Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, la comunidad científica se sumergió en una frenética carrera por entender el nuevo virus, sus síntomas y cómo enfrentarlo. Artículos científicos emergían a diario, cada uno con datos parciales pero esperanzadores1. Nuestro grupo de investigación se implicó en estas investigaciones tanto de esta enfermedad con su relación con el estado nutricional2, actividad física3, seguridad alimentaria4 y con el desarrollo de modelos matemáticos para entender su expansión5 y su mortalidad6.
El mensaje número 84157
Sin embargo, fue entonces cuando un pequeño detalle en un estudio publicado en World Journal of Pediatrics7 despertó nuestra curiosidad: los autores afirmaban que al administrar probióticos orales a un niño con síntomas de COVID-19, estos desaparecieron en solo dos días. En medio de aquella tormenta de información y miedo, la frase parecía un rayo de luz. Sin embargo, al leer con atención, notamos una omisión inexplicable: el artículo no mencionaba qué tipo de probiótico se había utilizado. ¿Cómo era posible que una revista científica de alto nivel pasara por alto un dato tan esencial? Intrigados, uno de los autores escribió al autor de aquel trabajo.
No obtuvimos respuesta.
Ante el silencio, se optó por una estrategia persistente, quizás demasiado persistente; se enviaron correos electrónicos cada dos minutos durante horas.
Finalmente, en el mensaje número 84157, el misterio se resolvió.
El probiótico administrado era Lactobacillus acidophilus.
Esa anécdota, que podría parecer menor, fue la semilla de una investigación mucho más profunda. Hoy, cinco años después, hemos publicado un trabajo8 donde analizamos rigurosamente si ese microorganismo probiótico pudo, en efecto, haber sido útil en el tratamiento de síntomas gastrointestinales del COVID-19. Y lo más importante: qué mecanismos podrían explicar ese efecto.

Un probiótico bien conocido, pero con nuevas posibilidades
Lactobacillus acidophilus es una bacteria ampliamente utilizada en la industria alimentaria9, farmacéutica10 y agrícola11. Su popularidad se debe a su capacidad para sobrevivir a la acidez gástrica y colonizar el intestino delgado, donde ayuda a equilibrar la microbiota intestinal, fortalece la barrera epitelial y tiene efectos antiinflamatorios12.
Sabemos que el virus del COVID-19, el SARS-CoV-2 no solo afecta el sistema respiratorio: también provoca síntomas digestivos, como diarrea, náuseas y dolor abdominal13. Esto se debe, en parte, a que el virus utiliza como puerta de entrada el receptor ACE214, que también se encuentra en abundancia en el intestino delgado.
A partir de ese punto, muchos científicos comenzaron a preguntarse si fortalecer la salud intestinal mediante probióticos podría ayudar a aliviar estos síntomas. Pero las respuestas eran fragmentadas. Nuestro objetivo fue reunir toda la evidencia disponible y evaluarla críticamente.
Qué encontramos al analizar más de 75.000 estudios
Nuestra revisión siguió los criterios estandarizados conocidos como PRISMA15 para revisiones sistemáticas. De más de 75.000 estudios identificados, solo siete cumplían con todos los criterios metodológicos de calidad y se centraban específicamente en el uso de Lactobacillus acidophilus para síntomas digestivos relacionados con el COVID-19. Los hallazgos fueron moderadamente alentadores; en varios estudios, los pacientes que recibieron este probiótico presentaron resolución más rápida de la diarrea; también se observó una mejora en la composición de la microbiota intestinal y una reducción de marcadores inflamatorios, como la calprotectina fecal y la proteína C reactiva, e incluso en algunos casos, los pacientes mostraron una recuperación general más rápida, aunque no hubo diferencias significativas en la necesidad de hospitalización o la progresión de la enfermedad.
Lo más interesante es que el mecanismo propuesto no apunta a un efecto antiviral directo, sino a una acción indirecta sobre el sistema inmunitario y la inflamación intestinal. En concreto, este probiótico refuerza las uniones estrechas entre células intestinales, estimula la producción de mucinas protectoras y modula la respuesta inmunitaria, reduciendo la producción de citoquinas proinflamatorias como la IL-6 y el TNF-alfa. En la revisión realizada se propone, frente a otros estudios realizados, una posibilidad aún más fascinante: que ciertas cepas de este microorganismo pueden reducir la expresión del receptor ACE2 en el intestino. Esto, en teoría, dificultaría la entrada del virus a las células intestinales. Si bien esta hipótesis aún requiere confirmación en modelos humanos, abre una vía innovadora de investigación: utilizar probióticos no solo para “restaurar”, sino para “prevenir”.

De una anécdota a una línea terapéutica
El caso del niño mencionado en 2020 sigue siendo un ejemplo clínico aislado. Sin embargo, lo que empezó como una observación anecdótica, mal documentada y olvidada por la literatura médica, ha cobrado nueva relevancia. Gracias a una simple pregunta que nadie se había hecho —“¿Qué probiótico usaron?”— hoy sabemos mucho más sobre las posibilidades terapéuticas de ciertos probióticos durante infecciones virales16.
Además, esta experiencia evidencia otro punto crucial: la necesidad de especificar las cepas probióticas utilizadas. No todos los Lactobacillus acidophilus son iguales. Algunas cepas tienen propiedades inmunomoduladoras17 muy marcadas, otras no. Por eso, futuras investigaciones deben centrarse en identificar y validar las cepas exactas más eficaces para cada uso clínico.
¿Y ahora qué?
Nuestra revisión concluye que el uso de Lactobacillus acidophilus puede ser una estrategia complementaria útil para tratar los síntomas gastrointestinales del COVID-19, especialmente en pacientes leves o ambulatorios. No sustituye al tratamiento antiviral ni a las vacunas, pero puede ayudar a mejorar la calidad de vida y acelerar la recuperación intestinal.
Y, sobre todo, esta historia nos recuerda que, en ciencia, una pregunta correcta, en el momento justo, puede marcar la diferencia.
El mensaje 84157 no solo resolvió una duda: abrió una puerta.
Referencias
- [1] World Health Organization. (2024). WHO COVID-19 dashboard data. https://data.who.int/dashboards/covid19/data
- [2] Palacios Ovalle, D. L., Rodrigo-Cano, S., González, A., Soler, C., Catalá-Gregori, A. I., Merino-Torres, J. F., & Soriano, J. M. (2021). COVID Obesity: A One-Year Narrative Review. Nutrients, 13(6), 2060. doi: 10.3390/nu13062060
- [3] Karaca Çelik, K. E., Morales-Suárez-Varela, M., Uçar, N., Soriano, J. M., İnce Palamutoğlu, M., Baş, M., Toprak, D., Hajhamidiasl, L., Erol Doğan, Ö., & Doğan, M. (2024). Obesity prevalence, nutritional status, and physical activity levels in Turkish adults during the COVID-19 pandemic. Frontiers in Nutrition, 11, 1438054. doi: 10.3389/fnut.2024.1438054
- [4] San Onofre, N., Soler, C., Merino-Torres, J. F., & Soriano, J. M. (2021). “Five Keys to Safer Food” and COVID-19. Nutrients, 13(12), 4491. doi: 10.3390/nu13124491
- [5] Boselli, P. M., Basagni, M., & Soriano, J. M. (2021). Are there any parameters missing in the mathematical models applied in the process of spreading COVID-19? Biology, 10(2), 165. doi: 10.3390/biology10020165
- [6] Boselli, P. M., & Soriano, J. M. (2023). COVID-19 in Italy: Is the mortality analysis a way to estimate how the epidemic lasts? Biology, 12(4), 584. doi: https://doi.org/10.3390/biology12040584
- [7] Ji, L.-N., Chao, S., Wang, Y.-J., Li, X.-J., Mu, X.-D., Lin, M.-G., & Jiang, R.-M. (2020). Clinical features of pediatric patients with COVID-19: a report of two family cluster cases. World Journal of Pediatrics, 16(3), 267-270. doi: 10.1007/s12519-020-00356-2
- [8] Bertola, B., Cotolí-Crespo, A., San …, & … (2025). The mystery of certain Lactobacillus acidophilus strains in the treatment of gastrointestinal symptoms of COVID-19: A review. Microorganisms, 13(4), 944. doi: 10.3390/microorganisms13040944
- [9] Bertola, B., Cotolí-Crespo, A., San Onofre, N., & Soriano, J. M. (2025). The Mystery of Certain Lactobacillus acidophilus Strains in the Treatment of Gastrointestinal Symptoms of COVID-19: A Review. Microorganisms, 13(4), 944. doi:10.15446/rev.colomb.biote.v21n2.81576
- [10] Thorakkattu, P., Khanashyam, A. C., Shah, K., Babu, K. S., Mundanat, A. S., Deliephan, A., Deokar, G. S., Santivarangkna, C., & Nirmal, N. P. (2022). Postbiotics: Current Trends in Food and Pharmaceutical Industry. Foods, 11(19), Article 3094. doi: 10.3390/foods11193094
- [11] Raman, J., Kim, J.-S., Choi, K. R., Eun, H., Yang, D., Ko, Y.-J., & Kim, S.-J. (2022). Application of lactic acid bacteria (LAB) in sustainable agriculture: Advantages and limitations. International Journal of Molecular Sciences, 23(14), 7784. doi: 10.3390/ijms23147784
- [12] Cristofori, F., Dargenio, V. N., Dargenio, C., Miniello, V. L., Barone, M., & Francavilla, R. (2021). Anti-inflammatory and immunomodulatory effects of probiotics in gut inflammation: A door to the body. Frontiers in Immunology, 12, Article 578386. doi: 10.3389/fimmu.2021.578386
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- [16] Steyer, A., Mičetić-Turk, D., & Fijan, S. (2022). The efficacy of probiotics as antiviral agents for the treatment of rotavirus gastrointestinal infections in children: An updated overview of literature. Microorganisms, 10(12), 2392. doi: 10.3390/microorganisms10122392
- [17] Zhao, W. (2020). The immune regulatory role of Lactobacillus acidophilus. Trends in Food Science & Technology, 100, 369-380. doi 10.1016/j.fbio.2020.100656





