Esta escena, aunque distinta para cada caso, se repite a diario en miles de hospitales de todo el mundo y cada día con más pacientes. Esto es debido a que el cáncer es ya una de las principales causas de enfermedad a escala global, y su incidencia no deja de crecer: solo en España se estima que en 2026 se diagnosticarán cerca de 302.000 casos nuevos, y se prevé un aumento del 47% en la incidencia mundial para 2040 si las tasas actuales se mantienen constantes.
Gracias a los avances terapéuticos de las últimas décadas, cada vez más personas sobreviven al cáncer, pero eso también implica que necesitan tratamientos prolongados, con visitas frecuentes a las unidades de oncología para recibir quimioterapia, inmunoterapia o anticuerpos monoclonales, lo que hace crecer la presión sobre los sistemas sanitarios.
Este aumento constante de pacientes satura los hospitales de día oncológicos, los espacios donde se administran estos fármacos, y también pasa factura a quienes los reciben: fatiga añadida, tiempos de espera prolongados, gasto en transporte y pérdida de días de trabajo, y en personas inmunodeprimidas, un mayor riesgo de contagiarse de infecciones dentro del propio hospital. La pandemia de COVID-19 puso esta realidad bajo los focos: de repente, mantener a los pacientes oncológicos alejados de los centros sanitarios dejó de ser una cuestión de comodidad para convertirse en una prioridad de seguridad clínica.
Frente a este complejo escenario, en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Cantabria, un equipo de enfermería decidió invertir la ecuación: en lugar de llevar al paciente hasta el fármaco, llevar el fármaco hasta el paciente. Así nació ONCODOM, un programa de administración domiciliaria de tratamientos antineoplásicos que, cinco años después de su puesta en marcha, ha reunido datos suficientes para responder a una pregunta clave: ¿es seguro tratar el cáncer fuera del hospital?
¿Cómo funciona ONCODOM?
ONCODOM no improvisa: replica en el domicilio del paciente el mismo circuito de seguridad que existe en el hospital. Todo empieza con una selección cuidadosa de los candidatos. Solo entran en el programa personas adultas que ya han recibido, sin complicaciones, al menos tres ciclos de su tratamiento en la unidad ambulatoria del hospital, que se encuentran clínicamente estables y que viven a menos de 20 kilómetros del centro.
Además, no todos los fármacos son aptos para salir del hospital: solo se administran a domicilio aquellos con bajo riesgo de reacciones durante la infusión, y siempre que el tiempo total de administración no supere los 60 minutos.
Una vez validada la prescripción por parte del oncólogo y del farmacéutico, el fármaco se prepara en condiciones estériles en la farmacia hospitalaria y viaja hasta la casa del paciente en manos de enfermeras especializadas en oncología, que verifican la identidad del paciente, valoran su estado clínico y controlan sus constantes vitales antes de iniciar la infusión, exactamente igual que se haría en un sillón de hospital.

Cinco años, 186 pacientes y ni una sola complicación grave
Desde diciembre de 2020 hasta noviembre de 2025, el equipo de ONCODOM incluyó a 186 pacientes, con una edad media de casi 66 años, y realizó un total de 2.226 administraciones de tratamiento en sus domicilios. El cáncer de mama fue el diagnóstico más frecuente, seguido del cáncer de pulmón y el cáncer de colon, y los fármacos que más se llevaron a las casas fueron trastuzumab, pembrolizumab y bevacizumab, algunos de los tratamientos más utilizados hoy en oncología.
El dato más relevante, sin embargo, es otro: en ninguna de esas 2.226 administraciones se registró una reacción relacionada con la infusión, una extravasación o cualquier otra complicación que obligara a intervenir de urgencia o a trasladar al paciente al hospital. Ninguna llamada de emergencia, ningún traslado. En el ámbito hospitalario, este tipo de reacciones asociadas a anticuerpos monoclonales e inmunoterapia son poco frecuentes, pero están bien descritas, con incidencias que suelen moverse entre el 1% y el 10% según el fármaco. Que en casa no se haya registrado ninguna sugiere que, cuando se seleccionan bien los pacientes y los tratamientos, el domicilio puede ofrecer un nivel de seguridad comparable al del hospital.
Kilómetros, tiempo y calidad de vida que se quedan en casa
El programa llegó a pacientes de diez municipios distintos de Cantabria, con Santander, Piélagos y Camargo a la cabeza. La distancia media entre el hospital y el domicilio de los pacientes fue de 6,47 kilómetros, lo que se traduce en algo muy concreto: más de 14.000 kilómetros de desplazamientos que los pacientes se ahorraron durante estos cinco años, con todo lo que eso implica en tiempo, cansancio y gasto evitado.

Ese ahorro no solo beneficia al paciente y a su familia. Al descentralizar parte de la actividad asistencial, el programa alivia la presión sobre la unidad de tratamiento sistémico ambulatorio del hospital, un recurso cada vez más solicitado, y libera espacio y tiempo de enfermería para otros pacientes. La evidencia disponible en atención domiciliaria en general apunta, además, a un efecto positivo sobre los propios profesionales sanitarios, que refieren una atención más humanizada y una relación más cercana con el paciente.
Un modelo pionero que empieza a extenderse
Antes de 2020, la administración domiciliaria de quimioterapia y otros tratamientos antineoplásicos apenas tenía recorrido en España. Los pocos antecedentes internacionales manejaban cohortes mucho más pequeñas: en Argentina se trató a 26 pacientes con tres reacciones notificadas; en Dinamarca, a 42 pacientes con dos reacciones; en Estados Unidos, un proyecto piloto solo logró completar el seguimiento de seis de los 32 pacientes elegibles por trabas administrativas.
Con sus 186 pacientes y más de dos mil administraciones sin incidentes, ONCODOM se sitúa entre las cohortes más amplias publicadas hasta la fecha en este campo, y lo hace además con los fármacos de última generación -inmunoterapia y terapias dirigidas- que definen la oncología actual.
Además, este proyecto se ha convertido en referencia para la expansión de este tipo de iniciativas por todo el territorio nacional: otros hospitales del Sistema Nacional de Salud como el Hospital Gregorio Marañón, el 12 de Octubre o el Hospital Clínico San Carlos (Comunidad de Madrid), Cruces o Basurto (País Vasco) y el Hospital Lucus Augusti (Galicia), han puesto en marcha proyectos similares de oncología domiciliaria.
El equipo de ONCODOM ha actuado en varios de estos casos como órgano de consulta, manteniendo reuniones de trabajo con los equipos de estos hospitales para ayudarles a adaptar el modelo a sus propias circunstancias asistenciales

Un modelo complementario, no un sustituto
Los resultados de ONCODOM no significan que todo el tratamiento oncológico deba trasladarse a los domicilios: el programa está pensado para fármacos de bajo riesgo y pacientes previamente estabilizados en el hospital, y sus conclusiones no pueden extrapolarse a terapias con mayor probabilidad de generar toxicidad aguda. Tampoco sustituye la relación con el equipo hospitalario, sino que la extiende hasta la puerta de casa.
Lo que sí demuestra es que, con una selección de pacientes rigurosa, protocolos estandarizados y enfermería especializada, es posible mantener el tratamiento del cáncer con la misma seguridad fuera de las paredes del hospital. En un sistema sanitario que envejece y que ve crecer año tras año el número de diagnósticos oncológicos, modelos como ONCODOM apuntan a una vía complementaria para aliviar la presión asistencial sin renunciar a la seguridad del paciente, devolviéndole además algo tan sencillo como poder recibir su tratamiento sentado en su propio sofá.





