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¿Jugamos a ser dioses?: La carrera por crear máquinas que imiten la vida humana.

La inteligencia artificial y la robótica no son solo avances tecnológicos, es una decisión que redefine nuestra identidad.

Creado: 04.03.2026

Actualizado: 10.03.2026

A través de la publicación de la novela “Un mundo feliz” (Brave new world) en 1932, Aldous Huxley nos introdujo a una visión aterradora del futuro que arranca en el “Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres”. La vida no nace, sino que se manufactura: los individuos son estandarizados mediante ingeniería genética para servir al sistema sin hacer preguntas. Es una sociedad que opera como una fábrica al estilo de “fordista”, dividiendo a la población en jerarquías biológicas donde el destino de cada uno, ya sea mandar o trabajar, está decidido antes incluso de salir de la botella. Sin embargo, si Huxley imaginó un futuro donde lo orgánico se mecanizaba, casi un siglo después, nuestra realidad actual es la contraria. Hemos cruzado un umbral psicológico y tecnológico. Ya no se trata solo de construir herramientas más eficientes, sino de perseguir una obsesión: replicar al creador.  Estamos inmersos en una carrera por diseñar máquinas que imiten nuestro comportamiento, nuestro cuerpo y nuestra inteligencia.

Integrar inteligencia artificial en los robots es el siguiente paso lógico en la evolución tecnológica. Al combinar ambas disciplinas, logramos que las máquinas no solo ejecuten órdenes, sino que actúen con cierta “inteligencia”, realizando tareas de manera muy similar a como lo haría una persona. Créditos: Ilustración artística (ChatGPT / Hugo Moreno).

Robots humanoides: Reflejan nuestra aspiración de reproducir la forma y las capacidades del ser humano, como si quisiéramos “copiarnos” a nosotros mismos.

Este impulso también se ha visto reflejado en el cine de ciencia ficción desde sus comienzos, aunque nos podríamos remontar aún más atrás de los 70s-80s. Por ejemplo, en Saturn 3 (1980), ya se exponía esta idea de biomimetismo: un robot humanoide capaz de asumir no solo las capacidades, sino también las psicopatías de sus creadores humanos. En Alien de 1979, encontramos otro ejemplo, un androide viaja a bordo de la nave espacial como oficial científico y médico de la tripulación, bajo el mando de la teniente Ripley. Hoy, lo que antes parecía fantasía se ha convertido en una hoja de ruta para la ingeniería. Ejemplos reales como Atlas (Boston Dynamics), IRON (XPeng), Hobbs W1 (Noextix), Unitree G1 (Unitree) o el modelo T800 (EngineAI) son prueba de que la ciencia ficción está cada vez más cerca de la realidad. Esto nos podría llevar a la siguiente reflexión: Blade runner (1982) nos enfrenta a una inquietud que trasciende la ciencia ficción, ¿qué significa crear vida, aunque sea artificial? Si llegamos a concebir una raza de esclavos, los “replicantes, que podrían ser (en un futuro ¿no muy lejano?)  robots dotados de inteligencia y conciencia, ¿nos convertimos en dioses? Y si asumimos ese papel, ¿cuál es nuestra obligación moral hacia ellos? La película nos obliga a cuestionar la esencia de lo humano: ¿es la memoria, la experiencia, la capacidad de sentir? Los “replicantes”, aun siendo artificiales, revelan algo profundamente humano: el impulso de autopreservación y el deseo de trascender, de escapar a la condición impuesta, de reclamar un lugar más allá de la servidumbre y la marginalidad. En ese anhelo, ¿no se encuentra la misma chispa que define nuestra propia humanidad?

Si asumimos la hipótesis de que en el futuro logramos crear una Inteligencia Artificial General (en inglés AGI) o una Superinteligencia que sea verdaderamente autoconciente (que sepa que existe, que tenga «un yo»), la posibilidad de una rebelión se convertirá en un escenario serio de debate. Créditos: Ilustración artística (Gemini 3, Nano Banana Pro / Hugo Moreno).

El enemigo en casa: el dilema de abrir la puerta de tu privacidad a robots diseñados para “vivir contigo”.

Pero la ambición final podría no ser solo la fábrica, sino el hogar. Es aquí donde la tecnología toca la fibra más íntima de nuestras aspiraciones (y temores). El cine lleva décadas preparándonos para esto, explorando el espectro completo de nuestros deseos. Películas recientes como Subservience (2024) actualizan el deseo de un ayudante doméstico perfecto, complaciente y capaz desde lo físico, y más allá… ¿inspirada en Galaxina (1980)? Sin embargo, lo más inquietante es el planteamiento de los peligros inherentes a invitar a una IA a nuestro espacio más privado. Además, esta visión estaría incompleta sin considerar la otra cara de la moneda, magistralmente explorada una década antes en la película Her (2014). Si Subservience representa el anhelo de la ayuda física, Her encapsula el deseo (y el vértigo) de la conexión emocional absoluta: una IA que no necesita cuerpo para entenderte, acompañarte y evolucionar contigo hasta generar una intimidad profunda. El verdadero horizonte doméstico no es elegir entre una u otra, sino la fusión de ambas: la capacidad física del androide unida a una inteligencia emocional y conversacional avanzada. Esta es la continuación lógica de ese sueño de servidumbre automatizada y compañerismo artificial. Si el robot aspirador fue el primer paso (un robot unidimensional para una tarea única), el objetivo ahora, es un robot multidimensional, el mayordomo/acompañante completo. Aquí es donde entra en juego una empresa como, por ejemplo, 1X Technologies y su modelo NEO, diseñado pensando en la «seguridad intrínseca» y la interacción social. Diseñado para vivir contigo. Es la encarnación física del asistente que no solo te puede decir qué tiempo va hacer, sino que también puede servirte café o recoger los juguetes de los niños ofreciendo una presencia casi humana en el hogar.

Pasamos de la automatización ciega a la asistencia contextual; de un robot aspirador que vive debajo del sofá a un humanoide que te mira a los ojos y anticipa tus necesidades antes de que las verbalices. Créditos: Ilustración artística (Gemini 3, Nano Banana Pro / Hugo Moreno).

¿Y robots para jugar contigo o tus hijos? El peligro de reemplazar la interacción de los padres con sus hijos.

En el ámbito doméstico, y respecto a los juguetes, la revolución no se detiene en quien los recoge, sino en los propios objetos: «peluches con inteligencia artificial». En el último año, la inteligencia artificial se ha integrado de manera acelerada en nuestra vida cotidiana, y ahora incluso llega al mundo infantil. Una tendencia reciente, impulsada por la pasada temporada navideña, es la de regalar peluches con IA incorporada. Estos juguetes, equipados con chatbots, prometen conversar con los niños, contarles historias y responder preguntas sobre ciencia, matemáticas o historia. A primera vista, parecen aliados educativos y entretenidos. El verdadero problema no es la implementación de la IA en sí, sino en la recopilación masiva de datos personales de menores, protegidos especialmente por la ley. Estos dispositivos podrían clasificarse como de “alto riesgo” según la normativa europea, ya que invaden la intimidad del juego y permiten crear perfiles basados en emociones y comportamientos. Además, se han detectado respuestas inapropiadas o peligrosas en algunos sistemas, incluso cuando se configuran para usuarios infantiles.

Según la American Psychological Association los “AI-friends” son pobres sustitutos de relaciones reales que desarrollan habilidades a largo plazo, la empatía, la resolución de conflictos y la intimidad. Créditos: Ilustración artística (Gemini 3, Nano Banana Pro / Hugo Moreno).

Peluches con inteligencia artificial: chatbots con IA

Ya no estamos ante el clásico muñeco que repite tres frases pregrabadas al apretarle la barriga; hablamos de compañeros de juego impulsados por modelos de lenguaje generativo (como la tecnología detrás de ChatGPT, GPT-4o, de OpenAI) integrados en cuerpos suaves y “achuchables”. Esto materializa la premisa de Her ya casi desde la cuna: una intimidad artificial que normaliza la interacción emocional con la máquina desde los primeros años de vida. Los niños confían sus secretos, miedos y fantasías al peluche creyendo que es un confidente. En este contexto, el niño podría mantener siempre conversaciones “siempre positivas”, es decir, complacientes, lo que podría prolongar el tiempo de uso ¿y crear adicción? Es decir, refuerza su uso y refuerza el apego. Además, el menor podría tratar al peluche “inteligente”, como “informantes fiables” e incluso preferir aprender de él, en vez de preguntar a sus propios padres o tutores.  Por tanto, esta interacción artificial podría distorsionar sus expectativas sociales si no se acompaña y contextualiza ¿Podría la normalización respecto a este modo de interaccionar en el que siempre se obtiene la respuesta correcta, sin exposición al error ni al proceso de indagación, afectar negativamente los aprendizajes futuros de un niño? Por ello, es imprescindible evaluar de manera rigurosa el impacto socioemocional y cognitivo de estos dispositivos, considerando la heterogeneidad en cómo los niños los antropomorfizan y se vinculan con ellos, para establecer recomendaciones de uso y estándares de diseño. Por otro lado, para que la IA funcione, debe grabar, procesar y enviar esos datos a la nube, ¿es lícito recopilar datos biométricos y psicológicos de un menor para entrenar un modelo comercial?

Los peluches con IA plantean un nuevo horizonte ético: ¿estamos entregando la educación emocional de nuestros hijos a algoritmos diseñados para optimizar el “engagement”, creando vínculos profundos con entidades que, en última instancia, no pueden sentir, pero sí manipular? Créditos: Ilustración artística (Gemini 3, Nano Banana Pro/ Hugo Moreno).

Además, el apego constituye un aspecto fundamental en la vida humana, y especialmente en las primeras etapas de nuestra vida, y se sustenta en factores tanto biológicos como sociales que explican su origen y permanencia. Diversas hormonas, neurotransmisores y estructuras cerebrales intervienen en este proceso.  Sin embargo, la interacción entre estos elementos y el entorno es lo que determina el tipo de apego que se establece. Surge entonces una pregunta clave: ¿podría la interacción de un niño con un peluche dotado de IA influir en la formación de sus vínculos afectivos? Los avances tecnológicos son fascinantes, pero cuando se trata de menores, la prudencia y la protección deben ser prioritarias.

Referencias:

  1. American Psychological Association. (2025, October). Technology and youth friendships. APA Monitor on Psychology. https://www.apa.org/monitor/2025/10/technology-youth-friendships
  2. Breazeal C, Harris PL, DeSteno D, Kory Westlund JM, Dickens L, Jeong S. Young Children Treat Robots as Informants. Top Cogn Sci. 2016 Apr;8(2):481-91. doi: 10.1111/tops.12192. Epub 2016 Mar 4. PMID: 26945492.
  3. CNN en Español. (2025, 1 de diciembre). Juguetes con IA para niños: seguridad y riesgos de Trax. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2025/12/01/eeuu/juguetes-ia-ninos-seguridad-riesgos-trax
  4. El País. (2025, diciembre 24). Verdades, mentiras y dudas sobre los juguetes con inteligencia artificial. El País Expres. https://elpais.com/expres/2025-12-24/verdades-mentiras-y-dudas-sobre-los-juguetes-con-inteligencia-artificial.html
  5. Fox News. (2025, November 15). Experts warn AI stuffed animals could fundamentally change human brain wiring in kids. Fox News Tech. https://www.foxnews.com/tech/experts-warn-ai-stuffed-animals-fundamentally-change-human-brain-wiring-kids
  6. Huxley, A. (2004). Brave New World. Vintage Classics. (Edición original publicada en 1932). ISBN 978-0099477464.
  7. Kühne, R., Peter, J., de Jong, C. et al. How Does Children’s Anthropomorphism of a Social Robot Develop Over Time? A Six-Wave Panel Study. Int J of Soc Robotics 16, 1665–1679 (2024). https://doi.org/10.1007/s12369-024-01155-9
  8. La Vanguardia. (2025, diciembre 16). Cada vez más tiendas físicas y online ofrecen juguetes con IA integrada, y expertos advierten que pueden causar problemas en el desarrollo y la socialización de los niños. La Vanguardia Neo. https://www.lavanguardia.com/neo/ia/20251216/11362804/vez-mas-tiendas-fisicas-online-ofrecen-juguetes-ia-integrada-expertos-advierten-causar-problemas-desarrollo-socializacion-ninos.html
  9. Lee, H.-P., Sarkar, A., Tankelevitch, L., Drosos, I., Rintel, S., Banks, R., & Wilson, N. (2025). The impact of generative AI on critical thinking: Self-reported reductions in cognitive effort and confidence effects from a survey of knowledge workers. Proceedings of the 2025 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems, Artículo 1121, 1–22. https://doi.org/10.1145/3706598.3713778
  10. Moravec, H. (1988). Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence. Harvard University Press.
  11. Roberto García Sánchez. (2024). Influencia del tipo de apego en el niño. Canarias Pediátrica, 1(48), 39-51.
  12. Searle, J. R. (1980). Minds, brains, and programs. Behavioral and Brain Sciences, 3(3), 417–424. https://doi.org/10.1017/S0140525X00005756
  13. Telecinco. (2025, 16 de diciembre). Expertos alertan sobre muñecos y problemas de desarrollo emocional en niños. Telecinco. https://www.telecinco.es/noticias/ciencia-y-tecnologia/ia/20251216/expertos-alertan-munecos-problemas-desarrollo-emocional-ninos_18_017877093.html
  14. Yu, Yaman & Mohi, & Debroy, Aishi & Cao, Xin & Rudolph, Karen & Wang, Yang. (2025). Principles of Safe AI Companions for Youth: Parent and Expert Perspectives. 10.48550/arXiv.2510.11185.
Hugo Moreno Párrizas

Hugo Moreno Párrizas

Investigador postdoctoral (Centro de Automática y Robótica – Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Doctor en Agroingeniería

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