Vivimos en una sociedad con sobreabundancia informativa. Información que circula a gran velocidad en textos, imágenes y vídeos en los medios de comunicación y en las redes sociales con el problema añadido de la proliferación de noticias falsas o de la manipulación informativa. Ante esta situación distinguir la información rigurosa de la que no lo es se ha convertido en una habilidad esencial para la ciudadanía porque afecta a la opinión pública y también a los procesos democráticos. ¿Cómo se pueden contrarrestar los efectos de la desinformación? Sin duda a través de la educación y la formación en competencias mediáticas, en especial entre los que serán los futuros periodistas y comunicadores que se encargarán de transmitir información veraz y verificable.
La investigación publicada en la revista científica Dígitos. Revista de Comunicación Digital de la Universidad de Valencia pretendía identificar las iniciativas en cuanto a alfabetización mediática frente a la desinformación entre el alumnado de educación superior en Comunicación hispanohablante. Por ello se realizó una revisión sistemática de la literatura publicada en revistas científicas recogidas en diferentes bases de datos (Scopus, Dialnet, Web of Science) entre los años 2014 y 2023. Después de aplicar filtros de disciplina, temáticos y lingüísticos, se obtuvieron 40 artículos para el análisis y la identificación de enfoques, metodologías y líneas de trabajo predominantes para así detectar carencias o posibles oportunidades de mejora.
La desinformación en la Era de la Posverdad
La desinformación es una de las principales amenazas para la convivencia democrática en la era de la posverdad porque los ciudadanos desconfían de los medios de comunicación y de otras plataformas informativas. Identificar contenidos falsos o engañosos no es algo intuitivo, sino que requiere el uso de herramientas profesionales y de competencias específicas que hagan frente a la posible difusión y su conversión en relatos virales cuya inmediatez en su publicación resulta altamente dañina si se antepone a la veracidad.
La verificación rigurosa y crítica de los contenidos es en este siglo XXI más necesaria que nunca, pues es este proceso el que define la profesionalidad periodística. Unos profesionales, periodistas y comunicadores, que se deben replantear su trabajo desde una formación sólida y actualizada: estar preparados para desenvolverse en un espacio donde la desinformación encuentra un terreno fértil para su expansión.
Para ello hay que valorar la gestión informativa desde un enfoque centrado en el usuario y asumir el ejercicio de la profesión con conocimiento, libertad, responsabilidad y sentido del deber cívico. La clave para preservar la integridad de los contenidos está en la adquisición de habilidades críticas y éticas que detecten bulos, identifiquen fuentes poco fiables y sepan orientar a la ciudadanía hacia el pensamiento crítico ante la información que consumen cada día.
Medios, profesionales y audiencias implicados en el fomento de una cultura informativa basada en la contextualización y la verificación. La importancia no estará en quién publica primero o de qué manera se ven amplificadas esas informaciones en las redes sociales, sino en ser conscientes de que es posible contrarrestar los efectos de la desinformación si se fortalece a la opinión pública, siendo esta más crítica e informada.

¿Qué es la alfabetización mediática?
La alfabetización mediática no se reduce únicamente al aprendizaje de una serie de herramientas digitales. Nos habla de dotar a los públicos de competencias críticas para acceder, analizar, evaluar y producir mensajes mediáticos desde la responsabilidad.
El concepto de alfabetización mediática, aunque definido a finales del siglo XX, se ha ido ampliando con los cambios tecnológicos y sociales que han ido transformando los medios de comunicación y las redes sociales. En la actualidad, esta competencia necesita de un enfoque integral, capaz de adaptarse al auge de los contenidos dominados por los audiovisuales en prensa, radio y televisión a los que habría que sumar los contenidos transmedia.
La alfabetización mediática y la digital permiten afrontar los retos de la información digital y tecnológica y aún más en colectivos más expuestos ante la desinformación como pueden ser los jóvenes por ser grandes consumidores a través de sus dispositivos digitales de contenidos procedentes de fuentes no siempre conocidas y fiables. De ahí el interés por conocer las diferentes propuestas en el ámbito universitario que se desarrollan en torno a la alfabetización mediática.
En nuestra revisión de propuestas académicas, nos centramos en las propuestas educativas dirigidas al alumnado universitario de Comunicación, donde los resultados mostraron un creciente interés en esta última década por la relación entre alfabetización mediática y desinformación. La desinformación pasó de ser un fenómeno marginal a una preocupación evidente en el debate público y político. Un debate que crece ante determinados hitos históricos y sociales que se han producido en estos años. Es el caso del protagonismo internacional de la posverdad en 2016 con el referéndum del Brexit o las elecciones presidenciales de Estados Unidos. En ambos casos se utilizó la desinformación estratégicamente para lograr sus objetivos. O la pandemia de Covid-19, cuando el debate sobre las fake news se traslada a la opinión pública ante la saturación informativa, infodemia, que se produce durante ese tiempo.

La mayoría de los trabajos del corpus revisados y analizados tienen una preocupación común ante los estudiantes universitarios: la ausencia de una mirada crítica ante los contenidos que consumen y comparten. No se puede negar que los jóvenes tienen una relación habitual y familiar con las tecnologías digitales, sin embargo, ese uso no implica una mayor comprensión crítica de la información que consumen y producen como prosumidores, ni una capacidad suficiente para evaluar las intencionalidades y la fiabilidad de la información que circula por internet. Así, muchos de los artículos de nuestro corpus coinciden en la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico en el alumnado universitario para que cuestionen y contrasten la información. Como propuestas, trabajar habilidades para la mejor identificación de intencionalidades, el análisis de discurso mediático o la comprensión de marcos ideológicos y la discriminación de los sesgos cognitivos que influyen en la producción informativa.
Algunas investigaciones se centran en el análisis crítico de los géneros periodísticos, especialmente las noticias, y otros contenidos virales, y otras investigaciones proponen metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos, el estudio de casos específicos o la creación por parte de los estudiantes de piezas informativas siguiendo los criterios de la verificación.
Si es cierto que se ha podido comprobar que, pese a ser un tema de interés creciente, en algunas investigaciones existen limitaciones, bien por ser experiencias educativas puntuales, de corta duración, sin un diseño firme en sus planteamientos, que puede dificultar la medición de cuál es el impacto real de esas propuestas educativas.
Conclusión
Es a partir del 2020, con el COVID-19, cuando encontramos mayor número de textos sobre desinformación, teniendo mayor relevancia la alfabetización informacional. Los artículos presentan múltiples propuestas, tanto teóricas como prácticas, para formar a los usuarios en competencias como el pensamiento crítico y el correcto manejo de las tecnologías de la información. En todos los casos se trata de implementación de proyectos que pretenden tanto familiarizar como concienciar a los estudiantes en la detección y difusión de información falsa en los distintos medios de comunicación y redes sociales.





