entre otras fuentes, del carbono contenido en residuos agrícolas y subproductos agroindustriales que se utilizan en la alimentación animal. De no emplearse con este fin, estos materiales se acumularían en el medio, incrementando las emisiones asociadas a su descomposición mediante procesos de fermentación anaerobia. En el cálculo de las emisiones de metano del ganado se contabilizan las emisiones totales, independientemente de la naturaleza del recurso alimenticio empleado, y no se descuentan aquellas que se producirían si esos recursos se degradasen en el entorno sin ningún uso o por otra vía alternativa (uso como fertilizante orgánico).

Figura 5. Una de las fuentes principales de metano es la descomposición anaerobia de la materia orgánica acumulada en los vertederos. Sin ganadería quedarían sin utilizarse millones de toneladas de residuos agrícolas y subproductos agroindustriales. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025).
Figura 5. Una de las fuentes principales de metano es la descomposición anaerobia de la materia orgánica acumulada en los vertederos. Sin ganadería quedarían sin utilizarse millones de toneladas de residuos agrícolas y subproductos agroindustriales. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025).

En la actualidad, la producción de biocombustibles o de algunos alimentos vegetales procesados (por ejemplo, bebidas vegetales, mermeladas, conservas, etc.) genera un ingente volumen de residuos. Deshacerse de esos residuos es un problema económico y ambiental, y su uso en la alimentación animal es de indudable interés. Conviene recordar que la emisión de metano de los vertederos es ya, en la actualidad, la tercera fuente de emisiones de metano de carácter antropogénico. 

¿Por qué se pone tanto énfasis en reducir las emisiones de metano de la ganadería si su contribución al incremento del forzamiento radiativo en la atmósfera es mínimo? 

La respuesta a esta pregunta es la paradoja del “novillo” expiatorio que mencionamos al inicio del artículo. El metano producido por el ganado no tiene un impacto relevante sobre el incremento observado en el forzamiento radiativo. No obstante, una reducción de sus emisiones podría ser uno de los medios más eficaces y dinámicos para mitigar su crecimiento. 

Figura 6. La reducción en las emisiones de metano de origen antropogénico puede tener un efecto palanca sobre el forzamiento radiativo, ya que si las emisiones son inferiores a la capacidad de reciclado de la atmósfera, contribuirá a una reducción inmediata de la concentración de metano en la atmósfera. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025).
Figura 6. La reducción en las emisiones de metano de origen antropogénico puede tener un efecto palanca sobre el forzamiento radiativo. Si las emisiones de metano fuesen son inferiores a la capacidad de reciclado de la atmósfera, se podría reducir de forma ostensible la concentración de este gas en la atmósfera. Imagen creada con IA (Gemini, Google 2025).

Las modelizaciones para evaluar el resultado de diferentes estrategias propuestas para reducir el efecto invernadero ponen de manifiesto que, aunque se redujesen de forma inmediata y drástica las emisiones de CO2 de origen fósil, se tardaría más de un siglo en que la concentración de CO2 en la atmósfera retornase a valores similares a los del inicio de la era industrial, ya que este gas permanece durante décadas en la atmósfera. Por tanto, reducir las emisiones de CO2 no parece ser una estrategia efectiva para mitigar a corto plazo el incremento esperado en el calentamiento del planeta. Es necesario diseñar otras medidas que sean más eficaces y rápidas. En este sentido, la reducción del metano se plantea como una estrategia potencialmente interesante. 

Si se redujesen las emisiones de metano para no superar el umbral por encima del cual se acumula (hasta ese umbral todo lo emitido se transforma en CO2), la concentración de metano en la atmósfera comenzaría a reducirse de forma ostensible y se ralentizaría el incremento del forzamiento radiativo a corto plazo, debido al mayor poder de calentamiento global del metano en comparación con el CO2

¿Es posible reducir las emisiones de metano de la ganadería?

Durante las últimas décadas se han propuesto numerosas estrategias para reducir estas emisiones. En la mayoría de los casos se trata de actuaciones que han sido evaluadas a nivel experimental para determinar en qué medida su implementación puede reducir las emisiones. Sin embargo, antes de aplicar estas estrategias a nivel de campo es necesario analizar con cautela cuáles serían las implicaciones sobre todo el sistema de producción. Es preciso destacar que cualquier propuesta de desarrollo sostenible debe plantearse para cumplir con objetivos de sostenibilidad económica, social y ambiental y que, cuando se incide solo sobre uno solo de estos aspectos, lo más probable es llegar a una solución poco sostenible.

Centrándonos en las emisiones de metano procedentes de los procesos de digestión en los rumiantes, la información generada durante las últimas décadas permite concluir que la forma más eficiente de reducir dicha emisión es alcanzar los mismos niveles de producción con un menor número de animales. De este modo se consigue que, aunque la cantidad de metano producido por cada animal sea mayor, disminuya significativamente la cantidad total de metano emitido, así como la emitida por cada unidad de producto obtenido (carne o leche) o por cada kilogramo de pienso o pasto utilizado para alimentar a los animales. Esta estrategia dirige la ganadería a sistemas productivos más intensivos, menos ligados a la tierra, con lo que se puede conseguir el objetivo de reducir las emisiones de metano en términos relativos, pero a expensas de renunciar a los servicios ecosistémicos y los beneficios que puede aportar la ganadería extensiva. Es importante insistir en que no tiene sentido incentivar el debate entre ganadería intensiva y ganadería extensiva; no es blanco o negro, no es bueno o malo. Ambos sistemas pueden aportar beneficios importantes a la sociedad, siempre que se gestionen de forma adecuada. Tanto la ganadería intensiva como la extensiva pueden ser necesarias y ventajosas, y ambas tienen cabida siempre y cuando se planteen con rigor los objetivos que se pretenden alcanzar y se tenga claro cuáles son las prioridades y qué es lo que se quiere obtener con cada sistema.

Otra estrategia que cabe mencionar es la de ajustar la alimentación de los rumiantes para conseguir satisfacer sus necesidades nutritivas con dietas con las que sea posible disminuir la emisión de metano. Cuando se añaden grasas o se disminuye la cantidad de forrajes o alimentos fibrosos en las dietas se puede reducir el metano, pero este tipo de estrategias también nos lleva a sistemas más intensivos basados en el uso de piensos más concentrados (granos y semillas). Finalmente, en las últimas décadas se han realizado numerosos estudios sobre el uso de aditivos en los piensos con el propósito de reducir la metanogénesis en el rumen. Los resultados observados han sido dispares y es importante tener en cuenta que en muchos casos la reducción del metano se consigue a expensas de efectos secundarios no deseables, tales como la alteración de los procesos de fermentación necesarios para la digestión del alimento. En cualquier caso, de acuerdo con la legislación de la UE, para que estos aditivos puedan ser usados en las granjas deben estar autorizados y, para ello, previamente se debe haber demostrado su eficacia y su seguridad e inocuidad para los animales, para el consumidor y para el medio ambiente.

Conclusión

Dado el reducido impacto del metano emitido por la ganadería sobre el incremento del forzamiento radiativo, reducir las emisiones de este gas por parte del sector ganadero no debería interpretarse como una obligación para resarcir a la sociedad de un daño causado, sino como una herramienta para intentar mitigar el efecto de los combustibles fósiles. Con la información disponible no se debería etiquetar a la ganadería como una de las causas principales del calentamiento global, ni exigirle cambios para compensar su contribución al cambio climático. No obstante, establecer en su justa medida el efecto que ha tenido la ganadería sobre el incremento del forzamiento radiativo no debe llevar a la complacencia, y es conveniente intentar reducir sus emisiones de GEI, no como una obligación punitiva, sino como una de las pocas estrategias disponibles para intentar frenar el calentamiento de la atmósfera a corto plazo. En ese contexto, también es muy importante valorar qué nos aporta la ganadería y qué beneficios dejaríamos de obtener si prescindimos de ella, destacando su papel en la producción de alimentos de elevado valor nutricional (proteínas de alto valor biológico y micronutrientes), la fijación de población rural y la dinamización de la economía agraria y la conservación de un patrimonio cultural y etnográfico, que abarca desde productos y oficios tradicionales hasta la gestión sostenible del paisaje. 

Secundino López Puente

Secundino López Puente

Doctor en Veterinaria
Francisco Javier Giráldez García

Francisco Javier Giráldez García

Doctor en Veterinaria

Instituto de Ganadería de Montaña (ULE-CSIC)

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