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En busca del límite invisible del metabolismo humano

Desde nuestros antepasados cazadores-recolectores hasta los atletas actuales, el cuerpo humano ha aprendido a gestionar su energía con eficiencia. Pero ¿existe un límite en ese gasto? Un nuevo estudio sugiere que, si lo hay, está más lejos de lo que creíamos.

Creado: 11.03.2026

Actualizado: 04.03.2026

Desde hace una década la comunidad científica se debate sobre si el cuerpo humano tiene un “techo energético”: un punto a partir del cual aumentar la actividad física deja de incrementar el gasto total diario.

Un nuevo estudio internacional, realizado con la técnica más precisa disponible para medir el metabolismo humano, no ha encontrado señales de ese límite en personas con distintos niveles de actividad, desde sedentarios hasta corredores de larga distancia.

Sin embargo, los investigadores advierten que los verdaderos límites del gasto energético podrían aparecer en condiciones extremas, como en deportistas de ultrarresistencia o en entornos donde el esfuerzo físico es sostenido y el acceso a energía, limitado.

Cuando hacemos deporte, el cuerpo ¿suma o compensa la energía que gasta?

Durante mucho tiempo se asumió que, cuanto más nos movemos, más energía gastamos. Esta idea, conocida como el modelo aditivo de gasto energético, parece de sentido común: el cuerpo suma energía al moverse, igual que un coche consume más combustible cuantos más kilómetros recorre.

Pero en los últimos años, algunos estudios con poblaciones con distintos modos de vida, como los cazadores-recolectores —personas que viven de la caza, la pesca y la recolección, y que caminan más de 15 o 20 kilómetros al día— plantearon una paradoja. A pesar de sus niveles de actividad física, su gasto energético diario total era muy similar al de individuos con estilos de vida modernos y sedentarios.

Aquello llevó a proponer un nuevo marco teórico: el modelo limitado de gasto energético. Según esta hipótesis, el cuerpo humano tendría un techo de gasto. Una vez alcanzado, el organismo ajustaría el presupuesto, reduciendo la energía dedicada a otras funciones internas —como la respuesta inmune, la reproducción o el mantenimiento celular— para no superar un umbral metabólicamente sostenible.

El modelo resultaba elegante y coherente desde un punto de vista evolutivo. Si nuestros antepasados vivían en entornos donde la comida escaseaba, gastar menos podía ser una ventaja para sobrevivir. Sin embargo, probar directamente este fenómeno en humanos modernos ha sido siempre una tarea complicada.

Dra. Olalla Prado, coautora del estudio, trabajando en la preparación de los isótopos (agua doblemente marcada) para la medición del gasto energético total.

Un estudio de precisión

Para explorar esa posible “frontera” del metabolismo, un equipo liderado por investigadores de la Virginia Tech (EE. UU), de la Universidad Europea de Madrid y la Universidad de Burgos, entre otros, analizó el gasto energético de 75 adultos con niveles de actividad muy diferentes: desde personas sedentarias hasta corredoresque acumulaban más de 120 kilómetros semanales.

Durante dos semanas, se midió el gasto energético total mediante agua doblemente marcada (DLW), una técnica de referencia en fisiología humana. Consiste en administrar agua que contiene isótopos estables de hidrógeno y oxígeno, y analizar su eliminación a través del CO₂ corporal. De este modo se puede calcular con enorme precisión cuánta energía consume una persona a lo largo de varios días.

Además, el estudio incluyó mediciones del metabolismo en reposo (RMR) mediante calorimetría indirecta, un registro continuo de la actividad física con acelerómetros triaxiales, y un análisis detallado de biomarcadores sanguíneos relacionados con la función tiroidea, inmune, reproductiva y con la respuesta al estrés fisiológico. Los participantes estaban en equilibrio energético: mantenían un peso corporal estable y consumían tantas calorías como gastaban. Este detalle es esencial: permite aislar los efectos del movimiento del ruido que introduce una pérdida o ganancia de peso.

Resultados: más movimiento, más gasto

Los resultados fueron consistentes y, dentro del rango estudiado, inequívocos: cuanta más actividad física realizaban los participantes, mayor era su gasto energético total.

Incluso después de ajustar los cálculos por masa corporal o por metabolismo en reposo, la relación entre actividad y gasto se mantuvo lineal. No se observaron señales de compensación ni metabólica ni conductual: los más activos no mostraron un metabolismo en reposo más bajo, ni pasaban más tiempo sentados para “equilibrar” el esfuerzo.

El modelo limitado de gasto energético, por tanto, no se cumple en los sujetos que se han estudiado. Pero eso no significa que no exista.

Participante del estudio realizando una prueba de esfuerzo máximo mientras se mide su gasto energético.

Un techo que podría estar más lejos

“El hecho de no haber encontrado límites no implica que el metabolismo sea infinito”, matiza Olalla Prado Nóvoa, coautora del trabajo. “Simplemente indica que, en personas aparentemente sanas y con un balance energético estable, esos límites no aparecen dentro del rango de actividad física habitual”.

El equipo sospecha que los verdaderos límites del gasto energético solo se manifestarían en situaciones extremas, donde el esfuerzo se mantiene durante semanas o meses y el cuerpo entra en un delicado equilibrio entre gasto y supervivencia.

Ejemplos de ello podrían encontrarse en expediciones polares, competiciones de ultrarresistencia o en poblaciones que afrontan condiciones ambientales severas con una disponibilidad energética reducida. En esos escenarios, el cuerpo probablemente sí redistribuye la energía entre funciones, priorizando unas sobre otras para mantener la vida.

Lo que hace único a este trabajo

Más allá de los resultados, este estudio destaca por su rigurosidad metodológica.
Hasta ahora, gran parte de las investigaciones sobre el modelo limitado se basaban en estimaciones indirectas o en poblaciones no comparables entre sí. Aquí, en cambio, se combinó la técnica más precisa para medir el gasto energético total con registros objetivos de movimiento y un amplio panel fisiológico, lo que ofrece una visión completa del balance energético humano.

Según la Dra. Prado, “este estudio aporta una base sólida para reinterpretar el debate sobre los límites del metabolismo. No invalida el modelo limitado, pero muestra que, en ciertos grupos de humanos, dentro de condiciones estables, no hay evidencia de compensación metabólica detectable. Los límites del metabolismo parecen estar un poco más lejos de lo que creíamos”.

Lo que esto significa para nuestra salud

El hallazgo tiene implicaciones prácticas: si el gasto energético aumenta con la actividad incluso en ciertos niveles elevados, cada incremento de movimiento cuenta. En la muestra estudiada, no hay indicios de que el cuerpo “anule” el esfuerzo reduciendo el metabolismo en reposo o el gasto en otras funciones.

Esto refuerza las recomendaciones de salud pública que promueven la actividad física regular: caminar más, moverse más, seguir siendo activo, porque el cuerpo responde de manera proporcional al movimiento.

Y, al mismo tiempo, recuerda que el sedentarismo sigue siendo el verdadero problema. En el estudio, las personas más activas no solo gastaban más, sino que también pasaban menos tiempo en conductas sedentarias, un factor estrechamente ligado al riesgo cardiovascular y metabólico.

El metabolismo humano, una historia sin concluir

El cuerpo humano es eficiente, pero, dentro de los márgenes observados, no parece recortar energía ni “ahorrar” cuando nos movemos más; simplemente la gasta. Sin embargo, los investigadores recuerdan que esto podría cambiar en niveles de actividad mucho más extremos.

El siguiente paso será estudiar a deportistas de ultrarresistencia o poblaciones sometidas a grandes esfuerzos prolongados, donde el cuerpo opera cerca de su capacidad máxima. Ahí, es más probable que se revele claramente el techo metabólico que tanto tiempo llevamos buscando.

Hasta entonces, la evidencia más sólida disponible sugiere que, para la mayoría de nosotros, movernos más sigue siendo una de las mejores inversiones que podemos hacer por nuestra salud.

Referencia

K.R. Howard, O. Prado-Nóvoa, G. Zorrilla-Revilla, E. Laskaridou, G.R. Reid, E.L. Marinik, M. Stamatiou, C. Hambly, B.M. Davy, J.R. Speakman, & K.P. Davy, Physical activity is directly associated with total energy expenditure without evidence of constraint or compensation, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 122 (43) e2519626122, https://doi.org/10.1073/pnas.2519626122 (2025).

Olalla Prado Nóvoa

Olalla Prado Nóvoa

Doctora en Evolución Humana. Investigadora y Profesora de la Universidad Europea de Madrid

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